| Version de la
batalla desde el punto de vista Peruano.
Las impunes incursiones del extraordinario
blindado peruano, protagonista indiscutido de esta particular guerra de
curso, continuaban exasperando al pueblo y al gobierno de Chile. Las
violentas manifestaciones del mes de julio frente al palacio presidencial
en protesta por el estado de inercia de la guerra y las humillaciones
sufridas motivaron interpelaciones en el congreso y la censura del
gabinete ministerial. Se produjeron renuncias de ministros y se efectuaron
inevitables cambios en las jefaturas del ejército y la escuadra. Los
conductores de la guerra, imposibilitados de iniciar la campaña
terrestre, coincidieron en que hundir al Huáscar era, definitivamente, la
primera prioridad militar. En ese momento, Chile y su marina no estaban en
guerra contra el Perú; lo estaban contra Grau y el Huáscar. La escuadra
chilena, en su totalidad, consecuentemente se concentró en un sólo
objetivo: Cercar y aniquilar al escurridizo barco. No podía aceptarse que
una sola nave mantuviera en raya a todo un país.
Como primera medida el contralmirante
Williams Rebolledo fue reemplazado como jefe de la escuadra por el capitán
de navío Galvarino Riveros Cárdenas. El primer acto del flamante
comandante general fue levantar el bloqueo de los puertos peruanos y
retornar los barcos a sus bases para reacondicionarlos y limpiar sus
fondos.
El 30 de septiembre Riveros reunió a su
escuadra en el puerto de Mejillones. Tras intensas deliberaciones con su
Estado Mayor, se acordó dar caza al Huáscar mediante un plan que
contemplaba la conformación de dos divisiones navales, la primera, bajo
el mando del propio Riveros, integrada por el Blanco Encalada, la
Covadonga y el Matías Cousiño. La segunda, denominada División Ligera,
por ser más rápida, a ordenes del Capitán de Fragata Juan José
Latorre, compuesta por el Cochrane, el Loa y la Ohiggins. La idea era
avanzar hacia el área de acción del Huáscar, entre Arica y Antofagasta,
y cercarlo. Como primer paso se decidió marchar rumbo a Arica, donde se
esperaba hallar al blindado y bombardear el puerto, aún a costa del
peligro que representaban los cañones de tierra, para forzar al Huáscar
a dar combate.
Ese mismo día 30 de septiembre, Grau, que
efectivamente se encontraba en la rada de Arica, remitió al comandante
general de la marina el que sería su último parte de guerra, en el cual
reiteró la necesidad de recibir las potentes granadas Palliser para los
cañones de la Torre Coles, por ser las únicas capaces de atravesar el
blindaje del Blanco Encalada y el Cochrane en caso de combate. Simultáneamente,
Grau recibió órdenes de partir en convoy con la Unión y el transporte
Rimac rumbo al sur, en una séptima expedición dirigida a sabotear los
puertos chilenos entre Tocopilla y Coquimbo. Nuevamente se le reiteró la
orden de rehuir combate con los acorazados enemigos para no comprometer la
integridad del único blindado que le quedaba al país.
Cuando la fuerza de Riveros llegó a Arica en
la mañana del cinco de octubre, se encontró con la sorpresa que, una vez
más, el Huáscar se les había escapado de las manos. Pero el comodoro
chileno esta vez no se dio por vencido, abandonó el puerto, dividió a su
naves conforme lo establecido en los planes y continuó la búsqueda de la
difícil presa.
El Huáscar mientras tanto, luego de dejar al
Rimac en Iquique, arribó en compañía de la Unión a la caleta de Sarco.
Ahí capturaron a la goleta Coquimbo. Posteriormente llegaron al puerto de
ese mismo nombre y al no encontrar objetivos militares, continuaron más
hacia el sur, hasta la galeta de Tongoy, localidad cercana al importante
puerto de Valparaíso. Cumplido el objetivo de la expedición, Grau y García
y García dirigieron sus naves rumbo al Perú.
EL COMBATE
Mientras los barcos peruanos navegaban de
regreso, ignoraban que, silenciosamente, el cerco tan rigurosamente
planeado se iba estrechando sobre ellos. Las dos divisiones chilenas
avanzaban desde diferentes direcciones, en posición abierta, dispuestas a
cercar a su objetivo. El Huáscar debía estar en alguna parte y esta vez
no estaban dispuestos a perderlo. Al amanecer del 8 de octubre, frente a
las costas de Antofagasta, siempre rumbo al norte, los peruanos divisaron
tres humos que se desplazaban desde esa dirección hacia ellos. Eran el
Blanco Encalada, la Covadonga y el Matías Cousiño, que, finalmente, había
avistado a los peruanos. De inmediato Grau dispuso una maniobra evasiva en
zigzag hacia el sur-oeste y ordenó a toda máquina. Haciendo proa
sucesivamente al oeste y al norte, en tres horas el Huáscar logró
evadirse y mantuvo una distancia de ocho millas sobre sus perseguidores. A
las 07:15 horas, sin embargo la nave peruana divisó otros tres barcos que
avanzaban desde el nor-oeste, aquellos pertenecientes a la segunda división
chilena, precisamente al sector hacia donde un momento antes había puesto
proa el blindado. De inmediato Grau ordenó virar hacia el este y aumentar
aún más la velocidad. Sin embargo, en menos de una hora el Cochrane,
cuyo andar superaba al del Huáscar en casi dos nudos, acortó distancia
hasta ponerse a escasos kilómetros de su enemigo. El Blanco Encalada y la
Covadonga por su parte, iban acercándose amenazante en dirección a la
popa, al tiempo que la Ohiggins y el Loa se dirigieron a cortar el paso a
la Unión.
El
contralmirante Grau dispuso virar al norte sin resultados. Pronto
comprendió que su nave, menos rápida, no podría eludir lo que
evidentemente era una trampa cuidadosamente preparada. De inmediato ordenó
a la Unión -de mayor velocidad- continuar por ese rumbo hacia Arica. García
y García cumplió las órdenes de Grau sabiendo que su buque de madera
sería destrozado fácilmente si comprometía combate con los blindados y
seguro de que el repliegue era el único modo de salvar el barco para el
país, lo que el hábil marino finalmente lograría, sin que la Ohiggins y
el Loa pudieran impedirlo.
Siendo inevitable el encuentro, Grau ordenó
zafarrancho de combate, izó el pabellón de guerra y con gran coraje se
dispuso a dar batalla contra fuerzas ampliamente superiores (26).
Pronto, aquel barco de 1,130 toneladas y
cinco cañones de diverso calibre se enfrascaría en un desigual duelo
contra dos potentes acorazados y una goleta, que en conjunto superaban las
7,500 toneladas, que poseían un total de 47 cañones, seis ametralladoras
y ocho tubos lanza-torpedos, y que estaban protegidos, los acorazados, por
el doble de blindaje.
Y quizás, mientras se efectuaban las
maniobras precederas a la batalla, algunos tripulantes se detuvieron a
ver, por última vez, la inscripción que destacaba sobre el timón de
popa del Huáscar:
"El hombre honrado, leal y valiente
inspira honor y orgullo a sus compatriotas. El traidor y cobarde es el
baldón y deshonra de su patria".
A las 9:25 de la mañana el Huáscar inició
majestuosamente la contienda y a mil metros de distancia disparó una
andanada de proyectiles contra el Cochrane, algunos de los cuales
alcanzaron la galera del blindado, pero sin dañarlo. El Blanco Encalada y
la Covadonga, mientras tanto, continuaban acercándose. El Cochrane por su
parte no respondió los tiros y fue acortando distancia. A las 9:40 horas,
cuando se encontraba a 200 metros a babor del Huáscar, Latorre ordenó cañonear
a su adversario.
La diestra conducción de Grau sin embargo
permitió al blindado realizar hábiles y temerarias maniobras, al extremo
que intentó atacar con el espolón al Cochrane, pero la mayor velocidad
de la nave, provista de doble hélice permitió esquivar lo que quizás
hubiera sido una embestida mortal. La acción entonces se hizo general y
los cañones chilenos se trabaron en feroz intercambio con los Armstrong
peruanos. Pronto las granadas Palliser y Sharpnell del Cochrane impactaron
en el barco peruano y causaron efectos demoledores. Una de estas perforó
el blindaje del casco de la torre de artillería e hirió a los doce
marineros que servían la ronza de los cañones. Otra descarga cortó el
guardin de babor de la rueda de combate, lo que ocasiono varias bajas, un
incendio y trabó el mecanismo de maniobras en razón que los cuerpos de
los caídos quedaron apiñados alrededor de la torre.
El Huáscar sin embargo respondió y uno de
sus proyectiles de 300 libras entró en la casamata del Cochrane a través
de una apertura, explotó, la daño, y mató a todos sus operarios. Por
unos instantes el sorprendente Huáscar pareció recuperar ventaja. Pero
el Blanco Encalada y la Covadonga, ahora a sólo 200 metros de distancia
de la aleta de estribor del blindado peruano, entraron en acción.
El Huáscar quedó así encerrado entre los
dos blindados chilenos, con el paso cortado por la corbeta. Entonces
dirigió sus cañones contra el Blanco Encalada y también buscó
embestirlo con el espolón, pero éste, al igual que el Cochrane, logró
esquivar el ataque.
Otra maniobra del Huáscar lo colocó en el
centro de los dos acorazados, giró su torre y disparo hacia uno y otro.
Sin embargo, los proyectiles rebotaban sin poder atravesar sus fuertes
corazas. Dicha posición, no obstante, impidió por unos instantes que el
Blanco y el Cochrane dispararan por temor a dañarse mutuamente. En cierto
momento del combate, una mala maniobra del Blanco Encalada estuvo a punto
de provocar una colisión con el Cochrane, lo que se evitó gracias a la
pericia del comandante de esta última nave. Esta situación no duró
mucho. Las dificultades de manejo no permitían al Huáscar mantener una
dirección constante. Los acorazados entonces cambiaron de posición y
continuaron el fuego.
Aproximadamente
a los veinticinco minutos de combate, un proyectil de fragmentación del
Cochrane cayó a boca de jarro sobre la torre de mando, atravesó su
blindaje, causó una horrenda explosión y mató al gallardo almirante
Grau y a su ayudante, el teniente Diego Ferré. El proyectil inutilizó
además completamente la rueda de gobierno y los telégrafos de las máquinas.
Muerto el heróico almirante, asumió el
mando el segundo de a bordo, el capitán de corbeta Elías Aguirre, bajo
cuyas órdenes se continuó un combate tenaz y sostenido. Sin embargo, en
pocos minutos el gallardo comandante Aguirre corrió igual suerte que Grau
y fue destrozado por un proyectil. Asumió entonces el mando el tercer
oficial, el capitán Melitón Carvajal, quien pronto cayó herido víctima
de una cerrada descarga, y debió ser reemplazado por el siguiente oficial
en jerarquía, el teniente primero Melitón Rodríguez, que al igual que
sus predecesores encontró una heróica muerte en su puesto de mando. Para
entonces el combate se había vuelto una carnicería y el Huáscar, prácticamente
sin control debido a los impactos en su línea de flotación, quedó a
merced de los cañones del adversario. Dentro del blindado, el cirujano de
la nave, Santiago Távara, hacía esfuerzos sobrehumanos por salvar la
vida de los tripulantes heridos cuyo numero se multiplicaba conforme
proseguía la titánica lucha.
Aún en tales condiciones el espartano Huáscar
continuó el combate sin dar ni pedir cuartel, no obstante ya no podía
maniobrar, ni girar y se hallaba prácticamente ingobernable debido a la
destrucción de los aparejos y cáncamos de la caña y cadena del timón.
El número de proyectiles que lo impactaron era interminable, pues apenas
había sección que no hubiera sido destruida. Dos de estos ocasionaron
incendios en las cámaras del comandante y de los oficiales, destruyéndolos
completamente. Otra granada penetró en la sección de la máquina -que en
total fue remecida por cuatro cañonazos-, produciendo un nuevo incendio.
El teniente primero Diego Garezón ahora
comandaba el barco, cuya cubierta destrozada por los proyectiles estaba
regada de sangre, cadáveres y heridos. A las 10:10 de la mañana la
bandera peruana cayó del mástil, hecho que fue interpretado por los
chilenos como símbolo de rendición, pero el valiente teniente Enrique
Palacios, entre una lluvia de balas -siete de las cuales lo atravesaron en
el momento- la izó nuevamente sobre el maltrecho mástil y continuó el
combate (27).
Garezón, en gesto fútil, intentó por última
vez recurrir al espolón, pero el Huáscar no respondía más, convertido
en un cementerio de acero flotante, cuya única señal de vida eran los
sobrevivientes que a duras penas hacían sentir el rugir de sus maltrechos
cañones y metrallas. Otros dos incendios se desataron, uno bajo la torre
del comandante y el otro a la altura de la proa. Pronto el último cañón
de la torre Coles fue destruido, uno de los calderos reventó y terminó
por cubrir la nave de humo, mientras el fuego y los gritos de los heridos
se convirtieron en los últimos alientos del moribundo blindado. Habían
transcurrido noventa minutos de épico combate y ya sin posibilidades de
continuar la resistencia, Garezón y los tres oficiales de guerra que
quedaban en pie, acordaron hundir la nave. En consecuencia se dio la orden
al primer maquinista para que abriera las válvulas, lo que este hizo de
inmediato, luego de detener la máquina por completo (28).
A las 10:55 el Cochrane y el Blanco
suspendieron el cañoneo y comprendiendo que el Huáscar pronto se iría a
pique, enviaron una dotación armada en lanchas para abordarlo. Cuando los
marinos chilenos rindieron a los sobrevivientes peruanos, impedidos de
resistir el abordaje, el Huáscar ya tenía 1.20 M. de agua y estaba a
punto de hundirse por la popa. Revolver en mano, los oficiales chilenos
ordenaron a los maquinistas cerrar las válvulas y posteriormente
obligaron a los prisioneros a apagar los fuegos que consumían diversos
sectores de la nave. La lucha había concluido y la extraordinaria presa
de guerra había sido capturada.
Durante el combate los acorazados chilenos
lanzaron 150 cañonazos contra el Huáscar, y le impactaron 76, de los
cuales 20 eran granadas Palliser de 250 libras, que penetraron fácilmente
su coraza. El resto fueron proyectiles de diverso calibre, más un número
indeterminado de balas de metralla, que no dejaron ninguna sección del
blindado intacta. De sus 200 tripulantes, alrededor de 40 murieron, -entre
ellos cuatro de los doce oficiales que integraban el Estado Mayor y de
Guerra- y el resto tuvo heridas de diversa consideración. Los
sobrevivientes fueron llevados al puerto de Mejillones para enterrar a los
muertos y efectuar reparaciones temporales al Huáscar, el que luego fue
conducido con los prisioneros a Valparaíso. |