Historia y Arqueología Marítima

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Anecdotas y Tradiciones Navales

Autor: Alfredo Cecchini

Indice  Anecdotas Marineras

EL BARCO QUE SE HUNDE .

 

-Señor, -dijo el teniente irrumpiendo en el camarote del capitán-, el barco está hundiéndose.

-Está bien, señor Spocker –dijo el capitán- pero esa no es razón para que usted se presente a medio afeitar. Haga uso de su inteligencia por un momento, señor Spocker y usted verá que para una mente filosófica nada nuevo ha ocurrido Puede decirse que el barco, si es que está hundiéndose, estaba hundiéndose desde el momento en que fue botado. -Está hundiéndose a prisa –dijo el teniente primero, cuando volvió afeitado.
-¿A prisa, señor Spocker? –Preguntó el capitán-. Esa frase me extraña, porque pensándolo bien, el tiempo es relativo.

-Señor –dijo el teniente-, creo que no vale la pena embarcarnos en esta discusión, ya que estaremos en el fondo del mar dentro de diez minutos.  -Razonando de esa manera –dijo el capitán suavemente-, sería inútil iniciar cualquier investigación importante. Lo más probable es que muramos antes de haberle dado fin. Usted no ha considerado, señor Spocker, la situación del hombre –agregó sonriendo y moviendo la cabeza.

-Prefiero considerar la situación del barco –dijo el señor Spocker. -Como buen oficial –contestó el capitán, poniendo la mano sobre el hombro del teniente.

Desde la cubierta anunciaron que los marineros se habían metido en la bodega, donde ahora estaban emborrachándose. Marineros, esto es insensato –dijo el capitán- el buque está hundiéndose. En diez minutos ustedes me dirán: ¿y entonces que? Para una mente filosófica nada nuevo ha ocurrido. En el curso de nuestra vida se nos podría haber roto una arteria, o nos podría haber partido un rayo, no solo dentro de diez minutos sino dentro de diez segundos; eso no nos ha impedido almorzar ni depositar dinero en el banco. Les aseguro con la mano en el corazón que no acabo de entender vuestra actitud.

La tripulación ya estaba demasiada borracha para oír sus razones. -Se trata de una escena muy penosa, señor Spocker –dijo el capitán. -Sin embargo, para una mente filosófica –dijo el teniente podría decirse que empezaron a emborracharse desde el momento que se embarcaron.

-No sé si usted sigue mi razonamiento, señor Spocker-dijo el capitán suavemente-.Pero veamos. En la santabárbara dieron con un viejo lobo de mar que estaba fumando su pipa. -Dios mío –dijo el capitán- ¿Qué está haciendo? -Bien, señor –dijo el viejo marinero, como disculpándose-me dijeron que el barco está hundiéndose.

-Y aunque así fuera –dijo el capitán- para la mente filosófica nada nuevo ha ocurrido. La vida, viejo amigo, la vida desde cualquier momento, desde cualquier punto de vista, no es menos peligrosa que un barco que se hunde. Sin embargo la gente suele usar paraguas y zapatos de goma y emprende grande obras, y se conduce como si fuera inmortal. En cuanto a mí, desprecio al hombre que aún a bordo de un barco que se hunde, deja de tomar una píldora o darle cuerda a un reloj. Semejante conducta no sería humana.

-Disculpe, señor –dijo el señor Spocker-¿Pero que diferencia hay entre afeitarse en un barco que se hunde y fumar en la santabárbara? -O hacer algo en cualquier circunstancia –dijo el capitán-.Estoy convencido, convídeme con un cigarro.

Dos minutos después el barco estalló en una gloriosa explosión.

De Robert Louis Stevenson

 

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