Historia y Arqueología Marítima

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EL CHINO

INDICE ART. REVISTA GUARDACOSTA

Fuente: Revista GUARDACOSTA- N°   Año 19    Autor: prefecto principal Jorge Ubaldo Cabrera

La Luna se reflejaba lánguidamente sobre las quietas aguas de la dársena B, despidiendo la noche. En el muelle número tres, se encontraba recién amarrado el buque "BOWI SE VAN", de bandera holandesa y tripulación china, proveniente de Japón y escalas.

E I"pastero", funcionario de Investigaciones, que vestido de civil, observaba los movimientos del puerto para detectar ilícitos y detener a sus autores, tenía el barco bajo vigilancia, pues había información referida al desembarco de un cargamento de drogas desde a bordo. En esa función estaban el suboficial Miranda y el "Chino" López. Toda la noche habían recorrido por el muelle, los trescientos metros de la eslora y pensaban en la llegada del relevo para retirarse a un necesario descanso.

Alrededor de las cinco de la mañana vieron acercarse sigilosamente un automóvil color negro, con la luces de posición encendidas, que estacionó a la sombra de un galpón. Del mismo bajaron tres hombres y una mujer, que al pasar bajo la luz de la escala real, denotaban rasgos orientales. El "Chino" los siguió atentamente con la mirada, procurando identificarlos y adivinar sus intenciones. El grupo habló con el sereno de a bordo, que se dirigió al interior del barco y regresó con otra persona que saludó armoniosamente al estilo oriental mientras pasaba a la mujer un paquete, que esta puso debajo de su tapado, contra el pecho, a la vez que uno de sus acompañantes contaba dinero, que va entregó al tripulante.

El "Chino" no esperó más; ya tenía la convicción de la consumación del tráfico ilícito de drogas, sólo le faltaba apoderarse del cuerpo del delito. Al grito de ¡alto Prefectura! Están todos detenidos!, arremetió contra el grupo, seguido de Miranda, y metiendo las manos entre las ropas de la china, paralizada de sorpresa, se apoderó del "ladrillo" cuerpo del delito. Allí comenzó una gritería infernal, entre sollozos y llanto y mientras Miranda trataba de mantener a raya al grupo, "el Chino" rompió la envoltura de papel y abrió el paquete que dejó ver un polvo ocre y como en esa época para reconocer si era droga, se probaba, poniendo un poco en la boca, sintiendo su sabor y poder anestésico en la mucosa bucal, "el Chino" efectuó la prueba. Un fuerte sabor amargo que raspaba la garganta, que no respondió a sus experiencias anteriores fue lo que sintió; entonces frunciendo el ceño, preguntó con fuerza ¡Qué es esto!, a lo que el Agente Marítimo del barco recién llegado y traduciendo a los compungidos chinos manifestó: "Eso que Ud. se comió son la cenizas del abuelo que trajeron de China a estas personas para su santuario familiar".

Los chinos se fueron acongojados en su Packard negro, ruedas de banda blanca, con el "ladrillo" entreabierto, sin que nadie atinara a nada, en tanto "el Chino" se enjuagaba una y otra vez la boca en una canilla cercana, ante los ojos curiosos de los estibadores que pasaban dirigiéndose a sus tareas...

 

  

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