Historia y Arqueología Marítima

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Historias de Barcos, el "Rio Colorado"

Provista por: Juan Carlos Carrion  Fecha: 28.10.2007

La terrorista

 Un viaje triste. Nunca un viaje en su comienzo es alegre, a pesar de expectativas de buen tiempo, poca duración o puertos caribeños.

Y menos si se sale antes de las fiestas.

Pero esa vez en el “Río Colorado” todas las cartas estaban en contra y no teníamos mas remedio que jugarlas.

 El “Río Colorado”, del tipo que llamábamos “jugoeslavos”, era un carguero con capacidad para carga general, frigorífica y hasta doce pasajeros con piscina incluida.

Lo que se dice un bote aunque en ese viaje no había Mediterráneo con escala en la Spezia con farinata en “Pía La Centenaria” ni Venezia con Campari y orquesta en el  “Florian”, sino esta vez la oscura Bremen y la nieve de diciembre.

 Al salir de Buenos Aires en una noche a finales del año de 1978 mi presentimiento era que alguno de los muchachos no había pagado en donde debía haberlo hecho y las consecuencias las íbamos a pagar todos.

 El pasaje, que empezamos a conocer en la cena y almuerzo ya que el Capitán y algunos oficiales comíamos con ellos, era digamos, muy variopinto.

 Un sueco y señora preocupados porque sus dos pequeños retoños no se tirasen de cabeza al mar a través de los escobenes de la cubierta de la piscina o se colgasen de alguna osta perdida de bodega cuatro en las cercanías y una familia argentina.

 Alguien de ELMA había tenido una idea (realmente la palabra no es esa) y le había ofrecido un viaje gratis ida y vuelta a un ex –Comisario de Policía, su esposa, su pequeño nieto y su nuera, reciente viuda cuyo marido, también policía, había muerto poco tiempo antes en un enfrentamiento de esos de esa época.

 Una pinturita.

No causa extrañeza entonces, decir que el clima en el salón comedor las noches de Nochebuena y año nuevo no fueron de lo más festivas. Y eso que algunos de los oficiales  estaban con sus esposas y que unos de los jóvenes solteros miraba a la viudita con ojos más que soñadores. Ojos preñados de horizonte que enseguida se componían al interceptar el suegro esa lánguida mirada que retornaba de los llorosos ojos de la joven. Y con rostros de ceño fruncido y pocas palabras fuimos recorriendo el Norte de Europa hasta llegar a Le Havre en el viaje de vuelta.

 Y apareció Marlene.

Marlene quizás no fuera una mujer fatal, pero con su larga boquilla, las piernas en exhibición cruzándolas y descruzándolas mas rápido de lo que la mirada podía advertir y sentada sobre un fardo en el medio del muelle junto a una “kombi” tipo casita rodante fue para muchos una aparición deslumbrante.

 Y hasta el de la mirada lánguida tuvo que aceptar, al verla de más cerca en el camarote del Capitán, que era una real hembra.

 Marlene le confió al Capitán que viajaba a Buenos Aires para hacer un viaje a la Patagonia, que la Kombi viajaba con ella y era su casa rodante con dormitorio incluido y que ese muchacho de tez cetrina, profundos ojos negros y bigote árabe  que habían entrevisto en el muelle NO viajaba con ella.

 Allí fue la Kombi a la bodega, Marlene a su camarote, el resto de la carga en el entrepuente y salimos para Lisboa.

 El Vizcaya siempre te dá sorpresas, como la vida, pero esa vez parecía nuestra  la mano ganadora y como decía Canzani :”teníamos regreso…”

 Hasta que Marlene irrumpió en el Puente para ver al Capitán con un telegrama en la mano que agitaba nerviosamente.

 -Hermana enferma, retorno inmediato a París desde Lisboa, Kombi según primer oficial no puede salir por tener toneladas en entrepuente, sigue viaje, Marlene volará a Buenos Aires cuando finalice trámites...El de la mirada lánguida sufrió una decepción tan grande como la Kombi y algún otro volvió a sus lecturas de García Marquez.

 Pero…

El suegro de la joven viuda, el ex -Comisario se plantó frente al Capitán y le endilgó un discurso similar a este:

-Capitán, usted es un irresponsable. Ese morocho que usted vió en el muelle acompañando a esa ( Marlene por supuesto) es un típico fedayin palestino y marroquí y apenas ella se desembarque y el buque salga de Lisboa apreta el botón (creo dijo rojo) del control remoto y volamos todos. No tiene que dejarse engañar, hay que revisar esa Kombi, desembarcarla, detener a la Marlene. Yo de esto entiendo mucho. Usted va a ser el responsable de muchas muertes…

 No hubo forma de convencerlo de que a la Kombi no se podía llegar por culpa de la carga, que lo del telegrama era cierto y  que no había razones valederas para que un morocho arabe de bigotes, quisiera volar al “Río Colorado”.

 Y Marlene desembarcó con su valijita, su boquilla y un halo de perfume francés que los de planchada recuerdan al día de hoy.

Y volvimos, algunos con el alma en un hilo, otros cruzando fieras miradas en el Comedor al irresponsable del  holocausto marítimo en ciernes.

Y llegamos, y en el muelle de la séptima sección de Dàrsena B., saludando con su breve mano enguantada estaba ella.

 Ella, mas radiante y luminosa en el verano criollo, con su tailleur Chanel, abrazada a un morocho argentino de bigote a lo malevo.

 Y la vimos partir por la calle empedrada del puerto, con su Kombi, su perfume y su nuevo guia.

 

 

 

Este sitio es publicado por Carlos Mey -  Martínez - Argentina

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