Historia
y Arqueologia Marítima
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DOS ARTICULOS DEL MISMO TEMA:
SALVAMENTO DE LA EXPEDICION SHACKLETON POR EL PILOTO LUIS PARDO V. Por Guillermo Barros González
SHACKLETON VERSUS PARDO Por Alfonso M. Filippi Parada
Publicados en la Revista Marina de Chile (http://www.revistamarina.cl/) y reproducido por amable permiso de su director, CNIM Jaime Sepúlveda Cox - Marzo del 2010.-
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SALVAMENTO DE LA EXPEDICION SHACKLETON POR EL PILOTO LUIS PARDO V. Por Guillermo Barros González Introducción. La temeraria acción de intentar el salvamento de los marinos británicos, fue una proeza que tuvo una repercusión mundial tanto por su alto fin humanitario, como por las difíciles y extraordinarias circunstancias en que se realizó, hazaña que hoy se confunde con la gloriosa historia de nuestra Armada y que dejó en evidencia, una vez más, el temple de los marinos chilenos que saben vencer a la adversidad, gracias a su completa preparación profesional y al elevado y sólido espíritu que los anima. A fines de 1914 el Endurance, después de cruzar el mar de Weddell, intentando recalar en bahía Vahsel, quedó atrapado por el Pack y los expedicionarios vivieron una verdadera odisea durante el año 1915, hasta que en abril de 1916 lograron instalarse en isla Elefante. Desde aquí Shackleton se dirigió, en una embarcación, a pedir auxilio; primero arribó a la isla Georgia del Sur, después a puerto Stanley (islas Falkland) y luego a Punta Arenas, donde obtuvo la autorización del gobierno de Chile para que la Yelcho cumpliera el rescate de los 22 náufragos ingleses. La nave que se puso a disposición de Pardo, era un buque de fierro sin doble fondo, de reducido tonelaje, sin instalaciones de radio y completamente inadecuado para soportar presión de hielos o colisión con témpanos. Debía atravesar el paso Drake y navegar 500 millas náuticas que median desde la salida del canal Beagle a isla Elefante, en pleno invierno, donde las condiciones de mar y viento se hacen, a menudo, insoportables y extremadamente rigurosas. En esa época tampoco se disponía de predicciones meteorológicas, que permiten hoy, una programación adecuada y oportuna para navegar con éxito esas peligrosas aguas. Con todo, la orden de ir a buscar y traer los náufragos del Endurance se dio y Pardo, superando todas las dificultades, cumplió su misión a la perfección. Rescató a los marinos ingleses y despertó la admiración universal, impidiendo que los 22 camaradas de Shackleton tuvieran que enfrentarse a un desenlace funesto. El Piloto Pardo.
A veces los designios del destino son inexplicables y así fue que el 6 de agosto de 1916, el Piloto Luis Pardo asumió el mando de la Yelcho, por enfermedad de su comandante, y su primera comisión fue la de dirigirse de inmediato a puerto Stanley, para traer a remolque a la goleta Ema que había sido fletada por la colonia inglesa de Punta Arenas para que Shackleton tratara de rescatar a sus hombres aislados en la Antártida chilena (?). En compañía de Pardo, Shackleton viajó a Chile y, junto con conocer al marino chileno, el jefe inglés concluyó que Pardo era el hombre indicado para el salvamento. Ya en Punta Arenas se iniciaron las gestiones ante las autoridades navales; Chile no permanecería ajeno a la tragedia antártica y así Shackleton obtuvo, al fin, la autorización del gobierno para que la Yelcho efectuara el histórico rescate. Pasado el mediodía del 30 de agosto, la Yelcho, con todos los náufragos rescatados, inició el regreso triunfante a Punta Arenas. En reconocimiento por esta gran acción Pardo recibió diferentes distinciones, entre ellas de la Municipalidad de Punta Arenas, del Cuerpo de Voluntarios del Bote Salvavidas, de la Sociedad Chilena de Historia y Geografía, de la Liga Marítima de Chile, de la Liga Patriótica Militar y una condecoración de la Corona de Gran Bretaña. También el gobierno reconoció su extraordinario desempeño y en septiembre de 1916 Pardo recibió el ascenso a Piloto 1º de la Armada. En julio de 1917, Luis Pardo estuvo presente en Grokon, Connecticut (EE.UU.), participando en la recepción de los seis primeros submarinos tipo Holland y, ya resentida su salud, obtuvo su retiro de las filas de la Armada el 23 de mayo de 1919, habiendo recibido anteriormente, por gracia, un abono de 10 años para efectos de retiro. Sus últimos servicios al país fueron los de Cónsul de Chile en Liverpool, Inglaterra, en 1930. Falleció en Santiago el 21 de febrero de 1935 y en el severo mausoleo de la familia Pardo, en el cementerio de Santiago, aparece la inscripción siguiente: " L. A. PARDO V. En reconocimiento de este trascendental rescate antártico, la Armada le dio el nombre de Piloto Pardo, al buque de investigación que fue construido en Holanda y llegó al país en mayo de 1959. A través de los años ha cumplido una intensa labor hidrográfica, participando activamente en numerosas tareas antárticas. La Municipalidad de Valparaíso, a solicitud de la Junta de Vecinos del cerro La Merced, cambió el nombre de la calle Capilla, por calle "Yelcho", en consideración a que en esa arteria estaba la residencia de Luis Pardo y familia y, años más tarde, en 1949, dio el nombre de este intrépido marino a una calle del cerro Polanco. El Continente Antártico. Mencionamos por último, que la geografía política divide a este continente en cuatro cuadrantes o sectores que miran respectivamente a Sudamérica, al Pacífico, a Australia y a Africa; resulta que el sector chileno es el más cercano y sus límites enmarcados entre los meridianos 53E y 90E de longitud Oeste de Greenwich, fueron fijados por el decreto supremo Nº 1747 del 6 de noviembre de 1940. Expedición del Endurance. A pesar de haber comenzado la primera guerra mundial, Shackleton
zarpó de Plymouth en agosto de 1914 con destino a Buenos Aires, desde
donde continuó viaje, en octubre, llevando a bordo un total de 28
hombres entre científicos, técnicos y marineros, con todo el equipo,
víveres y material necesario. El 5 de noviembre arriban a Georgia del
Sur y al mes siguiente zarpó hacia el mar de Weddell intentando
recalar en bahía Vahsel y desde ahí internarse en el Continente
Helado.
Rodeado de hielos y numerosos témpanos, el Endurance avanzó
lentamente hacia su destino y el 10 de enero de 1915 avistaron
tierra. Faltaban sólo unas 200 millas para llegar a bahía Vahsel,
Durante el año 1915 se vivió una verdadera odisea; primero el barco se movía lentamente junto al pack que lo arrastraba, después el témpano que lo sostenía se quebró y el Endurance empezó a deformarse por la presión de los hielos, lo que obligó a Shackleton a sacar todo lo movible y útil del buque, instalando un completo campamento sobre el gran témpano que los cobijaba y, por último en diciembre, el Endurance, no soportando más el castigo de los hielos, se partió y hundió. El jefe científico escribió en su diario: "Ruego a Dios que me permita llevar todo el grupo sano y salvo a la civilización".
No podían continuar en esas condiciones, de modo que Shackleton decidió navegar hacia el Oeste arriba de témpanos a la deriva en las embarcaciones del Endurance. Casi cuatro meses duró esta penosa travesía, hasta que en abril de 1916 encallaron en isla Elefante y se instalaron con todo lo que les quedaba. 22 miembros de la expedición permanecieron en tierra y el resto, junto a Shackleton, se hicieron a la mar en un bote para pedir auxilio.
Atravesaron el paso Drake sufriendo un verdadero martirio y a los 20 días llegaron a la isla Georgia del Sur. Repuesto de tan duro viaje, Shackleton se dedicó a tratar de rescatar a sus camaradas, primero en el Schooner Southern Sky, después en un barco facilitado por la república de Uruguay y, por último, en la goleta chilena Emma. Todo fue inútil, unas pocas semanas bastaron para angustiar a Shackleton por sus fracasados intentos de aproximarse a isla Elefante. Finalmente, en puerto Stanley, el jefe científico inglés conoció al Piloto Pardo, que había recalado con la Yelcho en ese puerto para llevar a remolque la goleta Ema a Punta Arenas. Shackleton viajó en la escampavía chilena y en Punta Arenas inició las gestiones ante las autoridades navales para que Pardo, con la Yelcho, viajara a la Antártica Chilena. Al fin, la autorización del gobierno de Chile llegó y la Yelcho, al mando del valeroso Piloto Pardo, zarpó de Punta Arenas el 25 de agosto de 1916 hacia la isla Elefante. Viaje de la Yelcho. Escampavía Yelcho Nº23. El Lunes se navegó sin novedad, a diez millas constantes. El tiempo se presentaba inmejorable; el barómetro continuaba alto y viento fresquito del SW. A medio día se hicieron las observaciones astronómicas correspondientes continuando viaje sin alterar el rumbo. La noche se presentó estrellada y el horizonte bastante claro, el barómetro se mantenía sobre 762 y la temperatura era de 3 grados, siendo la corriente del SE. El Martes se continuó la navegación en iguales condiciones que el día anterior, después de haber hecho las observaciones astronómicas se comprobó que no había necesidad de alterar el rumbo. La temperatura fue bajando sucesivamente hasta ser a media noche de 9 a 10 grados bajo cero; la corriente continuaba en la misma dirección. A las 5 PM. entramos en la zona peligrosa de las neblinas las que por lo general no son continuas, pues a pesar de ser permanentes en esa región corren según la dirección del viento, dejando siempre algunos minutos de claridad, con lo cual el horizonte se hace visible de 2 a 5 millas. A las 11.30 PM. la neblina fue espesa y constante, por lo que hubo de disminuir el andar a tres millas, ésta continuó en iguales condiciones hasta las 5 AM. del Miércoles, hora en que era menos espesa, que dejaba visible un horizonte de una milla por lo que se puso la máquina a toda fuerza. Aunque nos encontramos dentro de la zona peligrosa, tanto por las rompientes y bajos desconocidos, como por la niebla y témpanos, se prefirió continuar navegando en esta forma por considerarse ser menor este peligro que el no poder llegar ese día al campamento de la isla, con lo cual nos habría sorprendido la noche y desorientado. A las 8 AM. encontramos los primeros pequeños témpanos; a las 09.30 AM. en la zona de los grandes témpanos y a las 10.40 AM, divisamos los primeros Breakers del extremo norte de la Isla Elefante. A las 11.10 AM. se reconocieron los Seal-Rks a 2 1/2 millas de distancia aproximadamente. Se extremó la vigilancia en todo el buque para avisar a tiempo los grandes témpanos que en forma de neblina negruzca y de doble altura se divisaban por la proa y costado, vistos en esta forma debido a la neblina y a la refracción combinada. En esta forma se continuó rodeando la isla hasta las 01.30 PM., hora que con gran regocijo de todos se avistaron los náufragos que estaban ubicados en un bajo, teniendo por un lado un grande y notable ventisquero y por el otro notables nevados muy característicos en esta isla. Al acercarnos al punto indicado se oían las manifestaciones de regocijo y los hurras de estos náufragos. Se mandó chalupa a tierra a las órdenes de Sir Shackleton, el que fue recibido por ellos con grandes aclamaciones de júbilo. Regresando el primer bote a bordo que traía la mitad de gente y algunos bultos, aclamaron a Chile y a su Gobierno. El segundo bote que fue por el resto de la gente hizo otro tanto. A las 2.25 PM. se tenía toda la gente a bordo e izado el bote, dándose a esta hora rumbo al norte. A las 4 PM. teníamos Seal-Rks a la cuadra y a las 9 PM. salíamos de la zona más peligrosa, siempre con neblina, barómetro alto y temperatura baja. El Jueves a las 8 PM. el viento rondó al NW y el barómetro principió a bajar, durante la noche la mar fue gruesa resolviéndose en un mal tiempo que nos molestó bastante y el cual nos acompañó hasta la entrada del Estrecho.El Viernes la neblina nos impidió tomar el canal Beagle por lo que resolví seguir viaje y tomar el Estrecho. El Sábado a las 6 PM. avistamos el faro Dúngeness y Vírgenes; puse rumbo a Dúngeness a fin de anunciar nuestra llegada. Una vez cerca de éste vi que era imposible enviar bote a tierra debido al fuerte viento del W y mar gruesa por lo cual continué viaje fondeando sin novedad y trayendo los 22 náufragos. A las 10.30 AM zarpé con rumbo a ésta, fondeando sin novedad a las 11.30 AM en este puerto. Me permito hacer presente a US., de que esta comisión se llevó a feliz término por la eficaz cooperación de los Oficiales que me acompañaban, del encargado de la Contabilidad que cooperó con entusiasmo para poder atender debidamente a las 29 personas que se arranchaban en la cámara de Oficiales, que por su poca comodidad se hacía difícil su atención y otro tanto puedo decir a US., del encargado de las máquinas que en todo momento se encontró en su puesto y cumplía fielmente las órdenes impartidas. Respecto de la tripulación, que en su mayor parte era del Yáñez
y que acompañó voluntariamente, su entusiasmo y celo en el servicio
es digno de encomio i se ha hecho acreedora a la felicitación de sus
jefes. Nómina del personal náufrago, que formaba parte de la expedición de Sir Shackleton, el cual venía en la escampavía Yelcho de isla Elefante: 1. Sir Ernest Shackleton Nómina del personal que forma parte de la dotación del
Escampavía Yelcho, en el viaje efectuado a la isla Elefante, para el
salvamento de los náufragos de la expedición Sir Shackleton: Adjunto tengo el honor de elevar a la consideración de US., el parte pasado por el Piloto 2º Sr. Luis A. Pardo V., Comandante de la Escampavía Yelcho, sobre su viaje a isla Elefante en auxilio de los náufragos de la expedición Shackleton, acompañando una relación del personal salvado y otra del que formaba la tripulación del Yelcho. Al elevar a US., el parte citado, me hago un deber en recomendar calurosamente a la consideración de US., la forma altamente satisfactoria en que este Oficial ha cumplido tan difícil comisión, demostrando en todo momento gran entusiasmo, energía y una preparación profesional digna de todo encomio, según se ha servido expresármelo verbalmente Sir Ernest Shackleton, quien se muestra agradecidísimo por el auxilio prestado y por la forma en que el Piloto Pardo desempeño su difícil cometido. Al felicitar a US., sinceramente por el feliz éxito de esta
expedición, que pone tan en alto, ante el mundo entero, el buen
nombre de nuestra Marina, me permito insinuar a US., la idea, que
como justo premio a sus servicios se le conceda al Piloto Pardo el
ascenso a Piloto 1º ya que es el primero del Escalafón con sus
requisitos
cumplidos y con seis años en el grado. A mediados de septiembre la Yelcho abandonó Punta Arenas para
dirigirse a Valparaíso, llevando a bordo a Shackleton y a los
miembros de la expedición inglesa. La Armada y el pueblo de
Valparaíso les dio una calurosa bienvenida; no era para menos, se
había llevado a cabo con todo éxito una de las comisiones más
peligrosas que puede cumplir un buque de guerra en tiempos de paz.
Entre la autoridades y funcionarios que recibieron a Pardo en
Valparaíso, le correspondió hacerlo al entonces Capitán de Corbeta
Sr. Benjamín Barros Merino, mi padre. Notas finales. |
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SHACKLETON VERSUS PARDO Por
Alfonso M. Filippi Parada * En un principio se pensó que esa postura obedecía a una política de negación de cualquier merecimiento que mejorara la posición chilena en cuanto al reconocimiento de sus derechos en la Antártica. Sin embargo, el mantenimiento de la misma postura con posterioridad al Tratado Antártico, lo que no tendría ningún sentido, nos lleva a pensar que ella no haya sido la verdadera causa. Tal vez haya sido un no muy bien entendido orgullo británico o tan sólo un tratamiento que se ha venido haciendo tradicional hacia sus eventuales amigos. En el ánimo de contribuir a reparar esta omisión, repasemos la historia, colocando el énfasis en aquella parte que las narraciones sajonas omiten. Los protagonistas.
Sir Ernest Henry Shackleton nació en Kilkee, Irlanda, en 1874, y tomó
parte en cuatro
expediciones polares antárticas. La primera vez, entre 1901 y 1904, a
bordo del Discovery,
con el capitán Robert Falcon Scott, RN, llegó a 178 kilómetros del polo
Sur, aunque con la
mala suerte de haber sido afectado por el escorbuto. La segunda, entre
1907 y 1909, como
teniente de la real reserva naval, al mando de su propia expedición, a
bordo del Nimrod, llegó
La Expedición Imperial Transantártica. En su desplazamiento hacia el sur, el buque hizo escalas, entre otras, en Buenos Aires, donde completó su aprovisionamiento, y en la isla Georgia del Sur, una posición subantártica del Reino Unido habitada por una comunidad de balleneros noruegos. La expedición zarpó, el 5 de diciembre de 1914, desde la estación ballenera noruega Grytviken, en la Georgia del Sur, hacia el mar de Weddell. El día 7 entró en los hielos. Después de seis semanas de navegación entre los hielos, la nave había
avanzado más de 800
millas hacia el sur y sólo le faltaba una singladura para llegar a su
destino, la bahía Vahsel.
El año 1915 fue extremadamente frío en la Antártica, con la consiguiente
mayor intensidad
glaciar, por lo que para el 18 de enero los hielos ya tenían rodeado al
barco. Un descenso drástico de la temperatura congeló el agua y el buque
quedó aprisionado por los hielos. A
partir de ese instante y llevada por los hielos, la nave inició un
desplazamiento, inicialmente
hacia el occidente y luego hacia el norte.
El 27 de octubre, la masa congelada aplastó al Endurance, por lo que la
tripulación debió El Endurance se hundió, definitivamente, el 21 de noviembre. Finalmente, el 9 de abril de 1916, pudieron lanzar al agua los tres botes: el James Caird, el Dudley Dockery el Stancomb Wills, que llevaban los nombres de los patrocinadores de la expedición. En ellos se embarcaron los 28 hombres y las provisiones, y pusieron proa hacia la isla Elefante. El 15 de abril, los botes llegaron a los roquedales de la isla Elefante, en el extremo oriental de las islas Shetland del Sur, y allí desembarcaron, después de 497 días en los que no habían pisado tierra firme, y establecieron su campamento en el lado norte de la isla. El viaje del James Caird.
El "James Caird" y la despedida de los náufragos
El viaje del James Caird fue todo lo penoso que se pueda imaginar. El 10 de mayo, después de 17 días y 10 tempestades, arribaron a la bahía del Rey Haakon, en la Georgia del Sur, aunque aún estaban a unas 130 millas por mar de su destino, las plantas balleneras noruegas. Shackleton decidió que Worsley, Crean y él cruzarían la isla por tierra, hasta la bahía Stromness, a tan sólo 35 kilómetros en línea recta. Partieron el 19 de mayo, a las 03:00 horas. El 20 de mayo, a las 06:30 horas, escucharon el silbato de la factoría ballenera. Siguieron caminando y a las 15:00 horas llegaron a las afueras de la estación ballenera Stromness. El capataz que los recibió, los llevó a la casa del administrador, el noruego Thoralf Sørlle, a quien habían conocido dos años antes. Al mismo tiempo, enviaron a buscar a McNish, Vincent y McCarthy. El primer intento, con el ballenero Southern Sky. Catcher ballenero en Georgias, similar al Southern Sky El segundo intento, con el pesquero Instituto de Pesca N° 1. Instituto de Pesca Nº 1, tripulado por oficiales y personal del Cuerpo de Equipaje de la Armada del Uruguay, zarpó en Junio de 1916 hacia Isla Elefante, sin poder llegar a los náufragos. Apremiado por el tiempo, Shackleton no dejó resorte sin tocar. El cable y el telégrafo sin hilos vibraron con su patético llamado. El gobierno inglés determinó alistar el Discovery, el mismo de Scott; el gobierno noruego ofreció el Fram, el mismo de Amundsen; el gobierno estadounidense preparó el Roosevelt. Pero no había tiempo para esperar por esas naves, ya que antes llegaría el invierno austral. Hasta la corbeta Uruguay fue solicitada al gobierno argentino, pero la vieja nave ya había sido dada de baja y eliminada del servicio. El tercer intento, con la
goleta lobera Emma. En Punta Arenas, con la ayuda de la colonia británica residente,
Shackleton contrató a la
goleta lobera chilena Emma, de 70 toneladas, tercera nave con la cual
intentó un nuevo,
aunque también infructuoso, viaje de rescate. La Emma, gobernada por el
piloto 2° León
Aguirre Romero, chileno, zarpó desde Punta Arenas al mediodía del 16 de
julio, llevando a
Shackleton, Worsley y Crean. En la primera parte de su viaje, la Emma
fue escoltada y
remolcada por la Yelcho, al mando del piloto 2° Luis Pardo y con el
piloto 2° Onofre García
como guardiero. El objetivo de este remolque, que se extendió hasta
dejar a la goleta en
aguas libres, cerca de la latitud 60° S, fue ahorrar combustible, para
así aumentar la distancia
franqueable de la nave. El cuarto intento, con la escampavía Yelcho.
El Yelcho Esta era una nave relativamente vieja, construida en Glasgow en 1906, que había sido adquirida a la "Compañía Yelcho y Palena" en 1908. Tenía un porte de 480 toneladas, con una máquina con fuerza nominal de 64 HP y efectiva de 300 HP, que la impulsaba a 11 nudos, con una caldera cilíndrica a carbón, de 120 libras, que no había sido recorrida desde diciembre de 1913; no tenía calefacción, ni alumbrado eléctrico, ni radio, ni doblefondos y tenía las bordas bajas. Enviarla a la Antártica era, simplemente, una audacia. El único atributo que podía exhibir para cumplir su misión, era la calidad, pericia y coraje de su gente. El buque fue alistado con la mayor urgencia posible, con lo que había disponible. El comandante titular de la Yelcho, era el piloto 1° Francisco Miranda B., quien se encontraba enfermo, por lo que fue necesario reemplazarlo. Considerando lo potencialmente peligrosa que era la misión, el Apostadero Naval decidió llamar voluntarios. El primero que se presentó, fue el piloto Pardo. Frente a su determinación inexorable, a la reciedumbre de su expresión y a la seguridad de su voz, el mando naval pudo darse cuenta de que en presencia de ellos se hallaba un hombre de carácter. Porque, en verdad, el piloto Pardo no se propuso: se impuso. Desplegó las cartas de navegación, determinó la ruta y, enseguida, como si ya estuviese aceptado para el puesto de comandante de la Yelcho, manifestó que él escogería a los hombres que habían de acompañarlo en la aventura. No procedía sino transbordarlo, desde la Yáñez a la Yelcho. Lo secundaba el piloto Aguirre, que acababa de regresar del viaje de la goleta Emma. También se reforzó la marinería, reemplazando, el día 24, con sus similares de la Yáñez, que voluntariamente quisieron formar parte de la expedición, a tres cabos primeros fogoneros y cuatro guardianes primeros, todos del Territorio Marítimo, y agregando a un mecánico primero, procedente del pontón. Finalmente, se embarcaron Shackleton, Worsley y Crean, quedando todo listo para zarpar. El viernes 25 de agosto, a las 00:15 horas, la Yelcho zarpó desde Punta Arenas hacia la isla Picton. En los rostros endurecidos de sus tripulantes se adivinaba la certidumbre del triunfo. Al amanecer, se tomó el canal Magdalena y luego los demás canales y pasos, hasta fondear en el puerto Burne, a las 17:00 horas. El sábado 26, a las 06:30 horas, se retomó el viaje, en buenas condiciones de tiempo hasta fondear en Ushuaia, a las 17:00 horas. En ese puerto, desembarcó Sir Ernest con sus dos compañeros, Worsley y Crean, los que recibieron muchas atenciones en tierra y regresaron muy satisfechos a bordo. El domingo 27, a las 06:30 horas, la Yelcho zarpó con rumbo a la isla Picton, donde fondeó sin novedad a las 11:15 horas. Se desembarcó una partida de hombres a cargo de un guardián, comenzando de inmediato la faena de carbón desde la carbonera de la Armada; se embarcaron 300 sacos de carbón, con los que se rellenaron las carboneras del buque, dejando el resto en cubierta. La capacidad de carbón de la nave era de 52 toneladas en carboneras y 20 toneladas en cubierta. El lunes 28, a las 03:30 horas, se puso término a la faena de carbón, zarpando inmediatamente hacia alta mar, aprovechando que el tiempo era muy bueno y que el barómetro se mantenía muy alto y firme. Durante el día se navegó a diez nudos constantes, con tiempo inmejorable; el barómetro continuó alto y el viento fresquito del SW. Al medio día se hicieron las observaciones astronómicas correspondientes a la meridiana, y se continuó el viaje sin necesidad de alterar el rumbo. A unas 60 millas del cabo de Hornos, se encontraron con los primeros grandes témpanos. La noche se presentó estrellada y el horizonte bastante claro; la lectura del barómetro se mantuvo por sobre los 762 milímetros, la del termómetro en los 3° C. y la corriente estable del SE. El martes 29, la navegación se continuó desarrollando en las mismas condiciones de tiempo que el día anterior. Después de las observaciones astronómicas del mediodía, comprobaron que no era necesario alterar el rumbo. A las 17:00 horas, la nave entró en la peligrosa zona de las neblinas, las que por lo general son permanentes en esa región, aunque se corren según la dirección del viento, dejando siempre algunos minutos de claridad, con lo cual el horizonte visible puede llegar a ser de 2 a 5 millas. Los ojos de Pardo, como el filo de una navaja, cortaban la neblina para adentrarse en los dominios del horizonte. A unas 150 millas de la isla Elefante, la pequeña nave se vio envuelta en una neblina tan espesa, que tuvo que seguir navegando a ciegas, en inminente peligro de ser aplastada por los gigantes de hielo. Pardo gobernó guiado solamente por su instinto de avezado marino, aunque no pudo impedir que algunos témpanos golpearan a su buque. Pero, como no era cosa de preocuparse de planchas más o planchas menos estropeadas, Pardo siguió adelante. Hasta que la niebla se disipó. Entonces, pudo darse cuenta de que el pack había retrocedido, dejando expedita la ruta hacia el sur. Sin embargo, como en el invierno antártico todo es inseguro, nuevas nieblas no tardaron en envolver a la audaz navecilla. A las 23:30 horas, la niebla era espesa y constante, por lo cual hubo de disminuir el andar a tres nudos y establecer vigilancia especial. La temperatura fue bajando continuamente, a la media noche era de 9° a 10° C bajo cero; por su parte, la corriente se mantenía en la misma dirección. El rescate de los náufragos. Mientras tanto, en la isla Elefante, casi cinco meses después de la partida del James Caird, el amanecer de ese 30 de agosto estaba despejado y frío. La reserva de alimentos había empezado a disminuir de manera inquietante. Los dos cirujanos de la expedición habían operado el pie, quemado por e frío, del polizón Perce Blackborow, y se le había infectado el hueso, de modo que su estado de salud era grave. Desde el arribo a la isla, Blackborow se había mantenido, sin lamentarse, dentro de su empapado saco de dormir. Con discreción, Frank Wild había empezado los preparativos para planear su propio rescate. Navegando con precauciones extremas, el piloto Pardo pudo al fin abordar los hielos que cercaban a la isla. Se reforzó la vigilancia en todo el buque para avistar a tiempo los témpanos, que en forma de neblina negruzca y con doble altura se vislumbraban por la proa y el costado, debido a la neblina y a la refracción solar combinadas. A las 08:00 horas se toparon con los primeros témpanos, pequeños; a las 09:30 horas con los grandes témpanos; y a las 10:40 horas distinguieron los primeros rompientes del extremo norte de la isla Elefante; a las 11:10 horas, reconocen las rocas Seal -rocas Lobo, como se les llamaba en la época- a 2,5 millas de distancia aproximadamente. A las 12:30 horas, llegaban a la isla Elefante.
En el campamento terrestre, a las l3:00 horas, Frank Wild se estaba sirviendo un hoosh, guiso en base de lapas recogidas en los pozos durante la bajamar, cuando George Marston, el dibujante y pintor de la expedición, asomó su cabeza, excitado, al interior del refugio que habían establecido debajo de los dos botes que quedaban. “Wild, divisamos un barco -dijo-. ¿Encendemos una fogata?” Antes de que Wild pudiera contestar, se produjo una estampida en la que los náufragos caían unos encima de los otros -como testimonió Orde-Lees-, debido a que cada cual, en completo desbarajuste y con sus pocillos de comida en las manos, se abalanzaron a un mismo tiempo hacia el boquete que hacía las veces de entrada, el que ciertamente arrasaron. Los hombres pudieron observar que el misterioso barco se estaba aproximando. Y se asombraron al ver que izaba la bandera chilena. La Yelcho continuó rodeando la isla, navegando entre muchos témpanos, con neblina arrastrada y refracción solar, con un horizonte visible de 1 a 1,5 millas, todos los tripulantes vigilando a proa, oteando por el campamento de los náufragos. A las 13:30 horas, con gran regocijo de todos, se avistó a los náufragos, que estaban ubicados en una depresión, teniendo por un lado un gran ventisquero y, por el otro, unos notables picos nevados, muy característicos en esa isla.
Al acercarse la Yelcho al punto señalado, podía oírse el ruido de las
manifestaciones de
regocijo y los gritos de hurra de los náufragos. La Yelcho se mantuvo
sobre las máquinas.
A menos de 150 metros de la costa, el buque arrió una chalupa, la
grande, la que Pardo
mandó a tierra con Shackleton, Crean y cuatro tripulantes chilenos.
Entonces los náufragos
reconocieron, primero, la figura robusta de Shackleton y, luego, la de
Crean, que fueron
recibidos por ellos con entusiasmo indescriptible y grandes aclamaciones
de júbilo, en medio
de vivas y de un agitar de trapos de un color indefinible. Al regresar
al buque el primer viaje
de la chalupa, traía a la mitad de la gente y algunos bultos; los
náufragos aclamaron a Chile y
a su gobierno. Enseguida se escucharon algunos verdaderos vítores,
recordó el marinero
canadiense William Bakewell. El segundo viaje de la chalupa, que fue por
el resto de la El fotógrafo Frank Hurley llevaba los botecitos con las placas y películas que había ocultado en la nieve. Una hora después de haber llegado la Yelcho, toda la tripulación del Endurance que se encontraba en la isla Elefante, así como sus pocas pertenencias, estaban embarcadas a bordo de la nave. Así registró el piloto Aguirre León, en el libro bitácora de la Yelcho,
lo ocurrido en esa
hora: “2. 10. ¡Todo bien!”, anotó Frank Worsley en su cuaderno de bitácora. Había estado observando desde el puente. “¡Al fin! 2:15, ¡adelante a toda máquina!” A las 14:25 horas se dio rumbo al norte. A las 14:45 horas se echó la corredera al agua. La neblina continuaba. A las 16:00 horas, con rumbo N60W y corredera 13, estaban a la cuadra de las rocas Seal y a dos millas de distancia. En el cuarto de guardia de 20:00 a 24:00 horas, navegaron con brisa moderada del NW, marejada del W, cielo despejado y horizonte nebuloso. A las 21:00 horas salieron de la zona peligrosa, siempre con neblina, barómetro alto y temperatura baja. El piloto Pardo y sus hombres habían rescatado a los 22 náufragos británicos de la isla Elefante, en pleno invierno austral, y con su coraje y pericia, habían escrito una página brillante en la historia de la Armada y de Chile. El jueves 31 se inició con tiempo claro y despejado, con chubascos de nieve a intervalos. A partir de las 04:00 horas, les acompañó una brisa ligera, nubes bajas y obscuras, neblina a ratos y marejada del W. A las 20:00 horas, el viento rondó al NW y el barómetro comenzó a bajar. Durante la noche, la mar se puso gruesa, resolviéndose en un mal tiempo que molestó bastante y que les acompañó hasta la entrada del estrecho de Magallanes. El viernes 1 de septiembre, la neblina impidió a la nave tomar el canal Beagle, por lo que Pardo resolvió seguir viaje hacia el norte y tomar el estrecho de Magallanes. El sábado 2, a las 18:00 horas, avistaron el faro Dungenes y Vírgenes; pusieron rumbo hacia el primero, a fin de anunciar su llegada por telégrafo, aunque una vez cerca del faro vieron que era imposible enviar el bote a tierra, debido al fuerte viento del W y mar gruesa, por lo cual la Yelcho siguió su viaje. El domingo 3, a las 16:00 horas, la Yelcho fondeó en Río Seco, desde donde pudo anunciar, al comandante en jefe del Apostadero Naval de Magallanes, su arribo sin novedad, trayendo a los 22 náufragos sanos y salvos. El lunes 4, a las 10:30 horas, la Yelcho zarpó con rumbo a Punta Arenas, fondeando sin novedad a las 11:30 horas. El recibimiento en Punta Arenas. La llegada de la Yelcho a Punta Arenas, constituyó un acontecimiento
popular. En la
ciudad se había vivido la tragedia de Shackleton y se conocían los
pormenores de las penurias
padecidas por aquellos seres, que subsistieron diez meses aguantando las
más rigurosas
privaciones. Se había vivido un ambiente de angustia por el desenlace de
la expedición de la
Yelcho y porque ésta pudiera llegar oportunamente a recuperar a esos
náufragos vapuleados Hubo formación de las instituciones públicas y privadas que querían demostrar su alegría. La colonia británica en masa se agolpó en el muelle, junto a las autoridades. Las familias se disputaron a los náufragos, para vestirlos y agasajarles. El piloto Pardo, en su acostumbrada sencillez, parecía como temeroso de merecer los justos agasajos con que la población de Punta Arenas lo recibiera triunfalmente. Luego siguieron las fiestas, incluyendo una de etiqueta que las autoridades ofrecieron en el hotel y en la que los comensales hacían que los expedicionarios les firmaran autógrafos en las pecheras de sus trajes de etiqueta. Todos querían agasajarlos. Shackleton, emocionado por la abnegación y valentía sin igual de sus salvadores, y que el mismo día de la recalada a Punta Arenas envió al Almirante Muñoz Hurtado, el siguiente radiograma: "Me es imposible expresarle mis más profundos sentimientos de gratitud por todo lo que ha hecho por nosotros. Le escribo. Shackleton”. Y el almirante contestó: “Sírvase recibir sinceras congratulaciones por el feliz resultado (de la) empresa debido enteramente a su constancia y decidido empeño. La Armada chilena ha recibido la noticia del salvamento de los marinos ingleses como si se tratara de nuestra propia gente. Muñoz Hurtado”. La misión se había cumplido con éxito y tuvo un mérito especial, si se tiene en cuenta la fragilidad del buque y sus precarios medios para afrontar una aventura en los mares antárticos en pleno invierno. Pardo obró con tino e inteligencia. Sus determinaciones durante la navegación, fueron sabias y oportunas, y supo aprovechar las circunstancias favorables del tiempo, con habilidad y decisión. El martes 5, como comandante de la escampavía Yelcho, Pardo cumplió con
su deber
reglamentario de presentar su parte de viaje al Comandante en Jefe del
Apostadero de
Magallanes. En él, entre otras cosas, decía: "Me permito hacer presente
a US. que esta
comisión se llevó a feliz término por la eficaz cooperación de los
oficiales que me
acompañaban, del encargado de la contabilidad que cooperó con entusiasmo
para poder
atender debidamente a las 29 personas que se arranchaban en la cámara de
oficiales, que por
su poca comodidad se hacía difícil su atención, y otro tanto puedo decir
a US. del encargado
de las máquinas, que en todo momento se encontró en su puesto y cumplía
fielmente las
órdenes impartidas. Respecto a la tripulación, que en su mayor parte era
del “Yáñez”
acompañó voluntariamente, su entusiasmo y celo en el servicio es digno
de encomio y se ha El miércoles 6, el comandante en jefe del Apostadero de Magallanes elevó el parte del viaje al Director General de la Armada, diciendo: “me hago un deber en recomendar calurosamente a la consideración de US. la forma altamente satisfactoria en que este oficial ha cumplido tan difícil comisión, demostrando en todo momento gran entusiasmo, energía i una preparación profesional digna de todo encomio, según se ha servido expresármelo verbalmente Sir Ernest Shackleton, quien se muestra agradecidísimo por el auxilio prestado y por la forma en que el piloto Pardo desempeñó su difícil cometido. Al felicitar a US. sinceramente por el feliz éxito de esta expedición, que pone tan en alto, ante el mundo entero, el buen nombre de nuestra Marina, me permito insinuar a US. la idea, que como justo premio a sus servicios, se le conceda al piloto Pardo el ascenso a Piloto 1°, ya que es el primero del escalafón con sus requisitos cumplidos y con seis años en el grado”. El jueves 7, el Director General de la Armada cursó el decreto de ascenso de Pardo a Piloto 1° le hizo llegar sus felicitaciones. Informado el escalón gobierno, también hizo llegar sus felicitaciones por intermedio del Ministro de Marina. El recibimiento en Valparaíso. La Yelcho llegó a Valparaíso el 27 de octubre y entró con empavesado, siendo saludada por todas las naves de la escuadra, con sus tripulaciones formadas en cubierta, y en medio de un enjambre de embarcaciones menores que la escoltaron hasta el fondeadero y de un ruido ensordecedor de pitos y sirenas. En el muelle, Sir Ernest y el piloto Pardo eran esperados por el Intendente de la provincia, don Aníbal Pinto, y por el Alcalde, Vicealmirante don Jorge Montt, quienes recibieron a ambos en medio de los vivas populares de una multitud de vecinos. Por último, ambos personajes, de singular celebridad, fueron recibidos por el Presidente de la República, don Juan Luis Sanfuentes. Allí aprovechó Shackleton de agradecer el auxilio prestado por Chile. Reconocimientos. Pardo recibió las siguientes distinciones especiales: medalla de la Ilustre Municipalidad de Punta Arenas; medalla del Cuerpo de Salvavidas de Valparaíso; medalla de la Sociedad de Historia y Geografía; medalla de la Liga Marítima de Chile; y medalla de la Liga Patriótica de Chile. Por su parte, la Escuela de Mecánicos entregó una distinción al maquinista de cargo de la Yelcho, maquinista mayor José Beltrán Gamarra, en un acto realizado el sábado 30 de septiembre de 1916. Pardo sirvió tres años más en la Armada y se acogió a retiro en 1919. Se publicó que con cortesía, pero con firmeza, rechazó un obsequio de 25.000 libras esterlinas, que le habría ofrecido el gobierno británico. Estimó que no era acreedor a ese premio porque, como marino de Chile, sólo había cumplido con su deber en una misión que le había sido encomendada. Aceptó solamente las medallas ya señaladas. El gobierno chileno lo nombró Cónsul de Chile en Liverpool. Sir Ernest Shackleton, por su parte, fue premiado por la Real Sociedad Geográfica con la medalla especial de oro, de la que fueron concedidos modelos semejantes en lata a varios otros miembros de su expedición. Fue nombrado caballero, con ocasión del cumpleaños del rey, y se le concedió un premio en efectivo de 20.000 libras esterlinas, que él si recibió. En 1909, publicó una obra titulada “The heart of the Antarctic” y, en 1920, otra titulada “South, the story of Shackletons last expeditíon”. Carente de dinero, sin empleo y frustrados ya sus sueños, Shackleton partió nuevamente al sur, en 1921. John Q. Rowett, un antiguo y amistoso compañero de colegio en Dulwich, subvencionó esta nueva expedición, en el Quest, un navío algo desmirriado. No estaba claro cual era la intención de esta expedición, pues los planes iban desde circunnavegar la Antártica, hasta buscar el tesoro del capitán Kidd. No importaba; lo que interesaba a Sir Ernest, era retornar al austro. El 4 de enero de 1922, el Quest llegó a Grytviken, en la Georgia del Sur. Allí, los balleneros noruegos recibieron calurosamente a Shackleton. Después de un tranquilo día en tierra, el viajero regresó a su barco para cenar, les dio las buenas noches a sus amigos, se retiró a su camarote... y murió, la causa fue un infarto masivo. Tenía 47 años de edad. Fue sucedido en el mando por su inseparable Frank Wild. Al enterarse de la muerte de su esposo, Emily Shackleton pidió que se le sepultara en la Georgia del Sur. Su cuerpo aún descansa en el cementerio de esa isla, entre los balleneros, que tal vez fueron quienes mejor apreciaron sus logros. Trece años después, el teniente 1° piloto (R) Luis A. Pardo Villalón falleció en Santiago, víctima de una bronconeumonía, el 21 de febrero de 1935, a los 54 años de edad. Conclusión. No obstante, los historiadores sajones no han sido equitativos. En vano se buscarán los nombres del piloto Luis Pardo y de su buque, la Yelcho, en las crónicas británicas y estadounidenses de la expedición de Shackleton. En las raras ocasiones en que esos relatos llegan a mencionar el detalle de que fue un buque chileno el que efectuó el salvamento, lo hacen en forma tal, que dejan la impresión de que ese barco habría sido alquilado por Shackleton, quien sin ninguna ayuda chilena habría podido socorrer a sus compañeros; o, que ese buque habría sido facilitado a Shackleton, quien habría dirigido toda la operación. Pero no se encontrará en esas crónicas, expresado con claridad meridiana, el hecho incontrovertible de que fue una nave de la Armada de Chile, dirigida exclusivamente por su comandante, el piloto Luis Pardo, llevando a Shackleton, Worsley y Crean sólo como pasajeros, la que realizó la humanitaria proeza de rescatar sanos y salvos a los integrantes de la Expedición Imperial Transantártica de Shackleton. Como dijimos al inicio, resulta curioso comprobar que la contundente
participación chilena
haya sido sistemáticamente ignorada o, cuando más, minimizada a no más
de un par de
mezquinas líneas de equívoca redacción. Tal es el caso de la más
reciente crónica que ha
llegado a nuestras manos, debida a la pluma de Caroline Alexander, que
en veinte páginas
dedicadas al tema, no nombra al piloto Pardo “ni una sola vez”, ni
siquiera menciona la Hace falta investigar la causa de esta actitud; determinar si es sólo el orgullo británico que se resiste a aceptar que los discípulos chilenos de la Royal Navy, en esta especial circunstancia, hayan podido más que su maestra, o tan sólo un tratamiento que empieza a hacerse habitual de parte del león británico hacia sus eventuales amigos. INTEGRANTES DE LA EXPEDICION IMPERIAL
TRANSANTARTICA DE 1914-16 BIBLIOGRAFIA |
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