Historia y Arqueología Marítima

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Anecdotas y Tradiciones Navales

EL PREDESTINADO

Provista por: Juan Carlos Carrión - Nov 2008.

    -No recuerdo su nombre. Solo quedó el apodo en la memoria barquera. Digamos Luis o Antonio y para mas datos el “pájarito”, pero en italiano.

 En realidad el nombre surgió de la costumbre del Gallego Caseiras para poner apodos.

 Caseiras era el Comisario. De larga tradición en los buques de pasajeros sobre todo de inmigrantes y aunque de sangre ibera su otra habilidad era el idioma italiano. Así que cuando subía la planchada del “Marinero” en la fría mañana de abril del 53 lo recibió con un cálido: -Que tal “uccellino”?

 No dice la historia si se conocían de antes, de la Escuelita de Dodero de donde salian los improvisados Radios y los improvisados Comisarios.

. Y Uccellino lo saludó a Caseiras y en el Comedor supimos que era el nuevo segundo Radio y que poco conocía de nuestra vida.

 En esos años la Empresa crecía vertiginosamente, nuevos tripulantes aparecían todos los días y muchos de ellos y hasta Capitanes no habían cruzado el Ecuador antes. Todo era nuevo y hasta los “Victory” que Dodero le compró a los Americanos  a pesar de sus ya casi diez años eran de lo mas reluciente de nuestra orgullosa flota mercante.

 Y con Uccellino , que quizás era Antonio o Luis, salimos de Bahía Blanca para Liverpool.

 Otro mundo. Un paisaje gris de hollín chorreando por las paredes de ladrillo. Calles pavimentadas de extraños nombres donde los ómnibus de dos pisos circulaban a contramano escupiendo su humo en nuestras caras asustadas.

 Algunos tripulantes ya tenian novia fija, empleada de tienda y habitué del Reece´s bailanta de empobrecidas viudas de guerra y ansiosas muchachas de torpe maquillaje. Otros esperaban encontrar a la novia del colega efectivo que cumpliría su papel de relevo hasta el próximo viaje.

Las estadías de casi un mes ayudaban a mantener estas relaciones y mas de uno terminó en Lanús con esposa inglesa.

 Pero para Uccellino todo era un despertar a otra vida. Los equipos de la Estación, el tamaño del buque, el bautizo al cruzar el Ecuador, el mar de Vizcaya y por fin el repentino aparecer de los Edificios de Pier Head con el Royal Liver y sus extraños bichos en la torre del Reloj.

  Poco después ya sabría Uccellino que ese Pier Head era el lugar donde confluian las líneas de omnibus que venian desde los Docks y que en esos tres círculos de estacionamiento las girlfriends se despedían o los despedían hasta la próxima jornada de baile y té con leche.

Los menos tímidos con el idioma, los mas desesperados o aquellos que habían pasado por la secundaria recurrian entonces al Adelphi Hotel  donde a esa hora de la noche todavía se podía conseguir un vaso de Scotch.

 Pero Uccellino era un predestinado y aunque renegaba de su apodo,  a pesar de su rostro afilado, sus ojos de gorrión y el mechón de pelo como empujado por el viento no estaba preparado para el destino británico.

 No eran las chicas su problema mayor, en realidad lo que que carcomía su mente día y noche era algo similar a la suma y resta de logaritmos: la moneda británica.

No hubo forma de que entendiese que la guinea era un chelín más que una libra pero que esta se formaba con veinte de aquellos y sin tener en cuenta que doce peniques hacian un chelín y que todavía en esa época había farthings, medias coronas y vaya a saber cuantas monedas mas de cobre que te dejaban la mano oscura y el bolsillo roto.

 Y caminando con Caseiras por Castle Street rumbo al Town Hall divisó el negocio que buscaba. No era ni Marks and Spencer ni Burton ni el querido Woolworth’s, este era un señorial edificio que le recordaba a Gath y Chaves y al pedido de su madre de vaya a saber que hilo de bordar.

 Amplios mostradores, empleadas de categoría que seguro no bailaban en el Reece’s después de su trabajo, sistemas de facturación y cobro neumáticos que en un instante y por metálicos tubos le llevaron la boleta y el billete de una Libra hacia misteriosos suburbios en el piso superior.

 Y aquí intervino el ya mentado destino y su desesperación al ver que el chelín de vuelto no aparecía y que la Libra alcanzada a la empleada de categoría, pero ahora no tanto, se había esfumado dentro de un cartucho neumático comenzó a los gritos reclamando por lo que creyó una aviesa maniobra británica.

 Y según contase mas tarde Caseiras entre intermitentes ataques de risa la única expresión que pudo articular fué:

- Un chelín, un chelín, un chelín!

 Y el : “un chelín” se hizo “uchelín” y de ahí a “uccellino” solo un paso de pájaro.

 Nunca mas volvió a ser ni Luis, ni Antonio ni otro nombre que haya tenido. Como muchos de los que hicieron los barcos en esa época pasó sin nombre, solo con un apodo.

 De todo hubo en nuestra Marina Mercante; gatos de boliche, pájaros locos, perros, caballos, y hasta monos, en una lista zoológica  criolla interminable, pero uccellino , lo que se dice un vero uccellino:   solo uno.

 

 

 

Este sitio es publicado por Carlos Mey -  Martínez - Argentina

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