Historia y Arqueología Marítima

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GAUCHOS EMBARCADOS

Provista por el Cap. Alberto Monsalve

Fecha: Febrero 2011

Mis hijos y mis nietos me preguntan sobre mis días navegados, pensando que eran monótonos y aburridos .Les respondo que no es tan así, que cada día trae algo nuevo a veces inesperado y les cuento alguna historia vivida. Me piden escribirlas para que no se pierdan conmigo.

Esa es la razón de esta historia.  

Siempre se hace referencia a aquella editorial del Buenos Aires Herald ”Gauchos al timón”  tan ofensiva. A mí personalmente me incomodó tanto que como le conté anteriormente, me hice construir una bitácora y le puse un gaucho  a timonear. A pesar de no ser hombre de campo, nací en las proximidades del Congreso, me sentí tan discriminado que no me cansé de mostrar esa figura a cuanta persona subía a bordo en los puertos de escala, contando su historia. Me parecía un reivindicación a todo el personal embarcado que mostró ser tan marino como el mejor.

Pero, es cierto, hacía falta un gaucho embarcado. Cuando se armaron los buques que estaban internados a causa de la guerra, se encontraron que las cámaras frigoríficas eran insuficientes para almacenar la cantidad de carne necesaria para cumplir con la cuota alimentaria “argentina” tan alejada de papas, fideos, porotos y garbanzos. La solución fue embarcar animales en pie. Sí vivos. Novillos, cerdos corderos y pollos. Una verdadera granja en la toldilla.

Cada tanto habia que sacrificar un novillo. De la faena se encargaba un paisano venido a marinero, Moreira, hombre de campo,  que si bien no era tan de mar como aquellos venidos de las rias gallegas Parada, Sanpedro Otero, Aguilar, no le faltaba voluntad.

Acostumbrado al manejo de la hacienda hacia todo fácil y hasta diría incruento. Golpe en la cabeza y cuando el animal caía atontado, cuchillo certero al corazón y a cuerear.

Un dia Moreira se desembarcó por licencia. Un nuevo viaje. Salimos. Cuando llegó el momento del sacrificio, quién lo haría? Se ofreció el segundo contramaestre, el portugues Verde. Verde tenía un físico como para competir por Mister Mundo, atlético, anchas espaldas, cintura estrecha. Me parece verlo trepar hasta la cofa, en escuadra a puro brazo por los obenques. Su figura me recordaba a Brutus aquel que peleaba por Olivia en la historieta de Popoye. Eran 132 pies la altura del mástil, un poco menos que los 135 pies de altura libre de esos puentes levadizos del canal Delaware Chesapeake (135pies). La impresión cada vez que pasábamos era que le  pegábamos al medio y eso fue lo que impulsó al primer oficial a gesticular y gritar desde  proa No pasa!!! No pasa!!! pero, pasaba y sobraban 3 pies.

Llegado el día del sacrificio, presentaron el novillo y Verde, maza en mano, descargó su primer golpe. El animal sacudió su cabeza y permaneció de pie. Otro golpe y nada. No sé cuantos golpes más hubo. Tuve la impresión de que el pobre novillo se tiró para que no le siguieran pegando. Su cabeza rota y sangrando me impresionaron tanto que cuando llegamos a Buenos Aires fui a un frigorífico para ver como se efectuaba esa faena. En esa época la verdad era que no existían diferencias significativas. Más tarde,  vi que se utilizaba un maza mecánica. No se si actualmente el sistema cambió, pistola neumática ?

Es cierto que no puedo dejar de fijarme, cuando voy a la carnicería, si los corazones tienen la herida de un puñal, y la tienen!! Corazón en las carnicerías? Siempre pensé que no era para consumo humano (de chico pedía un poco de corazón para el perro) hasta que un día en Perú probé anticucho, comida típica a base de corazón y tengo que aceptar que, bueno, es comestible.

El final de esta historia es que a Verde lo apodaron “masva” por aquello de más vale maña que fuerza.

 

 

 

Este sitio es publicado por Carlos Mey -  Martínez - Argentina

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