Historia y Arqueología Marítima

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EL "CORRIENTES"

La cicatriz

Provista por: Juan Carlos Carrion   Fecha: Mayo del 2008

             Es raro ver al abuelo Juan y a su nieto en la mesa del Café. El que pasa horas ahí es el viejo que siempre habla de que el paisaje portuario en esa vuelta del Riachuelo le recuerda los viejos tiempos.

Estaba allí, mirandose la mano izquiera surcada de manchas y trazos gruesos de venas de mas de cuarenta años cabos y calabrotes, de gazas y tensores, cuando por la vereda pasó el nieto mayor, ese que vá para sicologo.

            -Abu, vengase para casa que se nos viene encima el otoño…

Y el viejo café retumba con el vozarrón del grandote.

-Le pasa algo a la muñeca?

- No, Gastón, estaba mirando esta cicatriz en el costado y se me vinieron algunos recuerdos encima y todavía no me dejan volver..

-Y que fue eso Abu?, parece una marquita chiquita. No debió ser nada importante,no?

Y el viejo, poniendo su mejor cara de contador de cuentos como cuando los visitaba en casa de sus padres le fue diciendo:           

-Todo empezó con la picadura de un mosquito en Génova. Estaba soltero, así que seguro era el 55. Yo andaba de Pañolero en el “Corrientes”. En esa época estábamos una semana, así que había tiempo para limpiar, lavar, pintar y preparar al buque para los inmigrantes del viaje de vuelta y de algún modo uno o dos dias de franco teníamos.

Pero el pinchazo del mosquito se me infectó un poco y lo fui a ver al Médico argentino, el Dr. Benchimol que después terminó en el Policlinico de la calle Urquiza.           

-Que hacés pibe con ese granito, vení que te limpio un poco.

-Y me pasó no sé que desinfectante, así que me fui al camarote, en el pasillo de los nuestros porque en el otro estaban las camareras y el mujerío y ahí no entraban ni los mas machos..           

-Me parece que algo hice con ese granito porque al día siguiente ya tenía la mano hichada y un poco colorada. La metí en agua tibia con sal gruesa pero siguió igual.

Y  vino el tercero a decirme que teníamos un partido con el  “Andrea Doria”.

-Vos te imaginás Gastón , con la gente del “Andrea  Doria” que poco después se hundió frente a Nueva York y lo ví al  “Stokolm” que le pegó el tiro de gracia. Pero esa noche solo soñaba con el partido. El “Andrea Doria” contra el “Corrientes”, ni que  hablar de la Libertadores o la UEFA , esos eran partidos y solo por el honor. Y después unas birras y a visitar el “ZanziBar” con sus sicilianas cariñosas.           

Pero a la mañana la mano apareció mas hinchada y me tuve que poner un pañuelo al cuello para sostener el brazo y un guante de tela para  protegerme.

Y fuimos, no al encuentro del “Andrea” porque tuvo una maniobra de cambio de muelle a último momento, sino a jugar con la  tercera del “Sampdoria” que eso era lo que había conseguido el  tercero.           

-Y fui nomás, no me lo iba a perder. Y los tanos no podían creer que uno de los contrincantes tuviera eso en la mano. Y algunos me preguntaban si era ortopédica y si me caía venian como locos a levantarme.

 -Igual nos hicieron la boleta y eso que nuestra gente era buena y el negro Corso que era el segundo jugaba de back como loco. Y al terminar nos llevaron en un omnibus hasta la Piazza de Ferrari y nos largaron y se fueron silbando bajito y me encontré con el aprendiz , los dos solos en la triste vuelta a casa.

-Yo a la mano casi ni la sentía. Tenía un color medio morado que me subía por la  muñeca , y lo mejor que pensamos fue volver caminando para el buque, que como otras veces estaba en Ponte dei Mille en la Stazione  Marítima. Y la mejor forma de encarar el rumbo era por Vía di Pre, que ya conocíamos de memoria , a ella, a sus negocios, a sus farinatas y a sus mujeres. Sin contar uno que otro bagayero.            

-Y cruzando la Via della Fontana me tropecé con el primer bar. Así que para atemperar el regusto de la derrota futbolera ,junto con el  pibe le entramos a unos Proseccos bien fresquitos, luego, hacia el puerto, a dos o tres cuadras nos conmovió el espectaculo de unos garrafones Chianti ,por lo que hicimos una recalada forzosa y nos dimos con unos tintos bien del sur.

 El asunto fue un poco mas adelante donde me costó trabajo bajar unos escalones a un sótano que tenía un Samos ,dijeron griego, esperandome y que acompañamos con unos “tosti” magnificos, casi como los del "Gavioto". Y cuando salíamos del cuarto bar, luego de un encuentro cercano con unas copas de Moscato de algún pueblito de las “Cinque Terre”, nos avivamos que ya habíamos pasado la Piazza Commedia y estábamos casi al comienzo del muelle.           

-Todavía no se como llegamos a la enfermería. Posiblemente mi mano ya  con aspecto de berenjena rumbo al escabeche, se iba sola al sacrificio. Y cuando Benchimol me sacó el guante y vió lo que vió y  la enfermera tuvo el primer desmayo y enseguida el segundo cuando el bueno del doctor enarboló lo que supone era un bisturí, que para mí no tenía la mas mínima importancia mientras tarareaba a Renato Carozzone en alguna canzoneta…y mientras al aprendiz se le iban todos los  vestigios de Chianti, Samos, Prossecco y otras divinidades del amigo  Baco, yo sentía que una paz enorme invadía mi ser mientras de adentro del costado de la mano surgía algo sanguiñoliento e  indescriptible .           

-Tiempo después, mientras me recuperaba de la tremenda infección con la que casi pierdo la mano, Benchimol me decía:

-Sabés una cosa, Juan? no hizo falta anestesia. Vos ya viniste anestesiado!.           

-No te parece Gastón, que todo este recuerdo vale esa marquita en la mano? 
 

Este sitio es publicado por Carlos Mey -  Martínez - Argentina

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