Historia y Arqueología Marítima

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EL BARRILETE DEL 40%

Provista por Alberto Vilches, Diciembre del 2011

 

 

Cuando embarque en el “Río Cincel” en Noviembre de 1980, después de tres meses de vacaciones por francos compensatorios, no imaginaba que ese viaje iba a ser uno de los inolvidables.

Tras varios días en puerto, aprestándonos para la zarpada, comenzaron a aparecer novedades y  nuevos actores. Bueno, para mí siempre que conocía a algún tripulante, sabia que me encontraría con un buen actor que  contaría experiencias y anécdotas, las que a veces había que plasmarlas sobre un escenario. Los hombres y la única mujer (la enfermera) que componíamos la tripulación del “Río Cincel” embarcamos llevando entre las ropas de nuestro equipaje  historias de vida.

Entre esas queridas personas, rescato en este viaje a dos muy peculiares.  Uno, “El alemán” mecánico de los mejores, cuya particularidad era fumar alternado y a veces al  unísono, cigarrillos y pipa con el famoso tabaco Dollar. Tal era su afición a la pipa que, un día entré al cuarto de duchas y este, mientras se bañaba, dejo apoyada junto al jabón la pipa encendida.

 Con el aprendí un montón de trucos y formas no ortodoxas de reparar los mas diversos mecanismos que teníamos abordo. Recuerdo que en ese viaje tuvimos que reemplazar el cigüeñal de un generador, reparando con soldadura en frío, una bancada rota. Fue apasionante despedazar, literalmente hablando,  y volver a armar ese generador. Creo que era un Stork no modificado, donde biela y pistón se sacaban por el carter. Y la satisfacción también fue grande cuando al primer intento de arranque salio andando como un violín.

El otro era el carpintero. Típica estampa de viejo marino con barba entrecana bordeando la mandíbula, sin bigote, medio pelado, fumador de pipa tipo Popeye y a veces con una gorra marinera clásica, que cuando la usaba daba la postura de Gregory Peck, encarnando al  Capitán Ahab, en Moby Dick. (Ver foto al final). Este hombre cultivaba, además de la carpintería, la pasión por la arqueología. Gracias a ello tuvimos la gran oportunidad de conocer las ruinas de Petra, ciudad Nabatea enclavada en un cañón rocoso de las montañas del sur de Jordania. Esta ciudad llamada la ciudad rosada, por los matices que se ven en sus construcciones cuando se reflejan los rayos solares en diferentes horarios, puede verse en el final de la película “Indiana Jones y la ultima cruzada.”

El derrotero del viaje comenzó en Buenos Aires con un cargamento importante de porotos y otras mercaderías con destino al puerto de Korranshar, en Irak. Ya me imaginaba navegando el golfo Pérsico y remontando el mítico Río Eufrates.

Pero las cosas cambiaron cuando tuvimos que entrar forzadamente al puerto de Durban para bobinar un motor eléctrico del equipo de aire acondicionado central. En esta ocasión el Capitán y el Jefe de Maquinas tenían en claro que no se podían arriesgar a entrar en zona desértica con un solo motor de ese equipo.

Estando en Durban nos enteramos que la aviación Iraní bombardeo el puerto de destino (Guerra Irán-Irak) así que nos quedamos algunos días mas esperando ordenes. Cuando zarpamos solo sabíamos que debíamos ir al puerto de Jiddah en Arabia Saudita a orillas del Mar Rojo. Al llegar allí estuvimos una semana más o menos, donde se descargo algo de la mercadería que llevábamos.

Fue una semana donde no estuvimos autorizados a visitar la ciudad, debido a que una masiva peregrinación a La Meca pasaba por la ciudad.  La Meca es la ciudad mas sagrada del Islam, ya que ahí se encuentra La Kaaba, piedra sagrada desde donde se supone que Mahoma ascendió a los cielos. Salimos de Jiddah rumbo a Aqaba, único puerto de Jordania.

Observando el mapamundi veremos que la península del Sinaí, se adentra en el Mar Rojo terminando en punta. Si miramos de sur a norte veremos que a la izquierda de la península sale la ruta marítima que nos lleva al canal de Suez y de allí al mediterráneo. A la derecha se adentra el Golfo de Aqaba. Al fondo y al centro de este esta la frontera que divide Israel de Jordania. A la izquierda, del lado Israelí esta la ciudad veraniega de Elath. Y sobre la margen derecha la ciudad puerto de Aqaba, único puerto de Jordania. Cuando llegamos a la zona, nos informaron que no había cupo de espera en el fondeadero, por lo que el turno de descarga lo debíamos aguardar “gareteando” con el motor ppal  en “Stanby”

Y así pasaron Navidad y Año Nuevo.

Fue en estas circunstancias donde apareció el barrilete que le da titulo a este relato. Uno de los adicionales, según el convenio de trabajo, que percibíamos por navegación intensiva, era el famoso 40% sobre todo concepto remuneratorio, que corría a partir del décimo día de fondeo. Por lo que la mañana del undécimo día nos recibió con la sorpresa de una caja barrilete bautizada y con la inscripción del 40%, remontada en popa. Obviamente la construyo y la enarbolo nuestro carpintero/arqueólogo.

Como en zona de fondeo solo se izaba el pabellón nacional en el palo mayor, nosotros teníamos nuestra ceremonia especial en popa. Todos los días después del desayuno nos juntábamos en la popa, donde a medida que nuestro barrilete remontaba vuelo, cada uno hacia sus propias cuentas. 

Así que los 29 días al garete mas 12 días fondeados  descargando en lanchones, nos propinaron unas lindas ganancias que, en mi caso en particular, se destinaron a la compra de mi primer auto, un Dodge 1500 modelo 77.

Buque “Río Cincel”

Capitán Marcel Cando

Jefe de Maquinas  Ricardo Sarco

    

 Con el Dr. Albeiro y uno de los mozos de oficiales rumbo a Petra

 

Con el Carpintero/Arqueólogo en Petra

 

 

 

Este sitio es publicado por Carlos Mey -  Martínez - Argentina

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