Historia y Arqueología Marítima

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LOS OTROS COCINEROS

"TIERRA DEL FUEGO II"

Provista por:  Juan Caros Carrion  Fecha: 30-06-2008

El viaje comenzó dando la razón al nombre del buque. En el puerto de Buenos Aires en una tórrida mañana de finales de diciembre del  78 y a poco de terminar la estadía, la humareda que salía de la bodega cuatro del “Tierra del Fuego II”  sospechaba de quemazón a lo grande.

El algodón chaqueño no había soportado tan bien el viaje húmedo en las barcazas fluviales y ya estaban todos con las mangueras y los matafuegos.

 Durante un mes entre la gente de abordo y algunos de la Empresa se estuvo tratando de que el interior volcánico de la bodega tres, con sacos de harina de carne, copartícipe en el siniestro se diese por vencida mientras se extraía y limpiaba la cuatro de los restos de fardos y algunas chapas de entrepuente.

 Salió el buque una mañana de febrero luego de las fiestas, el año nuevo y las vacaciones de otros, sobre todo de las Gerencias. Frias las estructuras, los planos volaron a Tokio y los de allá construyeron los entrepuentes retorcidos y las columnas mal entrazadas, mientras se recorría el habitual itinerario de Sudafrica,Singapur y  Hong Kong hasta Japón

Algo había cambiado.

Los tripulantes y las mujeres.

 De algún lado habían salido. Había Medica, una Pilotín Comisaria, la Esposa del 1er Oficial, la del tercero, la del segundo maquinista, la del Comisario, y el Capi no quiso saber si entre el resto del rol había alguna otra porque el viaje con reparación incluida iba a ser muy largo.

Los que creían pasar las fiestas en el mar optaron por tomarse sus vacaciones luego del largo mes y como siempre en esa época del verano la Oficina de personal no tuvo muchas opciones; futuros abogados y señora, relevo en puerto agarrado dormido pero con perro incluido y así hasta completar la dotación.

Y el que desataba el paquete en navegación.

El Capitán.

 De a poco la gente se vá conociendo en esas jornadas de salida pero.

No todos los dias el Capitán recibe en su Salón al Cocinero y menos si este dice ser ruso y descendiente de los Romanoff. Alto, tipo cosaco con alamares y una olla con humeante “goulash” pero no húngaro, como ofrenda para el Gran Jefe, es decir el Capi que no sabe si esconderse, probar de la olla para ver si está bien de papritka que el también sabe o desembarcarlo ahí mismo por tentativa de cohecho gastronomico.

Ese es el Cocinero. Y el Radio, eh, venido de una empresa desconocida, gran recitador de poesias propias sobre todo subidas de tono y dedicadas a la matrona médica. Y ese es el radio. Y en la redada portuaria cayó también el segundo Cocinero, famoso, en el barrio, por conocer por el olfato un Bourbon de un KentuCky y eso mientras saborea un Fundador. Y ese es el otro cocinero.

No sigamos.

La troupe de fin de año en un buque de ELMA.

 De un modo u otro el buque llega a reparar a Tokio. De a  poco los matrimonios y el resto se han ido acostumbrado a la convivencia de un viaje por mar. Pasaron algunos puertos y algunos dias. El monzón del mar de la china no apareció y el Capitán sigue agradeciendo por el buen tiempo y la buena convivencia al Gauchito Gil y a la Difunta Correa  aunque en esos mares mejor sería Buda y otros.

Pero el fuego que latente invadió los fardos en diciembre está haciendo estragos en algunos cerebros. Y un día del invierno nipòn la tragedia, mejor dicho el grotesco pirandelliano se acercó al camarote del Capitán en la forma de la Médica.

-Capitán , el cocinero ruso- aquí voz de falsete.-anda por los pasillos desnudo en calzoncillos- voz de vodevill- con un cuchillo en la mano persiguiendo arañas rosas...voz de Crónica TV y portazo de la puerta del salón del Capi luego de sus últimas instrucciones antes de buscar la reglamentaria.

- Usted es la Jefa de Sanidad. Hágase cargo. Plum!

 En Japón un tripulante no puede ser desembarcado por delirio tremens pero si por algo menor, así que el aristócrata de la cocina bien drogado y luego de no haber conseguido ensartar ni a una cucaracha despensera fué internado y nunca mas se supo.

Salió el “Tierra del Fuego” y antes de llegar a Kobe el ayudante de cocina se había despeñado por la escalera hacia la frigorífica mientras celebraba “in situ” su repentino ascenso.

Bien para la Médica, ya que tenía a quien atender en la enfermería y poder calmar su propio stress post atención de un paciente con delirio tremens.

Un aprendiz de máquinas se ofreció a  colaborar con el Cocinero restante, encumbrado ahora como Jefe y segundo y así pelando papas tomar un poco de fresco lejos de la cháchara familiar entre las esposas de maquinistas en la Consola adornada con mantelitos del Cabo.

 Pasaron Corea del Sur y un cachito, solo un cachito antes de Singapur el experto en Bourbon, Kentucky y ahora también Sake tuvo su gran ataque de cirrosis. Fondeados lo vimos partir en una lancha de la agencia con diagnostico de apendicitis porque en esa zona de la Sumatra no quieren desembarcos por uso indebido del Fundador. Y nunca mas se supo.

 El motín de la “Bounty” fué por la comida no?, la del “Caine” porque el Comandante racionaba el helado, la “Mary Celeste” no se sabe porque no había nadie pero si comida.

Y al Capitán del “Tierra del Fuego” no le alcanzaba el tiempo en puerto para conseguir que le enviaran a tiempo cocineros desde Puerto Nuevo y los ofrecidos en ese mercado oriental solo sabían de rodajas de boa  marinadas en salsa de soja.

Y a grandes males, grandes remedios.

 El equipo designado para mantener el orden gastronómico abordo y no llegar al motín estuvo formado por: dos marineros que se ofrecieron para organizar un surtido de “ sota, caballo y rey” hasta llegar a Durban doce dias después y solo hasta ahí. El primer oficial y señora, expertos en farinaceos varios que incluian pizzas y panes. El aprendiz de máquinas que todo este tiempo estuvo haciendo de peón de cocina y ya sabía de bifes a la plancha. La Médica como controladora de que nadie fuese envenenado, la Pilotin Comisaria en la parte administrativa y el Capitán como creador del Menú.

 La parte mas difícil fué sacarle al Comisario las llaves de la Despensa y Frigorífica, de los dedos agarrotados mientras exclamaba algó asi como:

-El racionamiento, me van a matar en Aprovisionamiento, los menues, el gramaje, el jamón crudo...

  De a poco el equipo comenzó a funcionar mientras el buque remontaba el norte de Sumatra y enfilaba para el lado de Madagascar en su búsqueda de Durban. El primer y segundo servicio fueron desordenados pero al pasar de las horas se fué notando un cambio sustancial en las mesas y en los humores de la gente. Platos no vistos abordo, las heladeras de las reposterías siempre llenas de fruta y fiambres y ya ninguna guardia tenía que embagayar alguna mortadela para ir tirando durante la noche y aparecieron los limones para el té en el Puente y la Consola y hasta un martes hubo tallarines amasados al huevo, obra maestra de la esposa del 1er. Oficial pero esta vez a costa de mas Valium para el Comisario que no entendía ese refrán gatronómico de “un tripulante un huevo” considerando la presencia de cuarenta almas famélicas que batían las mandíbulas a todo tren como esperando el día en que no quedase nada en la Despensa. Y un nuevo ataque de desesperación pensando en las paredes vacías de la frigorífica al llegar a Buenos Aires y de la gente de ahí mirando el vacío con expresión rutinaria sin entender ese balbuceo de:

-...el Capitán, me sacó las llaves, me usó el jamón crudo...hablaba de motines por el morfi...

Pero estos tíos eran duros de piel y sobrevivió hasta Durban donde aparecieron los del 71 de Caballería a salvarlo a él y a las planillas de racionamiento.

 Los cocineros enviados por personal embarcado estaban en el muelle, fueron de los primeros en entrar a la cocina con sus herramientas, cuchillos y chairas en sus bolsos de viaje, y al presentarse ante el capi se oyó un lejano trueno que se transformó en el aplauso de toda la tripulación.

 Y volvió todo a la mas absoluta tranquilidad, el marinero a la maniobra, los cocineros a cocinar, el Comisario a colgarse las llaves al cinto y cuidar su fortaleza como Barrabás, las esposas a sus tejidos y como dicen :cada mochuelo a su nido. Y a su debido tiempo y con suerte el “Tierra del Fuego II” llegó a Buenos Aires una tarde de junio.

ELMA se portó con los suplentes de cocinero y les reconoció un premio especial en dólares y además una nota en sus legajos por haber colaborado en salir de esa tan delicada situación.

 Tiempo después, mi tío, que fué uno de los partícipes de lo aquí relatado me contó que en realidad el aplauso de los tripulantes en  Durban fué para el equipo de Capitán,  primer oficial, esposa, médica y marineros para que no se fueran y siguieran cocinando, porque nunca, pero nunca, la habían pasado tan bien.

 

 

Este sitio es publicado por Carlos Mey -  Martínez - Argentina

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