Historia y Arqueología Marítima

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RECORD MUNDIAL DE VELOCIDAD NO HOMOLOGADO

INDICE ART. REVISTA GUARDACOSTA

Fuente: Revista GUARDACOSTA- N°   Año 19    Autor: Prefecto Principal Ubaldo Cabrera

El cañoneo se intensificaba sobre la zona portuaria, los blancos prolijamente seleccionados por el Centro de Control de Tiro, en base a información satelital, iban siendo barridos prolijamente con parsimoniosa eficiencia y la tensión iba en aumento; el silbido de los obuses se mezclaba con las explosiones de los impactos y el tronar de los aviones volando a baja altura para evitar los radares; las noches se iluminaban con fogonazos que parecían llegar al cielo reflejándose en las brumosas nubes, como en un rugiente clamor de paz.

El hombre, casado, dos hijos, había terminado la reparación del generador eléctrico de a bordo y recibió la orden de evacuación de la zona del conflicto, en el vuelo del día siguiente a las quince horas. La logística contemplaba el traslado de personas y tropa no combatiente, mediante vehículos que debían requerirse al Centro de Comunicaciones y Transporte, ya que no existía un servicio regular de transporte como el de microómnibus que circulan en las ciudades. Este Centro efectuaba las coordinaciones necesarias, destacaba un vehículo que recogía al pasajero y lo llevaba al destino solicitado. Se levantó temprano, vistiendose, con parsimonioso nerviosismo, su uniforme de cálido paño, medias blancas de abrigo, borceguíes media caña y se calzó el gorro. Empacó sus cosas en un bolsón de lona, que fácilmente llegaba a los veinte kilos, y se dirigió al puente de la embarcación, donde estaba la tripulación de guardia que le señalaba los lugares sobre la costa donde habían hecho blanco los proyectiles durante la noche y le referían la magnitud de los daños que o él contemplaba azorado. " A las ocho tomó el teléfono y llamó al Centro de Comunicaciones y  Transporte, requiriendo un vehículo que lo llevara desde el muelle al aeropuerto, distante once kilómetros aproximadamente. Una voz displicente e inexpresiva |e contestó: "Tomo nota, señor, y le informo que " por el momento debido a las operaciones en ejecución, no hay vehícu los disponibles, por favor vuelva a llamar a las nueve" ...

Miró su reloj, el segundero avanzaba lentamente amenazando detenerse, hasta que el minutero como si fuera un tigre agazapado, dio un salto violento, indicando que eran las nueve.

Tomando el teléfono, marcó el número del Centro y repitió su pedido, la misma voz inexpresiva le repitió la comunicación anterior agregando: "¡Sólo hay una bicicleta!" ...

 Los llamados se repitieron cada hora con precisión matemática, recibiendo siempre la misma respuesta. La ansiedad comenzaba a hacerse sentir, el rostro lívido, los músculos tensos, el gesto serio, las piernas pesadas de tanto caminar sin rumbo por el puente esquivando el timón y la consola del radar, el estómago rígido, los dientes rechinando; el pensamiento le traía como si fueran olas, recuerdos hogareños.

Tomó con decisión desesperada el teléfono y llamó al Centro, y como en un ruego con voz trémula, repitió el pedido de vehículo, la respuesta negativa fue como un explosivo detonante, sus ojos se desorbitaron, y como rugiendo gritó desesperado "¡¡¡Entonces mándenme la bicicleta!!!" ...La voz del operador respondió lastimeramente ... "Ya no tengo la bicicleta, un capitán que debía tomar el vuelo de las quince se la acaba de llevar..."

Ya no siguió escuchando..., boleando su bolsón al hombro, comenzó a gritar su Adióssss...!!!, mientras bajaba las escaleras hacia la cubierta principal, finalizando recién cuando a la carrera ya llegaba a la mitad del largo muelle.

Desde el puente, la guardia lo veía avanzar veloz por el camino costero, con su bolsón a veces al hombro a veces a la rastra, hasta que no lo pudieron distinguir más confundido con las líneas de la costa. Un Suboficial cronometró la carrera para los primeros cinco kilómetros: 12,2727 minutos y manifestó: "lástima no se pueda homologar sería ¡¡récord mundial!!

Recopilado de la versión auténtica de excombatientes, a quienes hechos como este les dieron la cuota de humor suficiente que les permitió sobrellevar las "tan adversas condiciones de la guerra, y en cuyo homenaje lo narro.

  

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