Historia y Arqueología Marítima

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Anecdotas y Tradiciones Navales

Autor: Mario Antonio Lorenzo Togno

Indice  Anecdotas Marineras

 

 

                                   En mi caso la Taquigrafía – recordará usted que también era llamada Estenografía – me resultó muy productiva, la misma me llevó a establecer relaciones clandestinas con la profesora cuando yo estaba en 5º año con 18 pirulitos bien fresquitos. El problema vino a en el cuarto bimestre ya que nuestra relación – siempre oculta – se estaba resquebrajando… Y encima la dama dictaba dos materias más, entre ellas “Mecanografía” de la cual había que tener una carpeta llena de hojas de práctica. Mi carpeta, gracias a esta particular relación sólo constaba de sus tapas y nada más. Si me llevaba la materia iba a tener que tipear 150 hojas de oficio a velocidad record para rendirla en diciembre… Pero apelando a Cupido y habiendo capeado la gale force pude arribar a salvo a puerto de abrigo.-

                                    Pero hubo algo que me sirvió aún más y eso fue haber aprendido el Código Morse con 12 años. Don Samuel con su reconocido alfabeto no sólo me proveyó de una maravilloso medio de comunicación sino de macheteo también… Mi banco y la pared junto a la que me sentaba estaban pletóricos de rayitas y puntitos. La única precaución era borrar lo anterior para no confundir las boyas y terminar embicando el veril…

                                    En 5º año Matemática Financiera disponía de una gran fórmula madre de la cual sus variantes generaban las diferentes alternativas de “rentas”. No nos permitían el uso de regla de cálculo ni nada parecido pero como usábamos logaritmos disponíamos de la famosa tabla, un libro de tamaño pequeño que antes de cada prueba la docente (otra docente) la revisaba para ver si estaba “macheteada” con las fómulas. Siempre salí airoso pues nunca le interesó saber que eran esos mamarrachos con puntos y líneas...

                                   En cuanto a la ira su suceso en los pagos de nuestra Máxima - hoy “HRM” - me trajo a la memoria un acontecimiento vivido en tierras más cercanas.-

                                   Estábamos con mi esposa alojados en el Othon Río Hotel. Acabábamos de finalizar nuestro desayuno y nos dirigíamos a nuestra habitación ubicada en el piso 14 o 15, para ello debíamos tomar uno de los elefantiásicos ascensores con que contaba dicho hotel y ostentaban una capacidad máxima de 17 personas. Instantes antes había arribado un enorme contingente de italianos que estaban finalizando el check-in y marchaban a sus alojamientos. Diez de éstos itálicos ya habían subido al ascensor, era un grupo homogéneo de unos 26 años de promedio y todos hombres. Nos acompañaron otros dos matrimonios de los que inferí que uno era de origen brasilero, del otro nunca supe su procedencia y una joven con lo que se completó el ascensor y comenzamos la subida.-

                                  La primera en descender fue la pareja ignota, ni bien dejaron el cubículo uno de los italianos - que resultaba ser el más payasesco y voz cantante – mientras se alejaban los recién descendidos se paró al frente de su grupo y bufonescamente espetó: “Bom yía” caricaturizando el saludo con la pronunciación carioca, su claqué estalló en sonoras risotadas mientras las puertas se cerraban y el ascensor continuaba su programado viaje.-

                                 Le tocó el turno a la joven solitaria y ni bien bajó el estúpido repitió su show. Yo ya estaba estufándome. Quedaba la pareja brasilera y nosotros, yo rogaba que esta manga de idiotas descendiera sin que aún lo hubiéramos hecho.-

                                El ascensor se detuvo y la parejita bajó sin siquiera volver la vista. Como es de suponerse la burla reapareció y con mayor énfasis…

                               Ahora era ellos o nosotros. Y fuimos nosotros los que arribamos a destino. A esa altura por dentro yo estaba en ebullición.-

                               El ascensor paró. Pese a que las puertas permitían pasar a dos personas juntas dejé que mi esposa descendiera primero y yo la seguí lentamente, cuando puse un pie fuera del cubículo ocurrió lo que yo estaba esperando, ahí nomás me dí vuelta, con ambos brazos en la cintura me paré de frente al bobo que actuaba de clown y mirándolo firme a los ojos – en el más bajo dialecto porteño que podía extraer de mis intestinos le grité: “QUÉ TE PASA LA … DE TU MADRE!!!” aludiendo a una parte de la anatomía de su progenitora… La risa se les atragantó a los 10 que quedaron serios y mirando para cualquier lado mientras yo ponía un pié en la puerta evitando que se cerrara.-

                               Como el estúpido pareció entrar en un letargo saqué el pie y dejé que el ascensor se fuera ya que el muy valiente no amagó a bajarse ni siquiera por su honra.-

                               También quedé masticando bronca un buen rato…

                               Saludos.-                                                Mario

 

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