Historia y Arqueología Marítima

 

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Anecdotas y Tradiciones Navales

El "Corrientes" - La Enfermera y el Marinero

Provista por J.C. Carrión, Septiembre del 2007

LEl “Corrientes” había sido en tiempos de la guerra lo que se conocía como “Portaaviones de apoyo”, su estructura de poca eslora no daba para más. Nacer, había nacido “Super Victory” y es allí donde ya travestido a su humilde origen lo recibe Dodero.

Armador Argentino luego de la guerra amplió rapidamente su flota con la incorporación de buques de carga general que a los Norteamericanos ya no les interesaban.

 Transformado en buque de pasajeros “de llamada” como eufemisticamente se designaba a los inmigrantes allá por los 50, terminó en la Línea al Mediterraneo.

Panzón, de varias cubiertas y casillaje pintados de blanco, con las bodegas convertidas en sollados y camarotes para cuatro o seis, disponía de pocos salones y en el Comedor se comía en varios turnos y de acuerdo al origen.

Los  libaneses no se juntaban con los gallegos y estos menos con los portugueses.

Lugar de reunión de los matrimonios ya que los hombres y las mujeres independiente de su condición civil dormían separados en esos oscuros sollados .

Y aquí nos encontramos, en Barcelona, esperando que junto con los pasajeros embarcasen los tripulantes extranjeros.

 Tanto los italianos como los portugueses y españoles y mas aún los libaneses al grupo argentino se incorporaban los llamados oficiales “gubernativos”. Había para cada nacionalidad, Comisarios, Médicos, Enfermeros y hasta personal de cocina.

 En la planchada de tripulantes, en realidad la verdadera del buque ya  que las demás eran grandes escaleras con pasamanos y enormes ruedas que al amparo de los galpones portuarios se usaban para el movimiento de los pasajeros y que en nuestro caso podía llegar a más del millar, nos encontrábamos nosotros.

 Dije nosotros porque en la planchada estaba la guardia . Marineros, dos, los mismos de navegación y yo, el joven oficial a cargo de semejante empresa. A mi lado el gordo empleado de la agencia que todos los viajes controlaba a cada uno de los gubernativos españoles como propiedad y los hacía pasar de a uno en fondo.

Y ahí apareció ella.

 Alta, de piel tostada por el Mediterraneo y con las agujas de los tacos repiqueteando en los adoquines del muelle, mientras con una sonrisa de gitana del Sacromonte revoleaba un bolsito marinero.

La enfermera española.

El “Tape” Ruiz pareció despertar de su habitual estado de abulia y sobre todo luego de escuchar la admonición del de la agencia a la gitana sonriente:

- Oye tú, esta es la última oportunidad de un embarque, como hagas el mismo papelón que en el otro buque no vuelves a pisar una cubierta…

 Y el “Tape” se enamoró instantaneamente y para toda la eternidad del viaje.

Olvidé decirles que el “Tape” era uno de los dos marineros timoneles de guardia. De contextura fornida, morocho del litoral, lucía el uniforme de los timoneles, de pantalón y chaqueta azules con el nombre del buque escrito en la espalda. El otro timonel, el vasco Peña en cambio era alto, medio rubio y siempre atento a lo que ocurría a su alrededor.

 Y ya estamos en la noche siguiente, luego de la salida del estrecho rumbo a Las Canarias, esa zona de vientos del nordeste, mar tranquilo y cielo oscuro. 

  La noche en el buque era, salvo algún entredicho entre los arabes y los portugueses por una casquivana viuda española, tranquila, calma y silenciosa. Todavía el aburrimiento, la soledad, el  hacinamiento no habían hecho mella en esos espíritus normalmente campesinos, acostumbrados a la resignación.

 Desde el Puente, en noche cerrada, se podía distinguir para el ojo acostumbrado de la guardia, es decir nosotros, todos los lugares de la cubierta de proa.

 A los costados,  hacia las bandas, los botes salvavidas de a dos uno encima de otro. En el medio algunos bancos, alguna caseta y en la proa la silueta del cabrestante y algún lugar donde los pasajeros se animaban a estar, subiendo por escaleras de  los pasillos inferiores.

 Y en una salida de esas escaleras, contra la barandilla de babor, una sombra mas entre la sombra nocturnal, el “Tape” Ruiz en tierno contacto sentimental con otra sombra que resultaba ser la enfermera española.

 De la abulia laboral del “Tape” se podía decir mucho pero de su velocidad para el romance barquero nada. Era rapidísimo.

Y habiendo solicitado un solidario permiso se había trasladado al lugar de la cita amorosa.

Sabía que Peña y yo estariamos con los prísmaticos contemplando su avance sentimental, como fantasmales voyeuristas, desde el alerón del Puente, pero calavera no chilla.

 Peña se dio cuenta.

-Tercero, hay cuatro tipos que me parecen árabes dando vueltas alrededor del negro, parecen peligrosos, que hacemos?

 Pensamos en avisarle, pero eso significaba un retroceso, quizás fatal, para el estado de la incipiente relación, así que en un momento de lucidez decidimos una medida drástica. 

  En el “Corrientes” y debido a la pequeñez original de sus Cámaras frigorificas y Despensas algunos productos se llevaban en pañoles o directamente como las papas y cebollas en una batayola en la Cubierta del Puente detrás de la chimenea.

Y una bolsa de papas, arrastrada por Peña nos sirvió como material para poder liberar al “Tape” del asedio árabe.

Volaron las papas y huyeron los infieles, pero aunque lograron reagruparse una lluvia de misiles los detuvo y golpeados se desbandaron por sobre los botes salvidas, sin saber bien que era lo que caía del negro cielo sin estrellas, sobre sus cabezas, y hasta alguno en la oscuridad de la cubierta se tragó un cáncamo y varios dias después todavía rondaba la enfermeria. 

Pero la argentina.

 

 

 

Este sitio es publicado por Carlos Mey -  Martínez - Argentina

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