Historia y Arqueología Marítima

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FALUCHO, EL PERRO MARINERO

Provista por:  Ricardo Cornejo  Fecha: 16-07-2007

 

Nadie supo de donde salio, perro de origen “perro”, se “aquerencio” en Dársena “F”, puerto de Buenos Aires, adoptado en los galpones eligió a su amo (o fue al revés, el fue el amo de su cuidador) el “negro Urbina”. Muchos le decían además de su nombre, “la sombra”, porque  donde estuviera el “negro” estaba el.

Los “ñame ñame” (se les decía asi a los que tenían acento guaraní) lo llamaban “poroucho”, porque “atendía” a todas las “damas caninas”, único perro macho en toda la dársena, con un sequito de entre cuatro y seis hembras. Perros bravos, esa jauría nunca dejo entrar otro de su especie, valga la redundancia, macho.

Durante la jornada laboral era un marítimo mas, recorría la dársena de punta a punta, cuando se amarraba alguna barcaza y se tiraba el cabo a mano (nada de cabo de bola ni nada que se le parezca)  muchísimas veces el cabo iba  al agua y ahí estaba Falucho para colaborar, se arrojaba al agua, mordía el cabo y nadando lo llevaba al bote de los amarradores, donde obviamente lo recogían también a el. En tierra, era el primero en agarrar los cabos o el cabo de bola. Sobre los buques, donde había perdida de gases ahí se quedaba Falucho, ladrando hasta que alguien se acercara. En tierra al medio día  se comía, y lógico en los galpones se hacían los asaditos, (bien regados?) no totalmente prohibida la bebida alcohólica (ja ja ja. Prohibida?) y ahí estaba de nuevo Falucho. A una orden de su compañero “el negro” salía como de paseo, caminaba aproximadamente dos cuadras y media cruzando una calle y “visitaba” al cantinero del Club de Pesca que estaba frente a las instalaciones de la Flota Fluvial, ahí bolsa de arpillera vieja que en algún momento contuvo papas, el cantinero le enviaba la consiguiente botella de vino (que era anotada en su libretita negra diaria) y que el fiel can llevaba a su patrón. Quien se atrevería a sacarle lo que llevaba en la boca? Los guardias miraban para otro lado, porque además ellos le debían “la gauchada”, ya que de noche “podían dormir tranquilos” porque Falucho siempre estaba atento. De hecho una noche capturo (capturaron) tres cacos que estaban llevando elementos de las barcazas, hasta los que intervinieron luego, de la PNA, querían condecorarlo.

 

Bueno, esta es una simple historia de un perro callejero, pero con un sentido y corazón humano y muy marinero  a quien los obreros y empleados a su muerte en homenaje le hicieron un monolito en recordación con su respectiva placa.

 

Ricardo Cornejo

 
 

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