Historia y Arqueología Marítima

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La agresión a la flota francesa en Mers-el-Kebir

Enviado por Osvaldo Sidoli- Sept. 2007 tomado de diversos sitios web.

     

 La marina franco-británica

            Durante la segunda guerra mundial, al iniciarse las hostilidades, la actividad de la marina francesa pronto se centró en la consecución de un doble objetivo: la protección del comercio marítimo nacional y la intercepción de los corsarios alemanes.

            A partir del 1º de septiembre de 1939, el Almirantazgo francés ya había suspendido previsoramente todas las partidas de los buques mercantes, pero al día siguiente, ante la postura de neutralidad asumida por Italia, procedió a restablecer la navegación en el Mediterráneo, donde el tráfico costero pudo proseguir casi sin obstáculos.

            En lo referente al peligro representado por los corsarios alemanes, tanto de superficie como submarinos, revistieron especial relieve los acontecimientos de finales de septiembre de 1939, cuando un importante convoy, del que formaban parte varios buques petroleros, zarpó desde las Antillas con destino a Francia y Gran Bretaña.

            En espera de una formación británica que debía asumir su protección en la proximidad de aguas europeas, la travesía debía ser custodiada por el gran crucero-submarino “Surcouf”, de 3.314 toneladas en superficie, armado con dos piezas de 203/50 mm y que embarcaba un hidroavión de reconocimiento Besson MB 411; pero debido a las adversas condiciones atmosféricas el “Surcouf” perdió contacto con el convoy y éste fue atacado por un grupo de submarinos alemanes, que lograron hundir siete buques, cuatro de ellos franceses.

El submarino-crucero francés “Surcouf”

            Otra amenaza que los anglo-franceses tuvieron que afrontar en los primeros tiempos de la guerra fueron las minas magnéticas alemanas. Al principio, los hundimientos causados por éstas fueron atribuidos erróneamente a ataques con torpedos.

            Para tratar de hacer frente a la situación, en noviembre de 1939 Wiston Churchill, acompañado por el primer lord del Mar, el almirante sir Dudley Pund, se trasladó a Francia a fin de conferenciar con el almirante Darlan, jefe del estado mayor de la marina francesa. Para los británicos, el punto esencial era la utilización, a fin de neutralizar a los corsarios de superficie alemanes, de los veloces buques de batalla franceses “Dunkerque” y “Strasbourg”, teniendo en cuenta que la entrada en servicio de los “King George V” no estaba prevista antes de 1941. Por consiguiente, se depositaba gran confianza en los “Dunkerque”, que la no beligerancia italiana permitía mantener en el Atlático, asi como en el “Richelieu”, entonces en alistamiento, y el “Jean Bart”, todavía en construcción.

            La respuesta de Darlan a las peticiones británicas fue plenamente afirmativa; por su parte, los británicos se apresuraron a suministrar varios cazasubmarinos dotados de asdic, para permitir a la industria francesa compensar el retraso tecnológico que habían acumulado en este sector específico. Poco después, los británicos solicitaron que los submarinos franceses escoltaran los convoyes transatlánticos que se formaban en Halifax, y asimismo se asignó a los buques franceses la protección de los convoyes británicos con rumbo a Sierra Leona y ciudad Del Cabo, así como los mediterráneos.

            Algunas grandes unidades francesas participaron también en misiones de escolta, como el acorazado “Lorraine”, que, acompañado por dos cruceros transportó un cargamento de oro a Halifax, escoltando después, en el viaje de regreso, un grupo de buques mercantes cargados de aviones norteamericanos (noviembre de 1939). También el “Dunkerque” se desplazó hasta Canadá para dispensar su protección a un convoy de tropas y transportar al mismo tiempo otro centenar de toneladas de oro. El transporte del oro, además del que se efectuó en los dramáticos momentos de la invasión de Francia, sería una misión que la marina francesa aseguraría también en el futuro, hasta poner a salvo más de un millar de toneladas del precioso metal, entre ellas 78 de oro polaco.

            Tras una serie de misiones en vana búsqueda de los corsarios de superficie alemanes, fueron los resultados poco halagüeños de la campaña de Noruega los que condujeron a una reelaboración de la estrategia común franco-británica y a una potencial incomprensión entre los aliados.

            El esfuerzo francés en Noruega fue notable, con el envío de dos divisiones ligeras (25.000 hombres), 1.200 cuadrúpedos, 1.700 vehículos, 170 cañones y 12.000 toneladas de material diverso. Por su parte la marina empleó dos cruceros ligeros, seis destructores (entre los que se registró la pérdida del “Maillé Brézé” y del “Bison”), cinco torpederos, seis cruceros auxiliares, tres petroleros de escuadra, dos buques taller, dos patrulleros y un buque hospital. Además, siguiendo órdenes directas del Almirantazgo británico, que por su parte hubiera deseado mayor contribución, operaron también la octava división de destructores (“Le Malin”, “L’Indomptable” y “Le Triomphant”, unidades todas ellas de la clase “Le Fantasque”), tres divisiones de submarinos (en total trece unidades) y dos buques de apoyo y abastecimiento.

            A pesar de las fuertes pérdidas sufridas por la marina alemana, la situación estratégica general había variado por completo. Ahora, para los aliados, no se trataba ya solo de atajar la amenaza de los corsarios alemanes, sino también de cerrar el paso hacia el Atlántico a las grandes unidades de superficie enemigas. La creciente preocupación de los aliados condujo, pues, a una redistribución de las misiones de las diversas escuadras francesas.

            Darlan, ante la posible entrada de Italia en la contienda, propuso que la marina francesa asumiera la vigilancia del Mediterráneo occidental, librando así de este cometido a los buques del almirante sir Dudley Noth, que desde Gibraltar tenía a su  mando el sector del Atlántico norte y la zona mediterránea más allá del estrecho. Por otra parte, los franceses accedieron a colocar bajo las órdenes de sir Andrew Cunningham, comandante de la Mediterranean Fleet, con base en Alejandría, la escuadra del almirante Godfroy, constituida por tres acorazados, tres cruceros pesados y dos destructores. La formación naval francesa más potente, la “Force de Raid” del almirante Grensoul, fue enviada del Atlántico al Mediterráneo, y arribó a la base naval argelina de Mers-el-Kebir (a seis kilómetros de Orán) el 27 de abril de 1940.

La invasión de Francia

            La ofensiva alemana, desencadenada el 10 de mayo de 1940, llevó, con sus rapidísimos progresos, a una situación en la que –considerando una próxima entrada de Italia en guerra junto a Alemania- resultaba indispensable modificar la distribución de las fuerzas navales francesas en el Mediterráneo. Dejando en Tolón la primera división de cruceros (“Algérie”, “Foch”, “Dupleix”, “Colbert”), la tercera división de cruceros (“Marseillase”, Jean de Vienne”, “La Galissonière”) se trasladó a Orán. Por otra parte, reforzada la Mediterranean Fleet con nuevas unidades, los buques de batalla “Bretagne” y “Provence” se desplazaron de Alejandría a Mers-el-Kebir.

            En el supuesto de una intervención italiana casi segura, la marina francesa había planificado las siguientes operaciones iniciales: bombardeo de los depósitos de carburante y otras instalaciones industriales en el golfo de Génova (operación “Vado”), e incursiones en el Tirreno, en aguas de Sicilia y en el Dodecaneso, a cargo respectivamente, de las unidades con base en Tolón, Bizerta y Alejandría.

            La demora de Italia en su entrada en la contienda dio tiempo a los franceses para reforzar la protección de los buques de tolón, con nuevas baterías antiaéreas y varias escuadrillas de caza de la RAF. Cuando, a las cero horas del 11 de junio, Italia entró oficialmente en guerra al lado de Alemania, se dio inmediatamente luz verde a la operación “Vado”; sin embargo, ésta hubo de aplazarse hasta el 14 de junio.

            La incursión en agua ligures la realizaron los cruceros del almirante Duplat (“Algérie”, “Foch”, “Dupleix” y “Colbert”) subdivididos en dos grupos, cada uno con la escolta de varios destructores. Un primer grupo formado por el “Algérie” y el “Foch”, apoyados por seis destructores, atacó hacia las 0430 los depósitos de petróleo de Vado, la siderúrgica de Savona y las baterías costeras.

            La reacción de la artillería costera italiana fue a su vez contundente; pero el peligro para los buques franceses vino representado por la 13ª flotilla MAS (MAS-539, MAS-535,  MAS-534 y MAS-538), que se encontraba a unas cuatro millas a levante del islote de Bergeggi. El ataque, aunque no caus> daños a las unidades francesas, las obligó a distanciarse.

            La incursión contra Génova fue realizada por el “Dupleix” y el “Colbert”, que apoyados por cinco destructores concentraron su fuego contra la zona industrial de la ciudad y las baterías costeras. La réplica italiana afectó al destructor “Chacal”, que, alcanzado por un proyectil de 152 mm, tuvo diez bajas a bordo, pero tras una breve interrupción volvió a entrar en liza. En cuanto a las unidades italianas, solo se registró la intervención del viejo torpedero “Calatafimi”, cuya acción no obtuvo ningún resultado. Prescindiendo de los escasos daños inflingidos y sufridos, la incursión francesa en el golfo de Génoca surtió el efecto de elevar la moral, ya muy baja, de las tripulaciones francesas.

            Tras haber pasado toda la noche del 15 al 16 de junio en la vana espera de descubrir las siluetas de los buques enemigos, la Force de Raid regresó a su base. El único hecho positivo lo proporcionó la corbeta “La Curieuse”, que, frente a Orán y con una hábil maniobra, había conseguido embestir y echar a pique al submarino italiano “Provana”.

El acorazado francés “Lorraine”

            Algunos buques de la Fuerza X de Alejandría tomaron parte asimismo en esporádicas acciones bélicas. El 20 de junio, una formación mandada por el vicealmirante John Tovey, y que comprendía el acorazado “Lorraine”, los cruceros ligeros británicos “Neptuno” y “Sydney” y cuatro destructores, se hizo a la mar para bombardear Bardia con las primeras luces del alba del día siguiente. Poco después, al señalarse la presencia en Tobruk de varios cruceros y destructores italianos, fueron enviados como refuerzo los cruceros franceses “Sufren” y “Daguay Trouin”, así como tres destructores británicos. La acción contra Bardia ocasionó destrozos en algunas instalaciones costeras.

            A partir de entonces, los buques franceses del Mediterráneo permanecerían a la espera de un destino que, para algunos de ellos, se revelaría trágico.

Primeras fricciones franco-británias

            El 11 de junio de 1940, cuando Italia entró oficialmente en guerra al lado de Alemania, la situación de los ejércitos aliados aparecía sumamente comprometida. Ante ello, se convocó a una conferencia político militar en Briare, sede del cuartel general, para tomar decisiones al respecto. En esta reunión tomó parte también Winston Churchill, el cual quedó favorablemente impresionado por la decisión casi unánime de los responsables franceses: ocurriera lo que ocurriera, en ningún caso se entregarían los buques a Alemania.

            A su regreso a Londres, Churchill topó  la hostilidad de sus colegas de gabinete, que se mostraron insatisfechos de estos compromisos puramente verbales. Ciertamente, mientras en Londres se temía que la flota francesa pudiera pasar a reforzar eventualmente el poder potencial naval del eje –temor que también compartía el mismo Churchill-, Darlan había enviado dos importantes mensajes a los puertos militares del oeste.

            El primero prescribía suspender la entrada en dique de cualquier unidad; por otra parte, todos los buques, abastecidos de combustible y municiones, debían estar a punto de zarpar a la primera orden. El segundo, en cambio, hacía referencia a los dos nuevos acorazados “Richelieu”, en período de pruebas en Brest, y “Jean Bart”, en construcción en St. Nazaire. En caso de un avance alemán, estas dos potentes unidades habían de dirigirse a Gran Bretaña.

            Puesto que las relaciones entre los dos aliados se debilitaban cada vez más, Churchill, bajo las presiones de los demás miembros del gabinete, se trasladó nuevamente a Francia. Sin embargo, las conversaciones que sostuvo en Tours no lograron más que agrandar la zanja que se estaba formando entre las dos naciones. Tan solo dos personalidades francesas, el ministro de Asuntos Exteriores, Mandel, y el nuevo subsecretario de la Defensa Nacional, general De Gaulle, abogaban por la continuación de la guerra; en cambio, la mayoría de los ministros y altos mandos militares, representados por el general Weygand y el almirante Darlan, consideraban el armisticio como un mal menor. Sin embargo, fueron las horas siguientes las que empezaron a revelar los síntomas premonitores de aquellos trágicos eventos que trastornarían toda la flota francesa.

El “Dunkerque” y el “Strasbourg” en Mers-el-Kebir

            Dos despachos, procedentes de Londres, condenaron claramente las intenciones francesas. El de las 1330 del 16 de junio indicaba que Gran Bretaña era totalmente contraria a una eventual retirada francesa del conflicto, a menos que la flota gala se dirigiera inmediatamente hacia los puertos británicos. Ello en espera del resultado de unas negociaciones que, por tener el gobierno de Londres la intención de proseguir  la lucha, solo serían llevadas a cabo por la diplomacia francesa.

            El segundo despacho, que llegó casi dos horas después, manifestaba el “deseo” de los británicos de ser consultados, una vez conocidas las condiciones del armisticio propuestas por Alemania. Además, mientras de nuevo se subrayaba la oportunidad de tener a la flota al abrigo de posibles reivindicaciones, en lo tocante a la aviación francesa Gran Bretaña aconsejaba su traslado a Africa del Norte, a no ser que el gobierno francés estuviera dispuesto a enviar todos sus aviones también a Gran Bretaña…

            Estos dos mensajes tuvieron una acogida más bien fría, ya que la carencia de una flota habría privado inequívocamente a Francia de su baza más importante en el juego diplomático. Por otra parte, estos dos despachos llegaron a Burdeos en un momento tan caótico que, presentados primero a Paul Reynaud por el embajador británico, sir Ronald Campbell, fueron retirados después por el propio embajador. Al no recibir respuesta a estas dos notas, los británicos se convencieron todavía más de que sus peticiones iban a ser rechazadas, y que los franceses deseaban mantener, respecto a su flota, la más amplia libertad de acción.

            En aquellos dramáticos momentos, un mensaje del general Georges, dirigido a Weygand y seguidamente presentado al presidente de la República, Lebrun, destacó nuevamente los progresos continuados del ataque alemán. A pesar de que esta última comunicación no fue puesta en conocimiento de los otros ministros, la posición política de Lebrun y Reynaud quedaría ulteriormente debilitada. En el curso de un dramático consejo de ministros, celebrado de las 1600 a las 2000 de aquel 16 de junio, Reynaud, que representaba al ala que se negaba a todo compromiso con los alemanes, al encontrarse en minoría, puso su dimisión a disposición del presidente de la República.

            Fue entonces cuando surgió la carismática candidatura a la jefatura del gobierno del mariscal Philippe Pétain, que fue aceptada por Lebrun. Este quedó sorprendido cuando, al llamar al anciano mariscal, encontró ya preparada la lista de los nuevos ministros, por lo que poco después, a las 2200, se constituyó el gobierno Pétain. Tres militares –los generales Weigand y Colson, y el almirante Darlan- asumieron respectivamente las carteras de Defensa Nacional, Guerra y Marina. La subsiguiente reunión fue tempestuosa, pero al final surgió la solución de sondear las intenciones alemanas, por mediación del embajador español Lequerica, sobre las eventuales condiciones para un armisticio.

            Tras una nueva y borrascosa reunión del gobierno, prevaleció la idea de negociación: El 18 de junio la campaña de Francia había terminado virtualmente. Sin embargo, como confirmación de la intención francesa de oponerse a toda condición que supusiera eventuales pretensiones sobre el imperio o la flota, se planificaron algunas medidas preventivas.

            El general Colson ordenó que todas las tropas que todavía combatían mantuvieran sus posiciones y trasladaran hacia Burdeos armas, especialmente las anticarro, y municiones, en la hipótesis de una transferencia al norte de Africa. El almirante Darlan, a su vez, ordenó poner a salvo los modernísimos acorazados “Richelieu” y “Jean Bart”, ante cualquier posibilidad de captura por parte de los alemanes.

            El primero, que había hecho sus pruebas pocos días antes, estaba completado al 95%, en tanto que el segundo estaba algo retrasado con respecto a su gemelo, ya que apenas llegaba al 77% del alistamiento. Si la evacuación del “Richelieu” hacia el puerto de Dakar no presentó especiales dificultades, la del “Jean Bart” fue, en cambio, casi un milagro por parte de los astilleros, que consiguieron poner la gran nave en condiciones de partir. Escoltado por los nuevos torpederos “Le Ardí”, “Le Mameluco” y “L’Epée”, el “Jean Bart” consiguió llegar a Casablanca.

El “Richelieu”

           

Mientras Churchill recibía al general De Gaulle, recién llegado de Burdeos en un avión especial, en la tarde del 18 de junio de 1940, a quien le ofrece los micrófonos de la BBC para que hable en nombre de la nueva Francia Libre, como réplica adecuada al mensaje colaboracionista de Philippe Pétain. El radiomensaje del general De Gaulle, como narra Robert Aron en su “Historie de Vichy, 1940-1944”: “…todavía no tiene alcance político: en principio, para el ex subsecretario de la Defensa Nacional en el gobierno Reynaud, se trata de reclutar técnicos y soldados con el fin de mantener a las fuerzas armadas francesas en lucha junto a los aliados”. Entretanto los acontecimientos se precipitaban: el 19 de junio a las 0630, Lequerica comunicó al nuevo ministro francés de Asuntos Exteriores, Baudouin, que Alemania aceptaba iniciar negociaciones para el armisticio.

El armisticio francés con Alemania e Italia  

            Contrariamente a los temores de la víspera, las condiciones de paz impuestas por Alemania no fueron especialmente onerosas, ya que Hitler, decidido a la conquista del “espacio vital” en el este, quería liquidar lo antes posible la partida en el frente occidental.

            La tarde del 21 de junio, las delegaciones francesa y alemana se reunieron en un claro del boque de Compiegne, cerca de la estación de Reahondes, en el mismo lugar donde al concluir la Gran Guerra, el 11 de noviembre de 1918, Alemania había firmado su rendición ante los aliados. Las condiciones de los alemanes eran innegociables, aunque, como ya se ha apuntado, su términos no resultaban inaceptables.

            Los franceses trataron de regatear en algunos puntos, pero en vista de que los alemanes se mantenían firmes en sus exigencias, el protocolo del armisticio fue firmado al día siguiente. Las cláusulas sustanciales fueron la ocupación alemana de las zonas septentrionales, incluido París, asi como de toda la franja costera atlántica. El resto del territorio francés quedaba bajo la jurisdicción del gobierno de Pétain, cuyas opiniones conocía Hitler.

            Acerca de la flota, auténtico “nudo gordiano” de la situación, las pretensiones alemanas fueron muy moderadas. El artículo 8, que se refería a los buques de Darlan, prescribía lo siguiente: “La flota de guerra francesa –con excepción de la parte que se deja a disposición del gobierno francés para salvaguardar sus intereses en el imperio colonial-, se concentrará en puertos que se establecerán y deberá ser desmovilizada y desarmada bajo el control de Alemania y de Italia. La designación de estos puertos se hará según la destinación de armamento de los buques en tiempo de paz. El gobierno alemán declara solemnemente al gobierno francés que no tiene la intención de utilizar durante la guerra, para sus propios fines, la flota de guerra francesa anclada en los puertos bajo control alemán, salvo las unidades necesarias para la vigilancia de las costas y el dragado de minas. Declara además, formal y solemnemente, que no tiene intención de formular reivindicaciones en lo que respecta a la flota de guerra francesa una vez firmada la paz. Con la excepción de la parte de la flota de guerra francesa todavía por determinar y que será destinada a la salvaguarda de los intereses franceses en el imperio colonial, todos los buques de guerra que se encuentren fuera de las aguas territoriales deberán retornar a Francia”.

            Los temores franceses se relacionaban también con las condiciones que pudiera poner Italia y que, según el artículo 23 del protocolo franco-alemán, hubieran podido someter a nueva discusión los puntos ya acordados. Sin embargo, estas dudas se demostraron infundadas, y el armisticio italo-francés fue firmado en Roma, a las 1915 del 24 de junio de 1940.

Pensaban los ingleses que Hitler podría romper su palabra y utilizar la flota francesa que por el momento permanecía bajo el mando de Vichy. Lo cierto era que Hitler necesitaba que Francia pudiera defender sus territorios de ultramar y en consecuencia le permitió  ésta mantener su flota intacta. El temor británico se basaba en que las flotas combinadas de Alemania, Italia y Francia compondrían una fuerza a la cual los británicos no podrían oponerse.

Un equívoco fatal

            El drama que se abatiría sobre la armada francesa empezó a asumir unos contornos más precisos. Ya en la noche del 21 al 22 de junio, cuando la delegación francesa comunicó las condiciones alemanas, hubo un mal entendido entre el embajador británico, sir Roland Campbell, y el gobierno de Pétain. Los telegramas ya enviados el anterior 16 de junio por Winston Churchill al entonces primer ministro Reynaud, fueron remitidos nuevamente a Charles Roux, secretario general del ministerio, que se encargó de informar directamente al respecto al propio Pétain. A partir de este momento, las ideas acerca de la suerte de los buques de Darlan iniciaron una divergencia sustancial. En opinión de Campbell, los mensajes no dejaban abierta otra solución que no fuese la del envío de los buques a Gran Bretaña. Según los franceses, en cambio, la seguridad de su flota quedaba ya suficientemente garantizada por un puerto de Africa del Norte o bien de la zona libre, ello sin contar las anteriores garantías ya ofrecidas por Darlan y Pétain.

            Tal vez los acontecimientos hubieran podido asumir otros derroteros si los británicos hubieran tenido conocimiento de las últimas instrucciones que el 20 de junio, aprovechando por última vez el código cifrado de la marina, Darlan había enviado a los almirantes y comandantes de las regiones marítimas. Estas disposiciones, definidas por Darlan como “irrevocables”, contemplaban, si bien con matices diversos según las contingencias, un solo imperativo categórico: los buques debían seguir siendo franceses a cualquier precio, incluida la solución de su hundimiento por sus tripulantes.

El “Jean Bart”

            Las relaciones anglo-francesas siguieron deteriorándose, debido sobre todo a los caóticos momentos por que atravesaba el gobierno Pétain, mientras la delegación francesa se sentaba ante la mesa de negociaciones. Así, cuando el general Huntziger informó telefónicamente a su gobierno sobre las condiciones alemanas, se produjo un incidente, todavía hoy no del todo aclarado, entre sir Roland Campbell, el embajador británico, y Paul Baudouin, nuevo ministro francés de Asuntos Exteriores. El diplomático británico aseguraría más tarde haber recibido la notificación de las condiciones alemanas para el armisticio después de haber autorizado el gobierno francés su aceptación, en tanto que por parte francesa se sostendría que Campbell fue puesto inmediatamente al corriente de la cuestión. A raíz de este incidente, el embajador Campbell partió hacia Gran Bretaña, la noche del 21 al 22 de junio, en una atmósfera preñada de sospechas y de recíproca desconfianza entre ambos países.

La operación “Catapulta”

            A fin de conseguir la neutralización y/o captura de los buques franceses, los británicos planificaron la operación “Catapulta”, que quedó fijada para el 1º de julio.                      

En la primera fase de la operación Catapulta, los buques que estaban en los puertos británicos de Plymouth y Portsmouth fueron simplemente abordados la noche del 3 de julio de 1940. Unicamente en el más grande submarino del mundo, el “Surcouf”, que había buscado refugio en Potsmouth en junio de 1940, huyendo de la invasión alemana a Francia, la tripulación ofreció resistencia, resultando muertos dos oficiales ingleses y un marinero francés.

Entre los buques tomados se contaban los obsoletos acorazados “París” y “Courbet”, los destructores “Le Triomphant” y “Leopard”, ocho lanchas torpederas, cinco submarinos y otros buque menores, además del “Surcouf”, que en esos momentos era el submarino más grande del mundo. Los buques fueron utilizados por las fuerzas de la Francia Libre, algunos de los miembros de las tripulaciones adhirieron a estas fuerzas, mientras otros fueron repatriados a Francia. Otros 59 buques anclados en bases inglesas fueron confiscados, pese a la resistencia francesa.

El “Strasbourg”

Asimismo, se estableció que la fuerza “H” de Gibraltar, normalmente bajo la jurisdicción del comandante en jefe del Atlántico Norte, pasara a depender directamente del Almirantazgo. La Fuerza “H” se componía de los cruceros de batalla “Hood” (buque insignia), “Resolution” y “Valiant”, el portaaviones “Ark Royal”, los cruceros livianos “Arethusa” y “Enterprise”, y los destructores “Faulknor”, “Foxhound”, “Fearless”, “Forester”, “Foresignht”, “Escort”, “Keppel”, “Active”, “Wrestler”, “Vidette” y “Vortigen”.       

La Force de Raid del almirante Marcel-Bruno Gensoul, que en aquel momento se encontraba en Mers-elKebir, consistía en los buques de batalla “Provence” y “Bretagne”, los modernos acorazados “Dunkerque” y “Strasbourg”, transporte de hidroaviones “Commandant Teste” y seis destructores, “Volta”, “Mogador”, “Le Terrible”, “Lynx”, “Tigre”, “Kersaint”. En el vecino puerto de Oran, a las órdenes del vicealmirante Jarry, se encontraban otras unidades, entre ellas torpederos y submarinos.

            La fuerza “H” llegó ante Mers-el-Kebir la noche del 2 al 3 de julio de 1940, e inmediatamente los aviones del “Ark Royal” procedieron a minar el único paso practicable frente a las redes de obstrucción. Por otra parte, las unidades francesas tenían las proas hacia tierra, posición que impediría al “Dunkerque” y al “Strasbourg”, cuya artillería principal estaba concentrada en la zona proel, combatir eventualmente el tiro enemigo.

A las 0705 el destructor “Foxhound” se distanció de la escuadra de Sommerville llevando a bordo al capitán Cedric Holland (comandante del “Ark Royal”), que tenía orden de entregar personalmente al almirante Gensoul un mensaje que subrayaba la oportunidad de que los buques franceses se unieran a la Royal Navy para proseguir la lucha contra alemanes e italianos. Gensoul no quiso recibir a Holland, pero accedió a enviar a bordo del “Foxhound” al teniente de navío Dufay, sabiendo que a éste lo unían vínculos de amistad con el oficial británico.

            Así, el almirante fue informado de las intenciones británicas, que podían resumirse como sigue: proseguir la lucha contra el eje, al lado de Gran Bretaña; zarpar con tripulaciones reducidas rumbo a un puerto británico o bien, en caso de no querer romper el armisticio con los alemanes e italianos, hacia un puerto de las Antillas, donde los buques pudieran ser desarmados. En caso de negativa, o bien la Force de Raid había de ser hundida por sus dotaciones, o bien los buques británicos utilizarían los medios necesarios para impedir que cayeran en manos enemigas. Ante estas condiciones, Gensoul procedió a informar por radio a Darlan, pero no logró ponerse en contacto con el ministro de Marina de Pétain. En cuanto a Sommerville, le envió un mensaje en el que, manifestando su intención de no entregar los buques a los alemanes o a los italianos, subrayaba asimismo que “a la fuerza se respondería con la fuerza”.

            El ultimátum de Sommerville expiraba a las 1400 horas, pero, debido a las presiones de diversos oficiales, los buques británicos no abrieron el fuego llegada esa hora. Por parte francesa, se accedió entonces a recibir al capitán Holland a bordo del “Dunkerque”. Tras mostrar las instrucciones secretas de Darlan, Gensoul manifestó su indignación por el minado de la entrada de la rada, aunque Holland tuvo la impresión de que el almirante estaba dispuesto, por voluntad propia, a conducir sus buques a la Martinico o bien a Estados Unidos. A Holland, esta proposición, que transmitió de inmediato a Sommerville, le pareció la solución idónea para evitar derramamiento de sangre.

Mers-el-Kebir

Vista del ataque a la flota francesa en Mers-elKebir desde uno de los buques ingleses

El “Provence” en primer plano, detrás el “Strasbourg” y en llamas el “Bretagne”

            El almirante británico, que probablemente habría aceptado la decisión de Gensoul, no podía obrar por su cuenta, ya que el gobierno de Londres seguía apremiándole para que entrara en acción, sobre todo después del mensaje del almirante Le Luc, jefe de estado mayor de la marina francesa, que ordenaba a todas las unidades situadas  en el Mediterráneo a concentrarse en Mers-elKebir. Este mensaje hizo que se precipitaran los acontecimientos, porque, interceptado por Londres, fue retransmitido a Sommerville con la orden perentoria de pasar a la acción. Entonces Sommerville hizo enviar a Gensoul un ultimátum que no admitía réplica: “A menos que se acepte una de mis proposiciones, a las 1730 (hora oficial inglesa) me veré obligado a hundir sus buques”.

En la cubierta del “Dunkerque” se alinean los cadáveres de los marineros muertos

            A las 1657, la primera salva de los buques británicos cayó sobre las unidades francesas que, encerradas en su propia trampa, apenas podían reaccionar, pese a que Gensoul ya había hecho dar la orden zafarrancho de combate. El “Hood”, “Resolution” y “Valiant” apuntan sus baterías hacia los buques franceses y las baterías de tierra responden. Los buques franceses presentan lucha e intentan salir a la mar, pese a que la mayoría tenían apagados los motores. El tiro británico, efectuado desde una distancia de solo siete millas, enseguida resultó demoledor. A las 1703, el “Provence”, que distanciado del muelle había podido disparar una decena de salvas contra el “Hood”, fue alcanzado en las torres principales de popa, con el consiguiente incendio de los pañoles de municiones, y encalló en un banco de arena. El “Bretagne” recibió una lluvia de proyectiles que hicieron estallar la santabárbara y la sala de máquinas de popa; dos últimos impactos de grueso calibre en el combés significaron el fin del acorazado, que dio la banda y se hundió. Las pérdidas humanas ascendieron a 977 tripulantes, con solo 145 supervivientes.

En esta notable foto tomada por George Daly, se ve la popa del HMS Valiant la izq., con el HMS Hood al fondo, recibiendo la respuesta de fuego de los buques franceses. No fue todo fácil, como lo demuestra esta foto. (Archivo Histarmar)

            También el “Dunkerque”, alcanzado en la central de tiro y en la sala de calderas, se vió obligado a embarrancar. En 16 minutos apenas, la Force de Raid había perdido la casi totalidad de sus buques de batalla. Solo el “Strasbourg” y cinco destructores (“Volta”, “Le Terrible”, “Tigre”, “Lynx” y “Kersaint”), junto con el “Comandant Teste”, consiguieron romper el bloqueo británico y llegar a Tolón al día siguiente. El submarino británico “Pandora” hunde al aviso francés "Rigault de Genouilly” cuando éste pretendía salirpara Oran.

Bajas francesas en la acción de Mers-el-Kébir

 

Oficiales

Suboficiales

Tripulantes

Total

Bretagne

36

151

825

1012

Dunkerque

9

32

169

210

Provence

1

2

-

3

Strasbourg

-

2

3

5

Mogador

-

3

35

38

Rigault de Genouilly

-

3

9

12

Terre Neuve

1

1

6

8

Armen

-

3

3

6

Esterel

1

5

-

6

Totales

48

202

1050

1300

            Las cuantiosas pérdidas francesas en hombres y material se vieron agravadas por una serie de incursiones de los aviones torpederos del “Ark Royal” que, a consecuencia de una imprudente comunicación por radio, según la cual el “Dunkerque” no habría sufrido daños importantes, trataron de asestar el golpe de gracia al acorazado. También esta vez la suerte se mostró desfavorable para los franceses, porque el patrullero “Terre Neuve”, que se encontraba junto al “Dunkerque” y estaba dotado con cargas de profundidad, fue alcanzado por un torpedo que, además de provocar su hundimiento, abrió una enorme brecha en un costado del acorazado. Este permanecería en reparación hasta principios de 1942, cuando finalmente logró llegar a Tolón.

El “Provence” y el “Bretagne” bajo fuego inglés (cuadro de Chris Mayger)

            La acción británica no se redujo solo al ataque contra Mers-el-Kebir, sino que se extendió a todos los buques franceses, de guerra o mercantes, que se encontraban en otros puertos. El 13 de julio las unidades francesas ancladas en los puertos metropolitanos británicos (Portsmouth, Plymouth, Southampton) fueron capturadas. En Alejandría, debido a la amistad que unía a Andrew Cunningham con el almirante Rene-Emile Godfroy, la acción se desarrolló sin violencias, ya que se estableció un acuerdo por el cual se procedió a desembarcar de los buques franceses el combustible y todos los accesorios de combate (cierres de las piezas, etc.) así como a reducir progresivamente los efectivos de las tripulaciones.

Dakar

            Tras la neutralización de la Force de Raid y de las unidades de la Fuerza X, además de la captura de los buques franceses que se encontraban en puertos británicos, el gobierno de Londres pasó a considerar el peligro potencial representado por el modernísimo acorazado “Richelieu”, refugiado en Dakar.

            Para neutralizarlo, fueron destinados el portaaviones “Hermes” y el crucero “Dortsetshire”. El comandante del “Richelieu”, capitán de navío Marzin, recibió las mismas propuestas que se habían presentado a Gensoul, pero también en esta ocasión la repuesta de los franceses fue negativa.

            El primer ataque contra el “Richelieu” fue realizado por la lancha rápida “Milford”, que, procedente del “Hermes”, penetró de noche en el puerto con la misión de hacer explosionar varias cargas de profundidad junto a la popa del acorazado, a fin de averiar sus hélices. A pesar que la “Milford” consiguió llegar a unos treinta metros de su objetivo, el defectuoso funcionamiento de las cargas impidió conseguir unos resultados tangibles. El día siguiente (8 de julio), seis aviones torpederos Swordfish del “Hermes” consiguieron un éxito parcial: un torpedo estalló junto a la popa del “Richelieu” y le ocasionó averías en el timón y un eje de hélice, provocando también la inundación de tres compartimientos. No obstante, estos daños no hubieran podido impedir una eventual salida del acorazado a alta mar.

Avión torpedero Swordfish del “Hermes”

            Por razones militares y políticas, resultaba necesario, tanto para De Gaulle, que topaba con dificultades para reclutar prosélitos para el movimiento Francia Libre (la operación Catapulta no había representado ciertamente un buen apoyo en este sentido), como para el gobierno británico, la conquista de Dakar, todo vez que este puerto constituía un objetivo estratégico de gran importancia, sobre todo para reducir la influencia de Vichy en el Africa occidental francesa.

            Por tanto el 23 de septiembre de 1940 se presentó frente a Dakar una escuadra británica, al mando del almirante Andrew Cunningham, formada por los acorazados “Barham” y “Resolution”, el portaaviones “Ark Royal”, cinco cruceros, diecinueve destructores y dos patrulleros. Por su parte los gaullistas aportaron tres avisos, un buque patrullero y tres transportes (en uno de ellos se encontrabal el general De Gaulle con su estado Mayor” que llevaban 3.000 hombres del cuerpo expedicionario. En Dakar el gobierno de Vichy contaba, además del “Richelieu”, con tres cruceros (“Georges Leyges”, “Gloire” y “Montcalm”), y tres destructores (“L’Audacíeux”, “Fantasque” y “Malin”), bajo el mando del contralmirante Landriau, que dependía directamente del ministro de Colonias de Pétain.

            Tras intentar, vanamente, De Gaulle entablar contacto con los defensores, se efectuó una tentativa de desembarco que fracasó ante la enérgica reacción de los defensores de la ciudad. En el aspecto naval, los petainistas perdieron el submarino “Persée” y el destructor “L’Audacieux”. Durante los dos días siguientes, 24 y 25 de septiembre, entró en acción la escuadra británica, produciéndose violentos intercambios de andanadas con el “Richelieu”, que, además de acusar una notoria penuria de municiones, tenía inutilizadas tres piezas de su única torre de 381 mm. En esta acción, los franceses perdieron otro submarino, el “Ajax”, pero otro sumergible, El “Bevezters”, logró torpedear al “Resolution”, que se vio obligado a retirarse, seguido muy pronto por toda la flota de invasión.

            Después de este revés, en noviembre de 1940 las fuerzas gaullistas se apoderaron de Gabón, compensando asi en cierto modo el anterior fracaso y hundiendo otros dos buques de Vichy: el submarino “Poncelet” y el aviso “Bougainville”.

El “Jean Bart”, buque gemelo del “Richelieu”, que se encontraba en Casablanca, no es molestado. Pero en Las Indias Occidentales son inmovilizados por medios diplomáticos el portaaviones “Bearn”  y dos cruceros.

Acorazado Richelieu en el Indico - Foto George Daly, archivo Histarmar

Ante la amenaza del plan “León Marino” que los alemanes desarrollaban para atacar a Gran Bretaña, el Almirantazgo decide suspender por el momento las operaciones contra los franceses, quedando ésta exclusivamente a cargo de las tropas de la Francia Libre.


Marina Francesa (1939-1940) 

Acorazados

Tonelaje

Cantidad

Total

Clase Dunkerque

26.500 tn

2

 

Clase Povence

22.189 tn

3

 

Clase Courbet

22.189 tn

2

 

Clase Richelieu

35.000 tn

1

8

Portaaviones

 

 

 

Clase Béarn

22.146 tn

1

1

Cruceros

 

 

 

Clase Algérie

10.000 tn

1

 

Clase Toruville

10.000 tn

2

 

Clase Sulfren

9.938 tn

4

 

Clase La Galissonnière

7.600 tn

6

 

Clase Duguay Tronin

9.350 tn

3

 

Clase Jeanne D'arc (Buque Escuela)

6.496 tn

1

 

Clase Emile Bertin

5.886 tn

1

 

Clase Pluton (Crucero Minador)

4.473 tn

1

19

Destructores

 

 

 

Clase Mogador

3.500 tn

2

 

Classe Cassard

3.090 tn

6

 

Clase Aigle

3.090 tn

6

 

Clase Guépard

3.080 tn

6

 

Clase Jaguar

2.700 tn

6

 

Clase La Fantasque

2.569 tn

7

 

Clase L'Adroit

1.750 tn

14

 

Clase Simoun

1.727 tn

12

 

Clase L'Agile

1.000 tn

6

65

Torpederos

 

 

 

Clase Aventurier

1.180 tn

1

 

Clase La Pomone

700 tn

12

13

Submarinos

 

 

 

Clase Surcouf (Oceánico)

2.880/4.300 tn

1

 

Clase Redoutable

 

30

 

Clase Requin (Oceánico)

 

9

 

Clase Saphir (Minadores)

 

6

 

Clase Diane (Costeros)

 

15

 

Clase Sirène (Costeros)

 

16

77

MInadores

 

 

 

Clase Castor

3.150 tn

2

2

Nave de Apoyo de Hidroaviones

 

 

 

Clase Commandant Teste

10.000 tn

1

1

 

 

 

Bibliografía de referencia:

·         José Luis Infiesta Pérez, Revista de historia naval, (España), ISSN 0212-467X, Año nº 20, Nº 77, 2002 , pags. 53-64

·         Conozcamos la Historia, Editores Cultura Colombiana, Bogotá, 1972

·         La Marina, Gruppo Editoriale Fabbri, Milan, 1978

·         Universitas, Tomo 12, Salvat Editorial, Barcelona 1987

·         Plan  of the Mers-el-Kébir anchorage is available at http://www.hmshood.org.uk/reference/official/adm234/adm234-317.htm

·         Churchill's Sinking of the French Fleet (July 3, 1940)

·         "Battle of Mers-el-Kebir", by Irwin J. Kappes, MilitaryHistoryonLine.com

·         "http://en.wikipedia.org/wiki/Attack_on_Mers-el-K%C3%A9bir"

 

 

 

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