Historia y Arqueología Marítima

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Anecdotas y Tradiciones Navales

Autor: Americo Lohin

Indice  Anecdotas Marineras

Huelga de Hambre

 

Un 15 de enero de 1957, apenas con mis 16 años, había ingresado como Aspirante Marinero, nueva opción para quienes ingresábamos en forma directa sin pasar por la Escuela de Marinería de Martín García o Zarate, que recibían en la EMA(*) la denominación de Marineros Alumnos, con los mismos planes de estudios de dos años de duración y egreso como Cabos Segundos, pero en nuestro caso integrando el plantel de Aspirantes Navales que por entonces tenia planes de Estudio de cinco años de duración con egreso como Cabo Principal.

Esto hacia que se conformaran dos Batallones, el de Aspirantes Navales y el de Marineros Alumnos. Al ingresar en forma directa debíamos cumplir con la Instrucción de Orden cerrado,(Los Marineros ya venían con el Orden Cerrado cumplido) previa al inicio lectivo, que llevamos cabo durante enero y febrero, mañana y tarde, salvo el domingo, sobre un espacio semiarbolado ubicado en la parte posterior de la EMA paralelo a las vías del FCBelgrano, bajo las ordenes de dos Suboficiales Infantes de Marina, un periodo nada fácil para quienes éramos novatos acentuado ese año por los intensos calores, tanto que “La Nación” en su edición del 30 de enero informaba que el día anterior se había alcanzado el record de temperatura de los últimos cien años con 43,3ºC (No superado a la fecha), todo ello hizo que las filas se fueron diezmando y al momento de recibir los uniformes en la Ceremonia del Inicio del Ciclo lectivo los sobrevivientes éramos apenas la mitad de los ingresados.

La rigurosa rutina diaria que prácticamente comenzaba y terminaba con un “baile” no nos daba mucho tiempo como para prestarle demasiada atención a la comida, que era en general de una calidad aceptable teniendo en cuenta que había una dotación de mas de tres mil hombres y en todo caso todavía nos quedaban algunos pesitos como para recurrir a la Cantina o al Casino, aunque en los primeros tiempos la regla era que en los horarios del rancho los mismos estuviese cerrados. El tiempo fue transcurriendo, el orden cerrado había quedado atrás y nuestro tiempo estaba ocupado en el cumplimiento de los planes de estudios en el aula o los Talleres y/o actividades fisicas, pero con el correr del tiempo el rancho fue desmejorando, la excusa era que se estaba reacondicionando la cocina (de hecho se la reformo totalmente) y ello no permitía elaborar el rancho de la forma acostumbrada, con lo cual el “corneed beef con cebolla” para a ser el plato central y repetitivo, matizado de vez en cuando con un pegote llamado polenta, la excepción podían ser los jueves o domingos, en el cual aparecía un plato de ravioles con tuco y carne con una elaboración aceptable.

Esta situación pese a algunos reclamos persistía en el tiempo y al no haber cambios fue generando una situación de descontento que terminaría eclosionando a mediados de año de una forma inequivoca. La voz se había corrido, fijada la fecha y decidido quienes iban a ser los primeros, esto era fundamental ,una vez que los primeros se animaran el resto como las ovejas seguirían el ejemplo.

La concurrencia a Rancho era precedida de la respectiva formación de los Batallones de Marineros Alumnos y Aspirantes en la Plaza de Armas, luego de lo cual se daba la orden a las respectivas compañías de dirigirse al comedor, comenzando por los de mayor antigüedad, segundo año en el primer caso y cuarto año en el segundo, que ingresaban a sus respectivos comedores ubicados en lados contrapuestos en relación con la Cocina ubicada en el centro. Quienes estábamos en primer año ingresábamos en último lugar.

Llegado el día antes que nos tocara marchar al comedor, sonó la Alarma, Toque de Formación General a cargo del Trompa (que era casi como un llamado al Combate), formados nuevamente escuchamos la arenga del Oficial de Guardia, reprobando los hechos que habían consistido en recoger la comida con la bandeja e ir directamente a vaciarla en los tachos de residuos (¡¡justo el día que Había Ravioles con tuco y carne!!) y ordenando repetir la concurrencia al comedor, con prohibición de concurrir a la cantina, que previamente había sido cerrada. La escena se vuelve a repetir y ya no hubo vuelta atrás.

Un acto de insubordinación se había llevado cabo y había que actuar en consecuencia. En previsión de hechos ulteriores, se nos releva de todas las guardias que son cubiertas por una compañía de Infantería de Marina y como pena conjunta recibimos una importante: Cuatro turnos sin salida, que eran otros tantos fines de semana, dado que de lunes a viernes no podíamos salir franco. En cuyo transcurso debimos dar cuenta en cada uno de ellos de la respectiva ración de Ravioles con tuco y carne, que habíamos desechado y cumplir ejercitaciones diarias suplementarias.

Mientras tanto en el ínterin se identificó a algunos considerados como cabecillas, se estimaba en ocho o diez que se hicieron acreedores a las sanciones de rigor, que implicaban ser dados de baja en forma inmediata en unos casos y en otros cumplir prisión menor en la Base de Ushuaia antes de ser dados de baja .Tiempo después se terminaba la reparación de la Cocina, transformada en una cocina moderna y bien equipada y junto con ello-toda una novedad.-se incorporaba un grupo de mujeres para atenderla, que le darian un toque diferente, hasta entonces monopolizado por los hombres. Pronto la huelga pasaría a ser un lejano recuerdo que mientras allí estuvimos no se volvió a repetir.

(*)Escuela de Mecanica de la Armada



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