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Intento de Rescate Febrero del 2004 y Notas del diario La Nacion
Rendering de computacion hecho en base a las imagenes de sonar. La Nacion, 31.03.04.
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de Diciembre de 1999
Intentarán reflotarlo MONTEVIDEO (AFP).- Un grupo de expertos intentará rescatar del lecho del Río de la Plata, frente al puerto de Montevideo, el antiguo acorazado de bolsillo Graf Spee, orgullo de la ingeniería nazi en la Segunda Guerra Mundial, informó el diario El País. El buque, protagonista de la batalla del Río de la Plata, uno de los hechos que más conmovieron a los uruguayos, y que desde hace 60 años permanece hundido al oeste de la bahía de Montevideo, podría ser reflotado si prosperara un proyecto que desde hace un tiempo se viene preparando.El estudio debe ser sometido para su autorización a la Prefectura Naval uruguaya, al tiempo que se realizan contactos internacionales para obtener capitales para llevar a cabo el plan. La iniciativa promovería también la creación de un museo establecido en Uruguay y uno itinerante, con todos los elementos que se puedan reunir de la batalla del Río de la Plata. Después de sostener frente a la costa oriental de Uruguay una batalla contra los cruceros aliados Exeter, Ajax y Achilles, el acorazado Graf Spee se refugió en el puerto de Montevideo, donde desembarcó a sus muertos y heridos. El resto de la tripulación, aproximadamente un millar de hombres, se dirigió hacia Buenos Aires en dos buques de bandera argentina.Pero el acorazado fue obligado a abandonar el puerto de Montevideo a las 72 horas de atracar en sus muelles, por una decisión del gobierno uruguayo, que mantenía entonces la neutralidad en el conflicto mundial.El Graf Spee, entonces, salió de la bahía y se internó en el Río de la Plata, al tiempo que su capitán, Hans Langsdorff, ordenaba su voladura.Con ella puso punto final a su periplo bélico, el 17 de diciembre de 1939.
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de Diciembre de 1999
La batalla del Río de la Plata A 60 años del fin del Graf Spee Campaña: tras enviar al fondo del mar a 9 mercantes, el buque alemán dio batalla a tres cruceros aliados; el capitán hundió su nave y se mató. "...Después de una gran lucha interna tomé la tremenda decisión de hundir el acorazado de bolsillo Admiral Graf Spee y así evitar que cayera en manos del enemigo... Estoy convencido de que bajo esas circunstancias no tenía alternativa, una vez que llevé mi buque a la trampa de Montevideo. Con la munición que tenía, cualquier intento de pelear a mar abierto estaba destinado a fracasar... Un capitán con sentido del honor no puede separar su destino del de su barco..." Ese es un tramo de la carta que el capitán de navío Hans Langsdorff escribió al embajador alemán en Buenos Aires, el 20 de diciembre de 1939, antes de dispararse un tiro en la sien, envuelto en la bandera germana y vestido de gala: había cumplido con la ley no escrita de los caballeros del mar. La detonación alertó a los guardias del Arsenal Naval porteño, donde el comandante alemán estaba alojado desde hacía menos de tres días. Para entonces había decidido hundir su buque en las aguas del Río de la Plata, luego de dar batalla a tres cruceros aliados, a 9 millas de Punta Ballena, en la costa uruguaya. Sería la única batalla naval del siglo en el estuario más grande del mundo. Ahora se cumplen 60 años de aquella trágica decisión tomada por Langsdorff, quien con el paso del tiempo se convirtió en un personaje de leyenda. Nació en la ciudad alemana de Rügen, en 1894, y era descendiente de una tradicional familia de marinos. Creció como militar a la sombra de un estratego de la guerra naval europea: el vicealmirante Maximilian Graf von Spee, héroe de la gran batalla de Jutlandia, en junio de 1916, frente a las costas de Dinamarca. Von Spee, para toda una generación de la marina imperial alemana, fue un ejemplo del guerrero prusiano marcado por el sentido del honor y también se hundió con su barco.En esa contienda, el entonces joven oficial Langsdorff tuvo una destacada actuación que le valió ser condecorado. El 21 de agosto de 1939, cuando la Segunda Guerra Mundial llevaba sólo 40 días, Langsdorff zarpó al comando de una de las naves más poderosa, casualmente bautizada con el nombre de Admiral Graf Spee, que contaba con un arma secreta para la época: el radar. Casi como un corsario Langsdorff tenía precisas instrucción del alto mando naval nazi: "...proceder inmediatamente a la destrucción del tráfico mercante enemigo. Realizar frecuentes cambios de posición para engañar al adversario. Deberá comportarse como un corsario, por lo que podrá camuflarse, cambiar de nombre y de bandera... Entrará en combate con los barcos de guerra enemigos sólo si es indispensable..." Desde el Atlántico Norte llegó hasta la costas de Brasil. De allí pasó a las costas sudafricanas y luego hizo una breve incursión por el océano Indico para regresar al Atlántico Sur. En 68 días el Graf Spee envió al fondo del mar a nueve buques mercantes. En todos esos encuentros Langsdorff no tuvo bajas, amigas ni enemigas. Los sucesivos hundimientos empujaron a los aliados a iniciar la mayor operación de rastreo de la historia naval. Armaron nueve grupos de ataque, integrados por 26 buques de guerra ingleses y franceses, pero nunca pudieron cazar al Graf Spee. A las 6.15 del 13 de diciembre de 1939, el Graf Spee, mientras perseguía a un carguero francés que iba a Montevideo, tropezó en las costas uruguayas con la escuadra del comodoro Henry Harwood, que comandaba los cruceros ingleses Ajax y Exeter y el neozelandés Achilles. La batalla del Río de la Plata no tardó en librarse. Duró menos de una hora y media y se cruzaron 120 cañonazos. El Exeter llevó la peor parte. Quedó envuelto en llamas, sus cañones enmudecieron y 60 tripulantes yacían muertos en la cubierta. Los otros mastines de la flotilla aliada quedaron malheridos, pero no perdieron de vista a su presa. El Graf Spee recibió 18 impactos de los cañones de 150 mm (del Ajax y del Achilles) y de 203 mm (del Exeter). Perdió a 36 hombres. Su cocina fue destruida, el sistema de provisión de combustible dañado y sólo contaba con el 25 por ciento de su munición. El buque germano puso proa al puerto neutral de Montevideo, donde libraría su segunda gran batalla, la diplomática. Langsdorff pidió al gobierno uruguayo dos semanas de permanencia en puerto. Pero luego de agitadas tratativas, sólo se le concedieron 96 horas. En esa decisión mucho influyó la estrategia planeada por el embajador británico Eugen Millington Drake, descendiente del célebre corsario inglés sir Francis Drake. Casi medio millón de uruguayos se agolpó en los muelles del puerto de Montevideo para observar la partida del acorazado de bolsillo. Todos esperaban una nueva batalla, pero la suerte del Graf Spee ya estaba echada. |
| 19.01.2003
Memoria - El reencuentro de los camaradas del Admiral Graf Spee Los veteranos del célebre acorazado alemán, hundido por sus tripulantes tras la Batalla del Río de la Plata en diciembre de 1939, se reunieron en el cementerio alemán para recordar y homenajear al comandante Hans Langsdorff, que se quitó la vida días después de la derrota Eran cerca de las once de la mañana del 22 de diciembre último. Una violenta tormenta se abatía sobre Buenos Aires, barriendo con violencia las cuidadas sepulturas del Cementerio Alemán. Albergábamos dudas acerca de si la reunión proyectada tendría lugar. Pronto, éstas se despejaron. En pequeños grupos, cerca de cuarenta personas, ancianas la mayoría, de rostros rubicundos y ocasionalmente ajados, de aspecto digno, comenzaron a reunirse en la entrada del cementerio. Leves palmadas y algún abrazo marcaron el encuentro de los viejos camaradas. Nada de exuberancia, todo era medido en la reunión. Es que se han conocido de toda una vida. Eran los últimos sobrevivientes de la tripulación del acorazado de bolsillo Graf Spee que se congregaron para cumplir con una cita de honor.Como todos los años en diciembre (cada vez con alguna nueva y triste ausencia), se reunieron para evocar la Batalla del Río de la Plata, donde su barco, el orgulloso Graf Spee, concluyó su trayectoria de guerra -tras hundir 50.000 toneladas de barcos mercantes enemigos- al enfrentarse el 13 de diciembre de 1939 con los buques británicos Exeter, Ajax y Achilles. También se encontraron para recordar a sus camaradas que ya no están (a los que cayeron en la batalla y a los que venció el paso del tiempo) y, sobre todo, para homenajear a su inolvidable comandante, el capitán de navío Hans Langsdorff, que luego de volar su nave antes de que cayera en poder de sus enemigos, y tras poner a salvo a sus tripulantes en Buenos Aires, se quitó la vida en su habitación del Arsenal de Guerra Naval, en la noche del 19 al 20 de diciembre de aquel año. Bajo la lluvia torrencial, los marinos, acompañados por sus familiares y por algunos pocos y leales simpatizantes, avanzaron lentamente rumbo a la capilla cercana a la entrada del cementerio. Para estar allí, habían viajado mucho, algunos desde Alemania, otros desde lugares más distantes aún. Kurt Wecker, presidente de la agrupación de veteranos del Graf Spee, pronunció un austero y emotivo recordatorio de la historia del barco. Luego, la emoción se apoderó de todos los presentes, cuando los marinos empezaron a entonar los compases melancólicos de Der gute Kamerad ("El buen camarada"), una vieja canción militar alemana de comienzos del siglo XIX. Sus rostros, curtidos por tantas aventuras y por el impiadoso paso del tiempo, mostraban, muy a pesar de ellos, el deslizarse de alguna lágrima. Una delegación de la Armada argentina, con sus uniformes blancos, impecables, permanecía firme, saludando a los viejos combatientes, cuyas voces parecían elevarse por las paredes del recinto. A un costado, un joven capitán de la marina alemana, con su uniforme de color acerado, entonaba la melodía con la misma emoción que los marinos del Graf Spee. No se trataba de una típica canción marcial germana la que los conmovía. Había algo más profundo allí. "Esta melodía -nos dijo después Kurt Wecker- es viejísima, y la han cantado desde siempre los soldados y marinos alemanes para honrar a sus muertos. Mi padre, que fue oficial del ejército durante la Primera Guerra Mundial, la cantó o la escuchó cantar junto a las tumbas abiertas de Verdún". Fuera de la capilla, y aún bajo el pesado manto de lluvia, los viejos camaradas del Graf Spee caminaron, algunos erguidos, otros no tanto, hasta la tumba de su comandante, el capitán Langsdorff, que está enterrado junto a otros marinos del acorazado. Allí, un toque de clarín proporcionado por un marino argentino y un respetuoso silencio envolvieron por un instante a la partida. Imágenes de un comandante Los veteranos del Graf Spee, se lo percibía en sus ojos fijos, en sus rostros crispados, retenían seguramente distintas imágenes de su viejo comandante. Algunos lo recordarían como al oficial siempre correcto, algo distante, que sostenía su infaltable pipa mientras salía de su camarote, sobre la banda de estribor a popa. O lo rememorarían, tal vez, tomando sol en la cubierta de la nave, junto al capitán británico Patrick Dove, que por el trato caballeroso de Langsdorff terminó por olvidar que éste había enviado al fondo del mar a su carguero, el Africa Shell. Otros, por fin, lo recordarían el mismo día de la Batalla del Río de la Plata, cuando tras ser herido dos veces, perdiendo sangre y quedando inconsciente luego de la explosión de una granada, volvió en sí, para retomar el mando y dirigir el combate. Un silencio opresivo, cargado de emoción, acompañaba la escena, mientras la lluvia barría la tumba del marino. Luego, tras los respetos al viejo comandante, la mayoría de los ex tripulantes y sus familiares abandonó el lugar, dirigiéndose al comedor de una tradicional entidad deportiva de la colectividad alemana para compartir un almuerzo de camaradería. Fue entonces la ocasión de cambiar unas palabras con ellos. El ya mencionado Kurt Wecker -amable, levemente irónico- nacido en Pomerania hace 83 años comenzó por recordar al capitán Langsdorff: "Era un hombre agradable, cordial, no demasiado marcial. A mí, cada vez que lo iba a saludar y cuadrarme, me bajaba la mano con un gesto cómplice. Como yo era uno de los marinos más jóvenes, y muy prolijo -agregó sonriente- solía distinguirme y siempre me pasaba su postre durante las comidas. Era un marino caballeroso, tanto con nosotros, sus subalternos, como con los prisioneros británicos que pasaron por nuestra nave mientras estuvimos en operaciones. A todos los marinos capturados los trató con el mayor respeto. El capitán británico Dove, incluso, terminó hablando en su defensa luego de la batalla".A tantos años, para Wecker, la figura de Langsdorff parece la de un padre distante, pero padre al fin, que decidió el destino de sus subordinados al internarlos en la Argentina. "Yo quedé internado en el país -señala- y vivir en la Argentina a principios de los años cuarenta era una fiesta. Aquí conocí a mi mujer, Olga, una linda argentina hija de alemanes con la que tuve dos hijas, que luego me dieron cinco nietos y tres bisnietos". Wecker, que debió regresar a su país tras finalizar la guerra, no pudo permanecer allí. "Mi familia era de Pomerania, que fue ocupada por los rusos, y luego por los polacos. A mi madre, que intentó llegar a Berlín en los últimos días de la guerra, la mataron los rusos, luego de violarla. A mi hermano, simplemente lo fusilaron. No quedaba nada para mí allá". Antes de separarnos, Wecker tuvo una mención para un viejo camarada: "Peor destino tuvo el capitán Ascher, primer oficial de artillería del Graf Spee, que había dirigido los disparos contra el Exeter en la batalla del 13 de diciembre. El pudo escapar de la Argentina para seguir en la guerra y terminó hundiéndose con su nueva nave, el Bismarck. Allí la suerte lo abandonó".Con respecto a la decisión de Langsdorff de quitarse la vida, Wecker afirmó: "Me apenó terriblemente, pero sin duda era parte de la tradición de la marina alemana, la de morir con honor. En ese sentido, su decisión fue inobjetable". Otro testimonio invalorable es el del capitán de corbeta (R) Friedrich W. Rasenack, autor de un vivaz libro de recuerdos sobre la campaña del Graf Spee. Este oficial imperioso, de baja estatura, no pudo asistir a la tocante ceremonia en el Cementerio Alemán. Se lo impidió una delicada dolencia pulmonar que padece hace tiempo. Tras su internación en la Argentina, en 1939, Rasenack escapó del Arsenal de Marina para volver a Alemania y a la guerra. "Con otros jóvenes oficiales me escapé del Arsenal, pese a la severa guardia. No es cierto, como dijeron los ingleses, que hubiéramos dado nuestra palabra de honor de no abandonar la Argentina mientras durara la guerra. Un regreso ajetreado "Me tomó casi medio año regresar a Alemania. Me hice pasar como un ingeniero checo de la fábrica Skoda, llegando así a Chile. Después me convertí en viajante de vinos búlgaro. Junto con un camarada nos detuvo la policía secreta norteamericana en la zona del Canal de Panamá. Finalmente pudimos escapar en un barco japonés, con el que llegamos a los Estados Unidos. Desde allí, cruzamos el Pacífico para alcanzar Japón, atravesar luego Manchuria y Siberia, y entrar al territorio ruso como comerciantes alemanes. En Rusia, pese a que ese país todavía no estaba en guerra con Alemania, observamos importantes preparativos bélicos, y nos salvamos por un pelo de ser detenidos. Finalmente, el 1° de septiembre de 1940, logramos llegar a nuestra patria. "Allí -agrega Rasenack- volví a ver acción a bordo de otra gran nave de combate, el acorazado Tirpitz, que desde enero de 1942 a noviembre de 1944 sirvió en aguas de Noruega. Nuestra tarea consistía en amenazar los convoyes británicos y norteamericanos que se dirigían rumbo al puerto ruso libre de hielos de Murmansk." Como su compañero Wecker, Rasenack tampoco permaneció en Alemania tras el conflicto. "Cuando terminó la guerra, mi tierra natal, Silesia, había quedado en poder de los rusos, que se quedaron con todas las propiedades de mi familia. No tenía nada que hacer allí". El relato de los dos viejos marinos se interrumpió aquí, ya era tiempo de volver con sus camaradas y sus recuerdos. Está bien, podía ser la última vez. Por Ernesto G. Castrillón y Luis Casabal |
| 22.01.2001
Emotivo encuentro de veteranos de la Batalla del Río de la Plata Ocurrió en Montevideo, el jueves último
MONTEVIDEO.- El ex teniente Basil Trott, de la Marina Real británica, llegará hoy a Puerto Argentino (Port Stanley), en una travesía en crucero después de toda una vida, y tras una conmovedora ceremonia de conmemoración realizada en Montevideo, el jueves último. La circunstancia fue única, ya que dos hombres de ochenta y tantos años fueron reunidos para recordar acontecimientos de comienzos de la Segunda Guerra Mundial. Durante 60 años, el teniente Trott pensó "si no sería grato" volver a Uruguay para ver la ciudad que fue testigo de los días más dramáticos de su carrera. Sin embargo, hasta ahora nunca había logrado recorrer los 12.000 kilómetros hasta el Río de la Plata, ya que su puesto municipal en la ciudad de Portsmouth, después de abandonar la marina, en 1958, nunca pareció darle el respiro necesario. En jueves, Trott dijo que fue muy grato para él haber regresado y recordar a todos esos marinos y camaradas, mientras permanecía de pie, bajo un cálida garúa estival, al lado del ex Hauptgefreiter (cabo) del Graf Spee, Fritz Adolph, en el pequeño cementerio británico de Montevideo, utilizado por primera vez en 1807 y que ocupa su actual predio desde octubre de 1884. Los dos hombres rindieron un homenaje ante la tumba de dos de las víctimas a bordo del HMSAchilles, que murieron el 13 de diciembre de 1939 en la Batalla del Río de la Plata. Los dos sobrevivientes depositaron una pequeña ofrenda floral en la tumba de los telegrafistas N. J. Milburn y F. Stennett. Luego fueron a pie hasta la oficina de la administración del cementerio, a cargo de George Roper, un capitán de la marina uruguaya retirado, de 53 años, para tomar el té. El acto había sido organizado por Gerry Evans, vicecónsul de la embajada británica en Montevideo, y por Rolf Meurer, agregado cultural de la embajada alemana. Entre otros, asistieron la esposa de Trott, Sadie; el historiador uruguayo Omar Medina Soca, y, casualmente, un editor del diario The Buenos Aires Herald. Herr Adolph es uno de los tres sobrevivientes del "acorazado de bolsillo" alemán Almirante Graf Spee que viven en el Uruguay. Los dos restantes, Herbert Paach y Kurt Gabriel, no se sentían tan bien de salud como para estar presentes en la ceremonia. Fritz Adolph había cumplido 20 años el 1º de septiembre del ´39, cuando estalló la guerra. Era un joven ayudante en la sala de máquinas del Graf Spee en el momento de la batalla. Curado en Uruguay Después de depositar la ofrenda, recordó que una de sus piernas había resultado malherida y fracturada en varias partes. "Casi morí desangrado, pero me curaron aquí, cuando me trajeron a tierra firme", señaló. El ex teniente Trott es uno de los sobrevivientes del HMS Exeter, el barco más bombardeado y que tuvo más bajas en la Batalla del Río de la Plata, en diciembre de 1939. Se enganchó en la marina como grumete, y fue nombrado marinero experimentado y práctico a los 19 años, en 1939. Desde el cementerio británico, Trott acompañó a Herr Adolph hasta el cementerio alemán, en la zona norte de Montevideo, para depositar una ofrenda ante la tumba de los tripulantes del Graf Spee; luego llamó a la casa de Herr Gabriel, que debía guardar reposo allí, y después visitó la Iglesia Anglicana de la Santísima Trinidad, donde una placa conmemora a los tantos muertos a bordo de los HMS Ajax, Achilles y Exeter. Trott leyó en silencio los sesenta nombres. El aspecto social de la conmemoración fue organizado en el Club Británico, fundado en 1868. Se trata de un viejo edificio del cual penden antiguos estandartes y escudos de armas de los barcos, y donde los inmigrantes y antiguos residentes se reúnen. Su presidente es Oliver Ward, de 39 años, que hace cuatro años se estableció como agente naviero en Montevideo y, si bien se inició en la actividad como agente de ELMA, en Bilbao, a principios de los ´80, hoy es vicepresidente de la compañía Montemar Marítima, de la capital uruguaya. Ward señaló con orgullo las fotos autografiadas de los sobrevivientes de la batalla. Comentó que el piano del club fue un regalo que, en 1945, hicieron los británicos de la marina mercante que estuvieron prisioneros en el Graf Spee y luego fueron liberados en Montevideo. Ward añadió que el actual piano, en realidad, había sido restaurado ya que el original fue destrozado por los marineros que, en 1939, celebraron la Navidad allí. De la reunión participaron el embajador británico, Andrew Murray, exultante, por cierto; el presidente de la filial local de la Legión Británica, David Oie; el presidente de la comisión del Hospital Británico, Patrick Sherwood, y también el hijo y la hija de Edwin Herbert Vignoles, que en 1939 fue el primer agente del servicio de inteligencia británico que subió a bordo del destruido casco del Graf Spee, frente a la costa de Punta del Este, para tomar nota del cañón del acorazado alemán, cuya potencia y alcance los británicos estaban ansiosos por conocer. Andrew Cooper, director de la compañía naviera J. R. Williams, estuvo presente en su función de agente del crucero que llevó al ex teniente Trott a Montevideo. Trott y su esposa viven hoy en España, en Torrevieja, Alicante. A Montevideo llegó a bordo del Mercury, un crucero de la Royal Caribbean, que, tras haber hecho escala en Buenos Aires, llegará hoy a Puerto Argentino (Port Stanley). |
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05 de Febrero del 2004 Vuelven a suspender el rescate del Graf Spee en Uruguay Debido a los fuertes vientos que afectan Montevideo, el domingo o lunes continuarán las tareas para recuperar las partes del acorazado alemán hundido durante la Segunda Guerra Mundial MONTEVIDEO.- El rescate de partes del acorazado alemán Graf Spee fue suspendido hasta el domingo o lunes por los fuertes vientos en el lugar, informó hoy Héctor Bado, encargado de las operaciones. "Es increíble pero el Río de la Plata sigue demostrando sus características, podemos decir, hasta malévolas", dijo Bado. "Está virtualmente suspendido el rescate fijado para el viernes ya que los fuertes vientos que azotan desde ayer y que llegaron a los 18 nudos (35 kilómetros horarios) impide la operación. De concretarse los pronósticos meteorológicos recién se podría realizar el domingo o lunes próximo". Bado agregó que el martes, una operación de tender cables de acero para sujetar el telémetro de 27.000 kilos "sólo pudo cumplirse a medias" debido al viento que se registraba en la zona. El telémetro, que tenía adosado parte de un radar, era el instrumento óptico para mejorar la puntería del Graf Spee que estaba causando estragos a las flotas aliadas en el Océano Atlántico en la Segunda Guerra Mundial. El Graf Spee se enfrentó a tres cruceros de las flotas aliadas contra la Alemania nazi y finalmente, averiado por los enfrentamientos con los cruceros "Ayax", "Exeter" y "Achilles", recaló en el puerto de Montevideo donde pudieron descender los heridos y trasladar a los muertos. La batalla llamada del Río de la Plata ocurrió en diciembre de 1939 y después que se desembarcaron los tripulantes, su capitán Hans Langsdorff lo hizo hundir y él se suicidó tres días después.
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06 de Febrero del 2004 La batalla del Río de la Plata: llevarán a un museo los elementos que recuperen Van al rescate del acorazado Graf Spee Está hundido frente al puerto de Montevideo desde 1939 por decisión de su comandante para no entregarlo al enemigo
Desde hace más de 60 años descansa frente a la costa de Montevideo. Su capitán decidió hundirlo antes de entregarlo a manos enemigas. Pero la historia del acorazado alemán Graf Spee no quedará sepultada bajo las aguas del Río de la Plata. Es que un proyecto privado comenzará con el rescate de un instrumento de artillería mañana o pasado mañana, si el clima acompaña, para que vuelva a ver la luz. Tras sembrar el terror en las rutas comerciales, este "acorazado de bolsillo" fue echado a pique por su comandante, el capitán Hans Langsdorff, a una distancia de entre cinco y siete kilómetros de la ribera de Montevideo, luego de ser perseguido con tenacidad y resultar seriamente dañado por una flota británica.
Desde entonces, el arma letal de los nazis para el control del Atlántico yace a ocho metros de profundidad bajo el fondo turbio y agitado del Río de la Plata. En 1997, un equipo dirigido por el buzo uruguayo Héctor Bado recuperó un cañón de la nave, actualmente en exposición frente al Museo Naval de Montevideo. Años después, el proyecto de rescate de la nave revive, con el intento de recuperación del telémetro, un instrumento que permitía a los artilleros ajustar los tiros con precisión. Esta maniobra iba a comenzar el 29 del mes último, pero los organizadores decidieron postergarla por razones climáticas en dos ocasiones. El salvamento sigue a cargo de Bado en colaboración con expertos internacionales; entre ellos, el británico Mensun Bound, director de la Unidad de Investigaciones de Arqueología Marina de la Universidad de Oxford. Según sus promotores, la extracción del telémetro, de 27 toneladas, es la primera etapa de un programa de recuperación más ambicioso. "Lo que vamos a hacer ahora es el comienzo de las operaciones", explicó a la agencia AP el dueño de los derechos del barco, el uruguayo Alfredo Etchegaray. El proyecto, que cuenta con el apoyo del gobierno uruguayo, apunta a reunir las piezas rescatadas en un museo dedicado al legendario navío, donde Etchegaray estima que acudirán miles turistas interesados en la historia del Graf Spee. Puesto en servicio en junio de 1934 y hundido en diciembre de 1939, el Admiral Graf Spee era limitado por su tonelaje, pero temible por sus avances técnicos, sobre todo por su sistema de radar y el telémetro electrónico. Debido a las restricciones impuestas por el Tratado de Versalles, la marina alemana había desarrollado tres acorazados de bolsillo, cuyo desplazamiento no era superior a las 10.000 toneladas, por lo que conciliaban la velocidad y la facilidad de maniobra de un crucero con la potencia de un acorazado: el Deutschland (rebautizado Lutzow), el Admiral Scheer y el Admiral Graf Spee. Tras haber zarpado de incógnito de Wilhelmshaven el 21 de agosto de 1939, incluso antes de la declaración de guerra contra Francia y Gran Bretaña, el Graf Spee tomó la dirección del Atlántico con la misión de desorganizar el tráfico marítimo de las rutas comerciales en los océanos Atlántico e Indico. Desde el 30 de septiembre hasta el 7 de diciembre, el acorazado alemán hundió nueve barcos, lo que hizo que los británicos intervinieran. La Marina Real Británica envió la División Sudamericana, formada por cuatro cruceros, al centro comercial de carne y cereales hacia Gran Bretaña, donde fue detectado el Graf Spee. El 13 de diciembre comenzó la batalla del Río de la Plata, en cuyo desarrollo el Graf Spee resultó dañado y sufrió 36 bajas, frente a 72 que tuvo la tripulación de las naves británicas. Tras refugiarse en el puerto de Montevideo y al no obtener el permiso de las autoridades del Uruguay -país neutral- para quedarse el tiempo que requerían las reparaciones, el capitán Langsdorff decidió hundirlo la noche del 17 de diciembre. La tripulación fue remolcada hacia Buenos Aires, donde Langsdorff, tres días más tarde, se suicidó. Friedrich Adolphe, único sobreviviente del acorazado, no estaba de acuerdo con la operación. Pidió que lo dejaran tranquilo. Este hombre, de 85 años, que después del episodio decidió radicarse en el Uruguay, contó: "La batalla del Río de la Plata comenzó frente a las costas de Punta del Este". El prefiere el recuerdo. En el Cementerio del Norte, a unos 12 kilómetros del centro montevideano, 40 cruces de metal de unos 50 centímetros de alto, clavadas en tierra, identifican y guardan los restos de los marinos fallecidos. Agencias AP y DPA |
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de Febrero del 2004
Todos consideraban al capitán un verdadero caballero del mar El comandante Hans Langsdorff se suicidó tras la derrota
"[...] Luego de una gran lucha interna, tomé la tremenda decisión de hundir el acorazado de bolsillo Admiral Graf Spee y así evitar que cayera en manos del enemigo... Estoy convencido de que bajo esas circunstancias no tenía alternativa, una vez que llevé mi buque a la trampa de Montevideo. Con la munición que tenía, cualquier intento de pelear a mar abierto estaba destinado a fracasar... Un capitán con sentido del honor no puede separar su destino del de su barco[...]." Ese es un tramo de la carta que el capitán de navío Hans Langsdorff escribió al embajador alemán en Buenos Aires el 20 de diciembre de 1939, antes de dispararse un tiro en la sien, envuelto en la bandera naval alemana y vestido con su uniforme de gala: había cumplido con la ley no escrita de los caballeros del mar.
Entierro de los muertos, el Capitan Langsdorff al fondo con la espada. La detonación alertó a los guardias del Arsenal Naval porteño, donde el comandante alemán estaba alojado desde hacía menos de tres días. Para entonces había decidido hundir el buque en el Río de la Plata, luego de dar batalla a tres cruceros aliados, a 9 millas de Punta Ballena, en la costa uruguaya. Sería la única batalla naval del siglo en el estuario más grande del mundo. Langsdorff había nacido en la ciudad alemana de Rügen, en 1894, y era descendiente de una tradicional familia de marinos. Creció como militar a la sombra de un estratego de la guerra naval: el vicealmirante Maximilian Graf von Spee, héroe de la gran batalla de Jutlandia, en junio de 1916, frente a las costas de Dinamarca. Von Spee, para toda una generación de la marina imperial alemana, fue un ejemplo del guerrero prusiano marcado por el sentido del honor: él también se hundió con su barco. En aquella contienda, el entonces joven oficial Langsdorff tuvo una destacada actuación que le valió ser condecorado. Tras hundir su buque en la rada de Montevideo, Langsdorff se encargó personalmente de sus hombres heridos y muertos, y también de sus prisioneros. En el sepelio de uno de ellos, los tripulantes despidieron al fallecido con el saludo nazi, pero su capitán lo hizo con el tradicional saludo militar. Esa imagen, horas después, llegó a Berlín y a muchos no les gustó. Por entonces se dijo en el ámbito diplomático que era conveniente que el capitán no regresara a Alemania. Tal vez, aquel comentario sea cierto pues, a 64 años de su muerte, sus restos aún descansan en el cementerio alemán de Buenos Aires. |
| 06
de Febrero del 2004
El artillero que aún recuerda esa batalla BAHIA BLANCA.- Pasaron 64 años, un mes y 24 días de la batalla; el estrépito de los cañonazos y el tiempo han afectado los oídos del artillero. Eso explica los gritos de frases pausadas en la casa del marino. Son las 9: los recuerdos de Helmut Hanussa, de 83 años, sólo son nítidos por la mañana o cuando duerme. A menudo, Helmut sueña con la batalla del Río de la Plata, el 17 de diciembre de 1939, cuando el acorazado de bolsillo alemán Admiral Graf Spee, al mando del capitán de navío Hans Langsdorff, fue derrotado cerca de la costa uruguaya por los cruceros ingleses Ajax y Exeter y el neozelandés Achilles. Cuando la tripulación estuvo a salvo, Langsdorff hundió el barco. Después se disparó un tiro en la sien. Ahora, un equipo integrado por argentinos, alemanes y uruguayos intentará rescatar el buque.
Helmut era artillero del Graf Spee, que había hundido nueve buques. El alto mando nazi había ordenado, al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, destruir el tráfico mercante enemigo. En sus sueños, dice Helmut, vuelve a estar detrás de un cañón; siente el olor acre de la pólvora, oye las voces estentóreas que dan órdenes... La segunda esposa del artillero, Elsa Leguizamón, dice que se asusta cuando su marido sueña: "Me da miedo". Helmut sonríe y resta importancia a los temores de su esposa. "Nunca tuve miedo: soy alemán", afirma. Está sentado a la cabecera de la mesa, ahora cubierta de álbumes con fotos en blanco y negro y sepia, la chaqueta azul del uniforme con una svástica en el pecho, dorada, al igual que los botones. "Queríamos pelear hasta el final, no rendirnos -recuerda Helmut, que conserva su acento alemán-. Navegamos hasta a Montevideo, para reparar el acorazado. No nos dejaron..." El Graf Spee había zarpado el 21 de agosto de 1939, once días antes de que Alemania invadiera Polonia. Así que el acorazado ya estaba en alta mar cuando empezó el conflicto. "No sabíamos nada de la guerra. Sólo el alto mando lo sabía", cuenta. El acorazado recorrió el océano Atlántico. Había hecho una incursión en el Indico, para despistar a los grupos navales ingleses y franceses. "Eramos invisibles", dice, y abre un álbum. Señala unas fotos con algunas de las embarcaciones enviadas al fondo del mar. "Antes de hundirlos, tomábamos prisionera a la tripulación", aclara. Casi cuatro meses después de haber zarpado, el Graf Spee se enfrentó con la escuadra de los cruceros Ajax, Exeter y Achilles. Ese fue el fin. La guerra había sido para Helmut algo cotidiano. Su padre, Federico, había participado en la Primera Guerra Mundial. Y él, como muchos adolescentes en el período de entreguerras, se anotó como voluntario de la marina. Tenía 14 años. Nunca regresó a Alemania. "Estuve cinco años prisionero, en Mendoza. Otros compañeros estaban en Sierra de la Ventana y en Córdoba. Estábamos muy bien. Teníamos un sueldo de 400 pesos, muchos trajes y salíamos", dice Helmut. Durante una salida conoció a una mujer, Nelda Torrontegui. "La vi en una tienda, la invité a tomar el té a la tarde y al otro día nos casamos." En 1990 murió su primera esposa. Poco después conoció a Elsa. Es mediodía y los recuerdos Helmut ya no son tan nítidos. Almorzará, cruzará los brazos sobre la mesa y apoyará sobre ellos la cabeza para dormir la siesta. Quizás, el artillero oiga otra vez el estrépito de los cañonazos. Ramiro Sagasti |
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09 de Febrero del 2004
Con dificultades, comenzó el rescate del Graf Spee El buque está hundido frente al puerto de Montevideo desde 1939; una grúa intentó alzar el telémetro, un artefacto óptico de 27 toneladas, pero al sacarlo del agua, uno de los cables se cortó. A BORDO DEL REMOLCADOR ANGLIEN WARRIOR.- La operación de rescate de un legendario buque nazi hundido en 1939 frente a la costa uruguaya comenzó hoy con dificultades cuando se intentaba alzar desde las profundidades uno de sus equipos, de 27 toneladas de peso. Se trata de un pesado instrumento denominado telémetro, de tecnología secreta para la época. Era un artefacto óptico para mejorar la puntería del acorazado Almirante Graf Spee que causó estragos a la flota de los países aliados en la Segunda Guerra Mundial. En medio de un fuerte viento, la pieza fue sujetada por cables de acero y desde una grúa de 60 metros de altura se estaba intentando sacarlo del agua cuando uno de los cables de cortó. Los encargados de la operación, estiman que la recuperación total de la nave demandará al menos tres años, pero se decidió comenzar con el rescate del codiciado instrumento, que habría motivado al capitán alemán hundir el barco a fin de evitar que ese equipo cayera en poder de los aliados. La magnitud de la operación de recuperación y el tiempo desfavorable con vientos de hasta 30 kilómetros por hora, determinó la utilización de dos remolcadores para respaldar a la grúa en las primeras tareas. El hundimiento El barco participó en diciembre de 1939 en la Batalla del Río de la Plata contra los cruceros aliados Achilles, Ajax y Exeter, a los cuales se unió el Cumberland. Luego del combate, el barco dañado entró al puerto de Montevideo, donde el 17 del mismo mes, cuatro días después de su llegada, el capitán Hans Langsdorff lo hundió y luego se suicidó en Buenos Aires. El telémetro era un artefacto óptico para mejorar la puntería del acorazado, uno de los llamados "de bolsillo" por su relativamente corta eslora de 186 metros, el cual causó sin embargo fuertes daños a las escuadras aliadas en la segunda guerra mundial. Versiones de la época dijeron que la decisión de hundirlo fue para que las fuerzas aliadas no tuviera acceso al telémetro, al cual estaba adosado un radar, que según Bado fue el primero en ser empleado en ese tipo de barcos. El Graf Spee se encuentra partido en dos a unos ocho kilómetros de la costa del puerto de Montevideo sobre su lado oeste, frente al cerro que domina la bahía. Aproximadamente el 60% de su partido casco se encuentra sepultado en el lodo del Río de la Plata. |
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de Febrero del 2004
Se retrasa el rescate del Graf Spee Los fuertes vientos sobre el Río de la Plata impiden la recuperación del telémetro del barco alemán hundido MONTEVIDEO.- El rescate de una pieza "de museo" del acorazado alemán Graf Spee, hundido en el Río de la Plata a comienzos de la segunda guerra mundial, debió suspenderse hoy debido a los fuertes vientos que soplaron en la zona. La recuperación del telémetro, instrumento óptico para mejorar la puntería de los cañones, es el primer objetivo de los buzos, investigadores y expertos, que se proponen extraer íntegramente al navío en un plazo de tres años. Ayer fracasaron cuatro intentos para sujetar al telémetro, de 27 toneladas, con el fin de rescatarlo. El fallido intento se atribuyó a las adversas condiciones climáticas, que impidieron el accionar de la grúa en la tarea. "Acá no ha pasado nada, sólo se perdió un día de trabajo", comentó el jefe del operativo, el uruguayo Héctor Bado, para ahuyentar la sombra del fracaso del emprendimiento que, sostuvo, continuará no bien mejoren las condiciones climáticas. El Graf Spee fue hundido a ocho kilómetros del puerto de Montevideo por su propio capitán Hans Langsdorff, el 17 de diciembre de 1939 tras una dura batalla con tres buques aliados, los británicos Exeter y Ayax y el neocelandés Achilles. Langsdorff se quitó la vida días después en Buenos Aires, mientras que el resto de la tripulación fue internada en la propia capital argentina y en Montevideo. El Graf Spee yace en el lecho de la bahía de Montevideo desde entonces, tras haberse partido en dos su estructura debido a la explosión provocada por su capitán para preservar los "secretos bélicos" del navío. Buzos británicos y uruguayos lograron, en marzo de 1997, extraer un cañón de ocho metros y unas 3,5 toneladas de peso. El intento del operativo denominado "Rescate al Graf Spee" es el más ambicioso de los realizados hasta el momento. Bado no descartó hoy que, si las condiciones del tiempo lo permiten, las tareas para izar el telémetro se retomen mañana mismo. Fuente: ANSA |
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de Febrero del 2004
Fracasó un nuevo intento de rescate del buque Graf Spee La marea y el viento impidieron que se lleve a cabo la operación, frente al puerto de Montevideo MONTEVIDEO.- Un nuevo intento en la operación de rescate del legendario acorazado nazi Graf Spee fracasó hoy cuando debido a la marea y vientos fue imposible sacar a la superficie un pesado instrumento del navío, se informó oficialmente. En horas de la mañana un grupo de ocho personas, entre ellos seis buzos, partió hacia la zona donde está hundido el Graf Spee, para determinar si podía levantarse el telémetro, un instrumento óptico que le permitía medir las distancias y puntería de sus cañones. El capitán de navío retirado Alberto Braida dijo temprano que todo parece indicar que "puede intentarse el rescate" porque el tiempo era bueno con vientos moderados. Sin embargo, las condiciones variaron y el grupo salió por segunda vez a la tarde para intentar acomodar todo, dijo Braida. "A esta hora creemos que ya es imposible hacer salir la grúa, por lo que virtualmente la operación queda para el martes", dijo Braida telefónicamente por la tarde. Además, dijo que había marea alta en la zona a siete kilómetros de la costa del puerto de Montevideo, la tumba marina desde hace 65 años del Graf Spee. La operación llamada "Rescate al Graf Spee" tuvo hace una semana un primer fracaso cuando no pudo ser sacado de su tumba marina el telémetro, artefacto que hizo temible al barco alemán. El almirante Graf Spee, en diciembre de 1939, en los inicios de la segunda guerra mundial, se trenzó en una batalla naval contra unidades aliadas en la Batalla del Río de la Plata. La nave, averiada, recaló en el puerto de Montevideo donde fue hundida por su capitán Hans Langsdorff, que se suicidó en Buenos Aires tres días después.Fuente: AP |
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26 de Febrero del 2004 Frente
al puerto de Montevideo http://www.lanacion.com.ar/04/02/26/dg_576295.asp Sacaron el telémetro del acorazado alemán, de 27 toneladas
MONTEVIDEO.- Un nuevo intento otra vez fallido. Alfredo Echegaray, concesionario del rescate del acorazado alemán Graf Spee, se agarraba la cabeza y no ocultaba su expresión de disgusto. "Otra vez, no...", comentaba, mientras veía que el famoso telémetro del buque de guerra que fue hundido en 1939, en el Río de la Plata, era más fuerte que las herramientas de rescate, y, como en cámara lenta, la pieza histórica volvía al río. Una hora después estallaron los festejos cuando la grúa del puerto de Montevideo logró, finalmente, rescatar el telémetro del barco, que estalló ante los ojos de miles de uruguayos hace 64 años. En aquella ocasión, el comandante del Graf Spee, Hans Langsdorff, decidió hacerlo explotar para que no cayera en manos de la flota inglesa, que lo perseguía y lo había sitiado en Montevideo. Todo el mundo quería ver el final de la batalla, pero no fue así, y el Graf Spee se hundió envuelto entre explosiones y fuego. Ahora, la platea fue más íntima. Y el festejo de los rescatistas, rodeados de periodistas, tuvo un doble motivo. Por un lado, se celebraba la recuperación en sí misma de una pieza histórica: era el novedoso telémetro, que pesa 27 toneladas y tiene seis metros de alto por 10,5 metros de ancho. El aparato es un sistema óptico que permite apreciar desde el punto de mira la distancia a la que se halla un objeto lejano. Así se ajustaba la puntería de los cañones hacia los barcos enemigos. Los responsables del operativo admiten que la repercusión internacional les permite promocionar el caso para obtener inversores asociados, auspiciantes o fundaciones interesadas en contribuir con el rescate. "Te imaginás, con tantas cámaras de TV de todo el mundo, si había un logo en la grúa... era una gran promoción", comentó Echegaray a LA NACION. La inversión que precisan es para continuar con las tareas e ir por piezas mucho más pesadas. Como el barco se partió por la mitad, en el fondo del río están la proa y la popa del llamado acorazado bolsillo. La proa pesa 8000 toneladas y la popa, unas 2000 toneladas, explicó el concesionario. El telémetro estaba llegando anoche al puerto y será exhibido en el frente del Ministerio de Turismo. Por allí ingresa la mayor parte de los turistas argentinos que llegan en buques que cruzan el Río de la Plata. La expedición se prepara ahora para el rescate de una pieza de 300 toneladas: una de las dos torres con tres grandes cañones de 28 cm de calibre cada uno. Entienden que se deberá trabajar en el alivianamiento del casco de casi 200 metros de eslora. El grupo de buzos que trabajó en el rescate estuvo comandado por el uruguayo Héctor Bado. El otro responsable del operativo fue el capitán de navío Alberto Braida. En diciembre de 1939, el Graf Spee se enfrentó a dos buques británicos y a otro neozelandés que lo perseguían. Tras una corta batalla frente a Punta Ballenas, el acorazado alemán se refugió en Montevideo. Víctima de una operación de inteligencia británica por la que se acercaban más barcos enemigos al Río de la Plata, Langsdorff decidió hundirlo; tres días después, se suicidó. Por Nelson Fernández
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