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Historias de Barcos: el "RIO DESEADO"

Provista por: Juan Carlos Carrion   Fecha: 15.04.2008

Los ilegales legalizados

  El Capitán del “Río Deseado” seguía pensando en el viejo muelle del Elevador. Durante la maniobra de entrada a Tampa en La Florida norteamericana, el buque había pasado junto a las sombras oscuras y deshechas de lo que hacía 27 años fuera su primera maniobra como segundo oficial en ese puerto.

 El “Naviero”, todavía de FANU vivía la oscuridad de un viaje atípico.

 La salida de Buenos Aires  un día antes de la Navidad del 57, con un Capitán  de viudez  reciente, un primer oficial que esperaba un ascenso que nunca llegó, pasajeros enfrentados y él , recién ascendido a segundo pero listo a retrucar cualquier observación a su trabajo, no habian formado lo que se dice un equipo amigable.

 Pero esa tarde en el Elevador los de Tampa festejaban el día de “Gasparilla”, el pirata que con su celebración volvía otra vez a entrar  para asolar la ciudad. Y esa bengala que el tercero disparó como forma argentina de celebrar el ingreso de los bucaneros al canal y que casi incendia al falso galeon, lanchas adyacentes y a un country cercano.

 Y la imagen de la luz de la bengala  la trajo esa azul a destellos que avanzaba por el muelle acompañando a un cortejo de silenciosas figuras.

 Dos horas antes el “Río Deseado” de ELMA había atracado en ese muelle casi oscuro a medianoche. Solo una visita de circunstacias por parte de la Agencia y alguna autoridad somnolienta  molestada en su descanso de fin de semana por ese barquito sudamericano.

 Al rato varios tripulantes comenzaron a descender por la planchada rumbo a los telefonos del muelle. Ritual normal en la Línea que permitía una comunicación instantánea con la familia y sin tener que usar ni siquiera la moneda inicial que la máquina siempre devolvía en esas llamadas a pagar.

 El también había sido de los primeros pero ahora no podía conciliar el sueño y apoyado en la ventana de su camarote que daba a las bodegas de proa observaba el sucio muelle.

 Y una luz azul parpadeante fue avanzando lentamente, llevandolo al viejo elevador y el momento en que el  Capitán le gritaba eso tan feo al piromaníaco tercer oficial.

Pero pronto se olvidó del elevador, de su primer viaje de segundo y hasta de este, cuando notó que la luz azul pertenecía a un patrullero y que la comitiva que lo acompañaban tenía el aspecto de tripulantes luego de una mala noche en tierra.

  Ese mismo aspecto de tripulantes era lo que había confundido a los de Narcóticos que vigilaban al buque escondidos detrás de los galpones y cajones.

Esto fue lo que le dijo el Jefe del grupo al Capitán cuando ambos se encontraron.

Que cuando el buque provenía de un puerto tan conocido como Santa Marta en la caribeña Colombia, se lo controlaba sigilosamente para no despertar sospechas y poder detectar a traficantes o inmigrantes ilegales in-fraganti. Y que los que bajaron la planchada tenían el aspecto de tripulantes y que a las dos horas de espera y ver que volvieron menos que los que bajaron pensaron que algo no andaba bien en su plan A . Es entonces que en una redada portuaria o Plan B, localizaron a cinco individuos indocumentados que juraban ser ciudadanos del pais norteño en un español con fuerte acento caribeño. 

Y ahí comenzó el verdadero intringulis legal.

El Capitán negaba que esos individuos fuesen polizones transportados en ese viaje y que en cambio lo que tenían que hacer las autoridades locales era llevarlos lo mas lejos posible.

 El Jefe de la brigada alegaba que aunque no podía asegurar que fuesen realmente clandestinos recién desembarcados, uno de ellos estaba enfermo y a los otros no tenía a esas horas de la noche y por razones de jurisdicción, donde encerrarlos, y le pedía al Capitán que por lo menos hasta la mañana y  por razones humanitarias los alojase abordo.

 Y es así que luego de un tira afloja , entre español mal entendido e ingles menos hablado y con varios testigos el Capitán aceptó tener a esos individuos encerrados en la enfermeria de popa y hasta que el dia trajera desde la Policía, Inmigración hasta el Coast Guard.

Fue así nomás. Durante todo el día siguiente el Camarote del Capitán fue el escenario de la discusión mas bizantina de los últimos tiempos en tierras del Tío Sam. Por el lado criollo la posición era clara, esos individuos estaban abordo solo como acto humanitario y de buena voluntad hacia la autoridad local ya que aceptarlos como polizones significaba tenerlos dentro del buque varios años, y nunca habían estado; claro eh!

Por parte de Inmigración era que al no estar documentados y no saber quienes eran debían en principio quedar abordo y volver al puerto donde supuestamente habian embarcado; la blanca y cálida Santa Marta.

Para la CIA e Interpol la idea  era la misma pero no conseguian datos fiables de esos individuos. 

Mientras la discusión, cerradas las partes en sus posiciones, continuaba en términos ya de reclamos entre los propios yanquis que en su farfullar coloquial parece que le decian de todo al de narcóticos por su idea humanitaria, fué llegando el final de la descarga  y los remolcadores acercandose y el piloto subiendo por el costado y el encargado de la Agencia tomandose de la cabeza porque una demora en la salida iba a salir miles de dólares y eso en el Norte duele mucho mas que cinco individuos individualizables.

 Y media hora mas tarde el “Río Deseado” reiniciaba su viaje hacia Nueva Orleans, mientras un taxi contratado por la Agencia depositaba a esos cinco individuos en una calle alejada de Tampa bajo la sigilosa supervisión de la CIA, FBI, Inmigración , Coast Guard y otros, completando la mas bochornosa de sus operaciones.

 Un avispado pilotín, a poco de salir al mar abierto, le alcanzó al Capitán cinco documentos colombianos encontrados en un baño de popa.

 Solo la inmensidad del Pañol grande, el Golfo de México en esta oportunidad barquera, conoció la identidad de los indocumentados que como personas se perdieron entre las sombras del puerto, igual que el viejo elevador.

 

 

Este sitio es publicado por Carlos Mey -  Martínez - Argentina

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