Historia y Arqueología Marítima

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Anecdotas y Tradiciones Navales

LUCES Y REFUCILOS

Provista por J.C.Carrion, Agosto 2007.

El retorno es lento. Los dias transcurren cada vez más despacio y ni hablar  de las noches.

La guardia de 0 a 4 y de 16 a 20 es entretenida si el cielo esta despejado y hay cálculo. Entonces todo toma su tiempo, el programa, la observación, el cálculo y ese final a toda orquesta en que con la precisión de un cirujano dibujabamos esas rectas de estrellas.

Despues apareciá la velocidad y una ligera alegría arrancaba desde el Puente porque ya estábamos dentro de esa zona que nos aseguraba la entrada a Buenos Aires , sin fondear en Rada.

Las cosas han cambiado desde ese lejano 1968 en el “Campero”, ya no tenemos cincuenta buques de carga en una sola companía y el sextante languidece esperando el momento de partir para el museo.

Pero ese atardecer el cielo estaba cubierto y la noche se vino mas rápido, mañana le digo al Capi de cambiar la hora, y el pobre Victory sobrecargado transpira el cruce del Atlantico hacia el sur.

Una rueda de timón enorme, nada de automáticos entonces, y el gallego Piñeiro aferrado a las cabillas siguiendo el resplandor de los numeritos del repetidor de giro.

  De qué hablamos para matar ese tiempo inútil que no quiere acortarse?..

El flaco Galvan que es de Tucuman, el flaco es el reten y anda con la frente pegada a la ventana del Puente, después hay que limpiar la impresion frontal, el flaco sale con la historia de la luz mala.

Y el gallego cuenta algo del cerdo negro escondido entre los viejos horreos de piedra que sale en noches oscuras. Como esa.

Y yo sentado en el taburete fren­te a la otra ventana, con la vista en un horizonte cada vez más difuso desapareciendo entre el mar inmóvil y las nubes de plomo. Cuentos, todos cuentos, las luces malas del campo solo son el fósforo de osamentas sin enterrar y los cerdos, algún gaita que volvía entre las fincas de visitar a un pirdido amorciño. Y habla el estudio, las luces de San Telmo, la  electricidad estática. La leyenda y el racionalismo. La guardia se acaba, ya se escucha la campana en la Máquina.

El primer golpe de viento arranco' las lonas de la toldilla de estribor. Sonaron los estays y los obenques de la pluma real, en cada hendija apareció una flauta endemoniada que despertó a la tripulacion.

A las tres de la mañana ya estabamos en el Puente contemplando co­mo el barómetro iniciaba una caída majestuosa.

-Es el comienzo de un ciclon- le oí decir al Aldo D'Agostino, el capi. Y era cierto. Agosto y la zona de Cabo Verde. Un cachorro de huracán nacía justo sobre nosotros.

El mar no tenía tiempo de darse por enterado. El viento rugía desaforado pero cambiaba de dirección constantemente y en el mismo sentido. Sobre la cenefa destellos amarillentos iluminaban de tanto en tanto.

Algunos girones de nubes se arrastraban veloces y en la superficie del mar la espuma formaba tiras y tiras. El barómetro siguio bajando, se detuvo y con la misma velocidad empezó a subir. Los resplandores amari­llentos se hicieron mas seguidos. Un cielo encapotado no preveía el amanecer. Empezó a llover.

Entonces noté en uno de esos refucilos el rostro desencajado del flaco Galvan. Ya hacía como una hora, desde que empezó nuestra guardia, que estaba como aterrado, con los ojos muy abiertos.

   -Galvan, ¿le pasa algo?- me acerqué en la oscuridad.

  -La luz mala, segundo, la que usted dijo anoche, la del Telmo, ahi, ahi está, afuera.

  Desde la espalda hasta la nuca sentí como el paso de una corriente eléctrica, otros diran: que julepe.

-¿Que, que dice, Galvan? -Para hacer tiempo y recomponer la estabilidad.

-Ahí afuera, segundo, cada vez hay mas, es una luz amarilla que aparece sola y anda de un lado para otro, ustedes estuvieron todo el tiempo mirando la proa y no la vieron...

Y ahí la vi yo, un destello como de relámpago pero saliendo bajo, casi desde el trancanil, y otra vez pero mas lejos como queriendo encender y desapareciendo luego.

Cuando junté el coraje y la linterna grande, me acerqué despacio. A la pálida luz, nunca pilas frescas, apareció la boya luminosa de la guindola.

Alguien pintando el día anterior la dejó sobre la cubierta del aleron, a cada pequeño rolido rodaba un poco y encendía su lamparita. Sobre la cenefa solo el destello de una boya luminosa y no el refucilo de la luz mala.

No sé si el flaco Galvan sigue navegando...

 

 

 

Este sitio es publicado por Carlos Mey -  Martínez - Argentina

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