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JOSÉ CONCHIGLIA - Un pequeño homenaje

Fecha: Septiembre 2011

Hay varios amigos míos, como el Capitán de Ultramar Juan Carlos Prósperi, que tuvieron la suerte de navegar con José Conchiglia  en buques de nuestra marina mercante. Pocos lo recordarán, pero con estas líneas pretendo honrar su recuerdo. Me siento halagado de haber tenido  la  suerte  de  haberlo  conocido  y  haber  sido  su  amigo. 

                                                                      Julio Augusto Astrada - Capitán de Ultramar

 No pretendo hacer una biografía de Don José Conchiglia, amigo dilecto, pero sí destacar algunos aspectos de su vida, para que queden registrados por si alguna vez les interesa a alguien.

En las Islas Orcadas del Sur

José Conchiglia fue un radiotelegrafista que inicialmente trabajó como operador de torre para una antigua empresa de aviación, que por lo vieja, ya ni me acuerdo su nombre (¿sería Transradio o algo parecido?).

Hacia 1940 Don José estaba destacado como radiotelegrafista en la estación del archipiélago de las Islas Orcadas del Sur. En 1925  habían llevado un pequeño equipo al cual no pudieron hacerlo funcionar. Recién el 30 de marzo de 1927 el Observatorio Meteorológico  de Orcadas logró su primer contacto y a partir de entonces comenzaron a aportar datos meteorológicos e intercambiar información. La estación tenía la sigla distintiva “LRT”.

Pero José Conchiglia además de radiotelegrafista era radioaficionado.

Entonces se propuso comunicar con sus amigos,,,y luego de varios fallidos intentos lo logró en noviembre de 1940, manteniendo un “duplex” durante una hora con su amigo Esteban Milanesi, radioaficionado de Lanús con estación nominada “LU7 ET”.

En el “Marbrava”

En 1973 yo embarqué como oficial de cubierta en el B/M ”Marbrava” de CIAMAR  y realizamos un viaje de 3 meses al Mar del Norte y Báltico. Allí conocí a José Conchiglia, que era Jefe de Radio abordo y el de mayor edad entre los oficiales.

Estando el buque amarrado en el puerto de Santos, Brasil, una noche me pidieron que hiciera panqueques con dulce de leche, ya que me había ganado la fama de repostero. El Jefe de Máquinas era Carlos Marey y como tenía fama de glotón me propuse hacerle una broma.

Preparé varios pero a uno lo hice con una servilleta de papel en su interior. Resultó ser el más gordito, por lo que desconté que lo iba a elegir el maquinista. Pero la cosa no resultó como la había previsto.

Luego que se sirvió un panqueque el Capitán, Marey eligió uno cualquiera y al tocarle el turno al Jefe de Radio éste distraídamente llevó a su plato al panqueque “embagayado”. El “viejito” José comenzó a comer. Poco tardó en separar el papel haciendo un bollito de pulpa. Incapaz de tragarlo y con mucho disimulo logró tirarlo debajo de la mesa. Todos sabíamos de la broma destinada a Marey, por lo que no pudimos disimular ante Conchiglia. Cuando éste se avivó me encaró severamente y me amenazó con no comunicarme con mi familia por el resto del viaje. Pero Don José era un pan de Dios y un par de días después ya éramos amigos nuevamente.

En el “B/M Zárate”

En 1982 embarqué como Jefe de Cubierta en este barco de Sasetru y partimos con destino a puertos de Europa. El Jefe de Radio era, por supuesto, Don José Conchiglia.

El destino nos jugó una mala pasada, porque apenas descargamos en Rótterdam, Holanda, fuimos embargados a consecuencia de la quiebra de esa firma. Pasamos casi cuatro meses en ese puerto, hasta que el Cónsul Argentino Dr. Taboada nos mandó a casa repatriados.

Los buques en puerto no pueden habilitar sus estaciones, pero Don José se jugó por todos nosotros durante todo ese tiempo. Esperaba pacientemente la oportunidad y nos llamaba a su estación, comunicándonos vía Pacheco-Radio con nuestras familias. Anotaba todas las llamadas pero como la armadora estaba en  quiebra nunca nos cobraron.

En esa oportunidad nos juntamos cuatro oficiales amigos y recurrimos a la justicia holandesa, logrando cobrar luego de dos años los sueldos caídos. Ellos fueron: Oscar Marotta, embarcado como 2º Oficial de Cubierta, un tal Forte, 2º Maquinista…y José Conchiglia.

Tuve el gusto de ir hasta la casa de Don José y entregarle un toco de Dólares, luego de “pilotear” un juicio lleno de vicisitudes que llegó a buen fin gracias a mi permanente seguimiento desde Buenos Aires.

Julio Augusto Astrada

Capitán de Ultramar

 

 

 

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