Historia y Arqueología Marítima

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Anecdotas y Tradiciones Navales

Autor: Alfredo Cecchini

Indice  Anecdotas Marineras

STEADY AS SHE GOES.

 

Va de suyo que, a despecho de la frecuencia con que Arturo Perez Reverte asocia la navegación con los gestos heroicos , los marinos mercantes , como cualquier hijo de vecino ,vienen en todos los formatos .

Hoy me ocupo de un modelo singular con tanta vocación como escasa fortuna. Una vez establecido el rumbo de su vida , lo mantuvo sin cambios , atado al timón como un destino. Con buen humor y sin reproches , no le costaba tejer amistades duraderas.

Los inconvenientes , las desgracias le resbalaban ; él mantenía fe, esperanza, entusiasmo. Así fue que se alegró cuando su única hija le presentó al pretendiente . Y para el casamiento tiró la casa por la ventana , como suele decirse. Apenas dio un bandazo cuando la nena a los seis meses regresó a vivir con sus padres y tuvo que apresurarse a conseguirle un abogado para los trámites de divorcio.

El paso de los años, lo castigó feo. Luego de jubilarse una vieja dolencia empeoró. Sufría un problema circulatorio grave que por gangrena lo sometió a sucesivas amputaciones. En lugar de acomodarse a dormir en la planta baja, hizo instalar un sistema mecánico que le permitía subir obviando la escalera . Compró una silla rodante a batería para manejarse en las reuniones o festejos que organizaba con frecuencia y una a pulmón para usar en el primer piso. A las visitas no siempre les resultaba fácil superar la incomodidad de tratar con un moribundo tan lleno de entusiasmo.

Su señora , que algo lo conocía, no se sorprendió cuando supo de su última voluntad : SER INCINERADO Y QUE LAS CENIZAS SE ARROJARAN AL MAR .

Resignada a cumplir, colocó la urna en un bolso y tomó en Constitución el tren hacia la costa , considerando que el Mar Dulce no satisfacía el pedido dejado por su marido. Arribada a la Ciudad Feliz , un taxi la dejó en el puerto.

No le costó mucho contratar un lanchero que aceptó llevarla a cumplir su misión. Alejados unos 200 metros de la escollera el bailoteo de la lancha hizo su efecto sobre la pobre viuda; advertido de su malestar el hombre quiso parar , pero ella le rogó que siguieran un poco más. Finalmente cuando hicieron el giro para regresar , abrió la urna y esparció las cenizas .

Esta sufrida mujer tenía trato con mi señora y en ocasiones se desahogaba contando sus desventuras. La conocí cuando coincidimos en una sucursal del Banco Ciudad. Su rostro demacrado era el retrato fiel de su vida.

 

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