Historia y Arqueología Marítima

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Anecdotas y Tradiciones Navales

EL BRINDIS

Fuente:P.Pereyra 2013

Se celebraba en Sevilla el quinto centenario de la creación de la Escuadra de Castilla.

Buques de muchas nacionalidades mezclábanse a la  alegría nata del pueblo español; y en la fiesta, no podía estar ausente el pabellón albiceleste de la Argentina.

Tres torpederos de la Escuadra de Mar habían llevado el abrazo salado y marinero y en las cámaras de los buques españoles y argentinos se confraternizaban en cantos y en buen bandy jerezano, salpicado con las "tapas" y alguna que otra manzanilla, que bebían "los débiles"....

La recepción hecha a los argentinos fue apoteótica. Las relaciones con la Madre Patria siempre fueron cordiales; y, en esta ocasión, ser argentino era ser hijo mimado en las calles de las ciudades y puertos del mediodía español.

Los buques en Cádiz, la Tacita de Plata no quiso ser menos que los otros puertos españoles visitados, y se volcó su gente toda a festejar a los que hablaban el idioma natal con un dejo tan particular como musical.

No recordamos si fue en la cámara del ENTRE RIOS o el MISIONES, que para el cuento es igual, que en ese atardecer el oro jerezano corría rauda y en forma mantenida en las clásicas copas verdes con el ancla esmerilada. Los brindis se sucedían los unos a los otros, cada vez más cálidos y fraternos.

Se habían agotado todos los brindis formales por la ventura de ambas naciones, la gloria de sus respectivos próceres y cuando valía la pena ser mencionado, cuando un españolísimo teniente, con el ceceo inigualable del sur hispánico, se paró sobre su butaca, la copa plena y en alto, y brindó lleno de amor filial:

 -- ¡ Por la Argentina: la más noble y querida de las hijas que parió España!

 A coro aullaron los españoles restantes y la copa de Carlos l  (¿ la vigésima?) fue rápidamente escanciada.

 Los presentes miraron entonces  al teniente M., quien necesariamente en su carácter del más antiguo, debía contestar con el brindis. Este se paró como pudo, y uniendo la acción al pensamiento, volvió a levantar la copa nuevamente llena, y tratando de hilvanar en su mente una respuesta a tono, como cuadraba, no se le ocurrió más que repetir el vocablo usado por su antecesor, españolísimo verbo con que se bendice a la madre de los toreros que se destacan en el ruedo.

Pero...el teniente M. es argentino, y por más señas, porteño, y asiduo concurrente, no a los ruedos taurinos, sino a las canchas de fútbol de su Buenos Aires Querido. Y la españolísima voz  verbal, si bien se usa en esos lares, no lo es ciertamente para bendecir, y ello siempre acompañado de un léxico que, si bien es tan castizo como el mismo Cervantes, no cabe en el lenguaje de una niña.

La copa en alto, el silencio hecho, la voz potente, el brindis de M. salió vibrante y  varonil:

-- ¡ Y yo brindo por España, la puta madre que nos parió!

las explicaciones duraron varias horas; los duelos no se llevaron a cabo; y por fin entendieron los presentes -  españoles - el significado cabal del lapsus lingue. Pero a partir de allí, cuando algún argentino levantaba la copa (¡y vaya que la levantaba!....), un guiño corría por toda la concurrencia, al par que hispana y graciosa voz advertía:

-- ¡ Ojo, chico, con la maternidad!

 De Minio y pintura gris del Almirante Pablo Arguindeguy. 1971.

 

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