Historia y Arqueología Marítima

 

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LOS TEMIDOS MAREOS

Indice Anecdotas

Crucero 25 de Mayo rolando- Foto Coleccion Genaud

1- Guido Sambucetti

En las Escuela Naval anualmente se realizaba una supervivencia como parte de la instrucción. En tercer año (sería el '88) nos toca supervivencia en balsa.

 Fue así que un viernes ( por que siempre viernes??) al mediodía cuarenta gallardos cadetes y dos profesores zarpamos a bordo de la chata E202, llevando dos balsas infladas en cubierta y cantando canciones marineras... Que fueron degenerando en otro tipo de lírica.

 Cuando llegamos al fondeadero reservado de la ARA el río parecía más vidrio líquido que aceite. Así que largamos las balsas y fuimos saltando adentro veinte cadetes y un profe por balsa. Primero una, luego la chata se alejó un poco y largo la segunda. Cada una tenía un ancla pequeña para que no derivaran a cualquier parte durante la noche.

 Fuimos aprendiendo los rudimentos del racionamiento y cuando se pasó la novedad volvieron a arreglar los cantitos, ante la ya evidente impotencia de los profesores.

 Pero, caramba, conforme pasaba el tiempo se iba levantando una brisa cada vez más intensa del SE. Cubri mi hora de guardia en una de las aberturas de la balsa en relativa comodidad y me metí pa'dentro donde el tufo producido por veinte humanoides, más el plástico de la balsa me garantizaron el sueño en clara incomodidad.

 Al siguiente relevo de guardia recibí un pisotón en la cara, que me despertó a la fea realidad de una sudestada ya evidente. El estómago de me dio vuelta inmediatamente y me precipité a la abertura, afortunadamente muy cercana. Ya era de noche y hacía frío pero preferí quedarme de guardia. Mi compañero, agradecido.

 El viento era cada vez más fuerte y el oleaje aumentaba notablemente. También había aumentado el intervalo entre cantitos, hasta que se hizo completo silencio.

 Pasaban las horas y pasaban distintos cadetes a hacer uso de las "facilidades sanitarias" ofrecidas por la abertura donde yo estaba.

 A eso de medianoche se largo una fuerte lluvia. Con ayuda de la chaqueta de plástico naranja que me pasaron de adentro pude pasar aceptablemente el frío. Pero los espasmos musculares (que ya no me producían el más mínimo malestar) me habían dejado agotado, así que opté por atarme a dos cáncamos de goma que había en el exterior de la balsa. A lo largo del siguiente par de horas me desperté más de una vez colgando de ese cabito.

 A eso de las cuatro de la mañana la situación era insostenible: La marejada era francamente peligrosa y el fondeo de la otra balsa había roto uno de los flotadores, provocando una inundación parcial. Un par de cadetes empapados ya mostraban signos de hipotermia.

 Se decidió cancelar el ejercicio y en medio de oscuridad y el temporal la E202 levantó el ancla y comenzó a acercarse.

 En lastre como estaba su proa iba y venía según el capricho del viento y las olas. Yo hacía señales con una linterna y la chata nos buscaba con un foco aue tenía sobre el puente. Después de varios intentos finalmente pareció que, aproximándose por detrás de mi, nos iba a dejar por su estribor, por lo que yo iba a ser el más cercano para tomar el cabo que nos pasara.

 Estando ya a menos de diez metros vi en la proa a un compañero mío que no había podido hacer el ejercicio por estar esguinzado pero igualmente había zarpado voluntariamente en la chata. Me pega un grito y lo veo revolear una guía, que no llegó a tirar. Una ola levantó en vilo la proa de la chata y dejó a la balsa en el seno. En dos segundos que aún me parecen días vi el pie de toda claramente fuera del agua, con el borde de los remaches mojados brillando en el resplandor de las luces de cubierta, la balsa se precipitó como chupada por el vacío dejado por la proa y esta cayó con un montón de espuma del otro lado de la balsa. Quedamos así de la banda de babor. Lograron tirar un cabo que atrapó nuestro otro vigía y un suboficial logró pasarme otro a mi. Nunca en la vida me salió tan rápido un as de guía.

 Midiendo el momento para saltar a la chata , que a veces estaba muy alta y otras quedaba abajo, fuimos pasando de a uno. Después tuvimos que subir a mano la balsa, y trincarla para que no se volara.

 Faltaba ahora rescatar a la otra balsa, lo que logramos luego de idénticas peripecias.

 Pero no todo había terminado. Todavía había que volver a la Escuela, y la chata no decidía para dónde ir sino que iba para donde podía. Con el peligro inmediato superado (suponíamos los cadetes) había que buscar dónde dormir. Yo encontré un rincón entre las cuadernas de un mamparo y trincando los hombros ahí y apoyando las rodillas en una taquilla me quedé dormido parado. Habrán sido un par de minutos, me desperté cuando un bandazo violento me hizo volar.

 Así que tuve que superar mis prejuicios y el vaho natural de ese recinto y bajé a la máquina. Ahí encontré un enfriador de algo a la altura de la cubierta así que me senté y apoye los riñones ahí. Lo ultimo que recuerdo antes de dormirme es un suboficial gordo sentado en un banquito leyendo el diario junto al motor, en medio de tremendos balanceos.

 Recién a eso de las 10 de la mañana logramos embocar el canal de acceso a La Plata y volver a la Escuela. La sensación de rolido se me pasó recién a la noche de ese sábado.

 Y el mareo? Bueno se me pasó con el primer julepe, así que para mi el mejor remedio es una buena dosis de adrenalina.

 Y mientras escribo esto no puedo menos que pensar en ese Teniente de Corbeta al mando de la E202, hoy Capitán de Navío creo y espero, a quien cuarenta cadetes y dos profesores le debemos la vida.

 Enviado por: gsambucetti@yahoo.com


2 - Miguel Beltran Soengas

Una fría noche invernal del lejano 1982 zarpamos con Rasalague, un pequeño queche de 40 pies, del puerto turístico de San Remo con rumbo a Saint Florenz, en la isla de Córcega. A bordo Llevaba una tripulación de alumnos de una escuela de navegación a vela para completar un curso de perfeccionamiento, que consistía en un crucero de una semana de duración, con dos pequeñas travesías de alrededor de 100 millas cada una, durante un periodo del año, en torno a Pascua, en la que era muy probable encontrar mal tiempo. Según el boletín meteorológico se esperaba la llegada inminente de una perturbación, la clásica pareja formada del “señor frente frío” y de la “señora frente caliente” asociado a un discreto ciclón, vientos del sudeste 7 a 9 con ráfagas y temporales con la tendencia de un aumento de los fenómenos.  Los que conocen el Mediterráneo saben bien que las previsiones meteorológicas son muy poco, o nada, atendibles. Podía llegar tanto un “pesto de la Madonna” como una “calma chicha” de hacer perder la paciencia a un chino, inshalà.

Una vez afuera encontramos un ligera brisa  de tierra que nos daba tres o cuatro nudos de camino con un, ¡ay, ay!, mar de fondo de Scirocco (del sudeste). Normalmente el mar llega antes que el viento que lo ha generado y es una segura fuente de previsión. A medida que el tiempo pasaba, el viento, el color, el entusiasmo y los estómagos de mi aguerrida tripulación cambió. Los rostros pasaron de un cálido rosa post cena, a un pálido rosa, a un amarillo, a un verde musgo. Los cantos de euforia, las bromas, bajaron de volumen, el silencio era total, a fuerza tres. A fuerza cuatro se oían solo aullidos lamentosos, a fuerza cinco, el rugido del mar y el viento cubrió todos los demás sonidos. Gran parte de la tripulación estaba fuera de combate. Muchos ya habían experimentado los remedios tradicionales locales, digo locales porque cada lugar, cada cultura tiene los propios. Cito algunos de los conocidos por aquí. Los de tipo practico, a saber: chupar un limón, oler un ramito de perejil, comer olivas, comer una sardina, comer una anchoa, o un ajo (para los mas corajudos), apretarse bien el cinturón, aflojar bien el cinturón. Los de tipo psicológico o místico son menos numerosos, uno consiste en pensar que todo va bien, que se esta en la Pampa, en una fiesta, que los pajaritos cantan y las flores perfuman, que la chica de al lado esta loca de amor. El clásico recitar una oración a Dios o a “Santantò”, siempre me pregunte porque a justamente a San Antonio. Y etc, etc, de por el estilo.

Cuando comenzó a soplar mas fuerte el frió, y el cansancio, comenzó a minar las voluntades. Los estoicos se diputaban los turnos al timón, otros vomitaban con dignidad, no faltó quien lo hizo en el balde del espinaquer que es un balde sin fondo que se usa para preparar dicha vela, algunos dormitaban  entorpecidos por la dramamina o cosa parecida. Pero había uno que me preocupaba seriamente, uno de esos raros tipos que son inmunes al mareo. Estaba en estado de pánico, que es  peor que el mareo y que a bordo es una cosa muy seria. Había arrancado un par de puertas con una pata de cabra y se las estaba trincando encina con una cabo mientras me insultaba  por haberlo llevado a esa situación, gritando a todo pulmón que no quería morir encerrado en fondo al barco como un ratón. Le di una  fuerte cachetada en la cara y mientras se la sacudía con un fuerte pellizcón en la mejilla le grite que era un asqueroso cobarde, que a bordo lo necesitamos para que nos salvara la vida a todos. Le di una esponja!!!! y le ordené achicar la sentina sino quería que nos fuéramos todos a fondo. Y fue un santo remedio, tal es así que cuando finalmente llegamos a puerto,  y después de dar amarras alguien me hizo notar que él estaba todavía achicando... siempre con la esponja!!!!. Baje rápidamente a la camareta y con calma, le agradecí del trabajo que había hecho por nosotros diciéndole que ahora ya no era mas necesario. 

 Un abrazo de oso marino a todos. 

Miguel (Beltran)


3- Alferedo Cecchini

El tema del mareo me recordo una ocasion en el Rio Olivia navegando de bajada por el Golfo de Vizcaya cerca de Finisterre, con un F9  por lo menos...yo me habia dado vuelta un par de veces antes y despues de la cena....

Estaba de reten de la guardia de 04/08 y ni acostado se me pasaba .... alrededor de las 0600 me llama mi compañero que suba x q  el automatico no aguantaba..me levante y calcule que a lo sumo podria llegar sin descargarme  al bañito que estaba detras del cuarto de derrota (los que conozcan los ELMA III se ubican seguramente

Con el balde de limpieza en una mano (por las dudas) palido y temblando entre al cuarto de derrota, respirando con avidez corro la cortina para entrar al puente y relevar a mi compañero al timon...

El Cap Mirandou caminaba reconcentrado de banda a banda, la imagen que me quedo grabado era  que pareciamos un submarino...el mar parecia que hervia,...las olas subian y rompian en la cubierta con rociones de espuma que llegaban  hasta los ventanales del puente... 

De repente el Contra Fernandez (Fernandito) desde un walkie/talkie pide que se llame urgente a los marineros disponible xq las trincas de la carga en los planos de la B#2 y B#3, maquinaria destinada al gasoducto de Loma de la Lata, se estaba aflojando y debian reforzarse de inmediato... 

Recuerdo que  se vario el rumbo para disminuir el rolido y permitir el movimiento en cubierta, quede al timon y de repente el Capi me pregunta por el balde y si me sentia bien...

Ahi tome conciencia que salvo un hambre feroz me sentia perfecto jaja ! 

No se si fue el susto, la tension del momento, la responsabilidad de mantener un rumbo con el menor peligro para mis compañeros o que ....

pero la cosa es que se me paso el mareo !

Las experiencias incómodas de varios foristas en el Atlántico Sur , en especial la del Capitán  Zavalla prácticamente trincado para lavarse los dientes , me regresaron a "UNA NOCHE  TRANQUILA   en  Rada Tilly . Es posible lo haya contado pero igual me mando :

Ingresando con el Astrapatagonia al Golfo San Jorge , YPF nos informó : ESTÁ TODO OCUPADO , PÓNGANSE EN LA COLA "

El Capitán Deschiave prefirió hacer tiempo en Rada Tilly.  Así se hizo ; había mar de fondo pero ni una gota de viento.  El suave balanceo nos puso a dormir como bebés. Pero en medio de la noche por efecto de la marea , nos atravesamos a las ondas y entramos en sincronismo. El capitán, al levantarse , se estrelló contra el mamparo. Tuvo el buen criterio de acostarse sobre la alfombra en estilo Tupac Amaru y dejar que otros se encargaran.

Con rolidos de 40 grados , el contra y dos gallegos corrieron hacia el cabrestante sin  necesidad de llamar a Maquinas y pedir ...VAPOR A PROA , porque todo era eléctrico. Bastó un tirón a la cadena para recuperar la paz.

He rolado bastante , pero como aquella pacífica noche en Rada Tilly , nunca.


 4- Marcelo Sana

Doy fe de los comentarios que hicieron los foristas, sobre el viejo querido ARA San Martín, en el cruce del Drake en el verano del 72, todos los que estábamos a bordo, Marinos, gente de Ejercito, de Fuerza Aérea, Civiles del SMN o del (en esa época) Instituto Antártico Argentino, lo pudimos comprobar en carne propia. Nunca me toco navegar en buques con aletas compensadoras, así que no conozco ese "bienestar".Slds. 


 5- Carlos Zavalla 

El Capitan Cecchini nos lleva con frecuencia a recordar anécdotas de tiempos pasados. Gracias
Creo que una circunstancia importante es tener un par de días de navegación tranquilos antes de que comenzara el zarandeo  Uno se va acostumbrando al  movimiento, las piernas se adaptan inconcientemente para amortiguarlo y ya no se cansa.

Eso no pasaba en los submarinos porque en Cabo Corrientes se combinaban rolido y cabeceo. En los submarino tipo Flota habia que preparar los mecanismos para ir a inmersión recién una vez que se zarpaba. Me tocaban los compartimientos de torpedos (proa y popa) con mas de 100 válvulas para revisar abierta o cerrada mientras el aire comenzaba a mezclarse con el tufo que se desprendía de las sentinas con el agitado movimiento.
A veces con el cabeceo uno quedaba colgado de las válvulas alta. Y no había borda a la que asomarse para rendir tributo a Neptuno!!!! Había que pucherearla!!!

Y hablando de pucherearla recuerdo una vez en el querido Irigoyen venía aguantando en mi guardia de 4 a 8, sin girocompás, con pesto del sur en la Olla cerca de Bahía Aguirre, con poca visibilidad y situándome como podía usando el compás magnético y algún ángulo horizontal, hasta que llegó mi relevo. Una guardia complicada, bandazos de 30º, poca visibilidad, llovizna y frío en una zona difícil, en época de constante fricción con los chilenos y un buen revoltijo estomacal. Pero la responsabilidad me permitió “pucherearla”. Entre los dos identificamos bien los accidentes de la costa y verificamos el punto con ángulos horizontales, Uno manejaba el sextante para medir y el otro lo sostenía (o mejor dicho lo trincaba). Luego de poner el punto en la carta y hacer otras verificaciones (calculo de deriva y abatimiento) quedamos ambos conformes y cuando me estaba por retirar, él sacó un paquetes de cigarrillos negros y me ofreció.  Yo nunca fumé y bastó imaginar el humo del cigarrillo negro para que saliera disparado al alerón..

No los quiero aburrir con el Irigoyen y los cruces del Drake. Dos días rolando 30º, con algunos bandazos que lo sacaban de la cama.La rutina: guardia con la faja que nos daban para la Antártida, muy atento a los growlers. Luego una ronda de seguridad por el buque y a la cucheta, bien trincado con una lata de leche condensada como único alimento. Para lavarme los dientes, me sentaba en la silla del camarote y apoyaba los pies contra el mamparo para quedar a son de mar
Que tiempos aquellos, sin satélites, ni GPS,
CAZ


6- Americo Lohin

Yo la pase mal en el Cro 9 de julio (no asi en la Sarmiento o en el Destructor Espora).En el Cro debia acompañar al Jefe de Control de Tiro cuando se verificaba el ajuste de la Artilleria en navegación ,rogaba que no fuera a la Torre Uno, pero  a veces no quedo mas remedio, el fumaba negros sin parar y yo no podía salir a la borda ni le podia ensuciar la torre a los artilleros ,asi que el Gorrito era el destinatario .

Saludos

A.L

  

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