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HISTORIAS DE BARCOS - EL "RESERO"

Provista por: Juan Carlos Carrion  Fecha: 01-12-2007

El Contrabando

 Prestiani era un buen tipo. De los Capitanes de la Costa del Brasil que de pronto se vieron envueltos en un movimiento desacostumbrado. Terminó la guerra y Dodero se llenaba de buques. Buques de ultramar en serio con turbinas y velocidades no imaginadas.

  Pero ese no era el caso del “Resero”. Liberty también recién incorporado era una mosca blanca entre sus congeneres Victorys y Supervictorys, y ni hablar de las construcciones de frigorificos de pasaje con nombres de Presidente.

 Al principio se había llamado “Lancero” pero ese nombre pasó a uno de sus hermanos mayores y desde el 48 arrastraba el nuevo.

 Con su máquina a vapor de triple expansión y sus dos calderas poco era lo que podía esperarse en sus viajes de ultramar y si pasaba de los ocho nudos todos abordo festejaban.

 En los últimos tiempos lo tenían un poco apartado y traquetando un  hacía la llamada línea a Brasil.

 Santos, Paranaguá, Angra dos Reis no eran un destino para despreciar, sobre todo porque a la hora de operar los dias se estiraban al compás de sus guinches a vapor y sus cinco bodegas de carga general.

Y ahora con Prestiani a la cabeza y con un completo de maiz pusimos proa al elevador de Santos.

 Vida tranquila, navegación de memoria para los dos jugoeslavos, el primero y el segundo.  Brajovich y Seguedin. Alguno, decían en la camareta, había sido Conde en su pais natal antes de la guerra y ahora solo nos extrañaban esos modales tan finos y caballerescos. El tercero y el pilotín en cambio venían de prosapia más criolla y habían pasado por la nuevita Escuela de Náutica de Retiro.

 Prestiani era regordete, de baja estatura y propenso a los consejos y a las charlas que le habían ganado el mote de “el maestro”. Bonachón al extremo dejaba de ser un típico Capitán de novela para convertirse en un ejemplar mas parecido al tío comprador que algunos hemos tenido.

  Y ni hablar de su rectitud y decencia.

Y menos de su incapacidad para prevenir el devenir de los turbios sucesos a la llegada a Buenos Aires.

 El maiz fue saliendo como pudo de las entrañas del buque y los días pasaron al estilo barquero de esa época. Playa de San Vicente por la mañana y tarde, caminata a la noche por las dos aceras de la “Rua Cámara” y destino final, si se esquivaba a la “Chave De Ouro” la playa otra vez, pero en la Avenida Atlantida y Ana Costa o Consellero Nebias. Cines, bares, el Hotel que luego fue sede del Santos y muchos otros lugares de la peculiar geografía portuaria brasilera nocturna.

 Se terminó el maiz.

 Y con las bodegas vacías y limpias a alguno de esos funcionarios tan relevantes de nuestras empresas, que estuvieron, están y volverán a estar, se le ocurrió que un carguero de chapa, sin ventilación y de poca velocidad lo mejor que podía cargar era un completo de cachos de banana.

 Lo mejor que nos podía pasar era tener viento de proa cosa de orientar los enormes ventiladores de bodega para que entrase el tibio aire subtropical y saliese por donde pudiese. Con un poco de suerte entre los cuarteles de la tapa y con los cañaros medio recogidos. Pero si el viento era de popa entonces hasta las arañas que venían con la carga salian desesperadas buscando un poco de fresco.

Y fue así nomás

  Lentamente, en un mar como un vasto cristal azogado como diría Darío, bamboleante, el “Resero” completaba su periplo.

 Alejado de la costa como para evitar problemas con el calado o por tener que trepar al Puente Alto donde algún genio había instalado el repetidor de giro y no tener que marcar, entramos a puerto una tarde de 1957.

 Sorpresa. En el muelle y esperando junto a los pocos familiares y recostados contra el típico colectivo azul: la Brigada de Fondeo!

 La cuadrilla de mameluco azul, linterna y llave inglesa adosada al costado, no era una fígura de la línea Brasil. Quien iba a traer nada como para fortalecer su magra paga de Empresa Estatal. Whisky no había, cigarrillos menos, algún corte de “veludo” para la novia o unos corpiños “De Millus”? Eso no era para la Brigada.

Los muchahchos de Coralo y Lugones estaban preparados para lidiar con los “chinitos” de la Mala Real Holandesa o doblefondos y cofferdams de “Super Victorys” volviendo de los Estados Unidos. Pero un Liberty desde Santos, una decepción.

 Pero ahí estaban y posiblemente o no tenían nada que hacer esa tarde o algun desprevenido había hecho una denuncia..

  Y Prestiani se sintió ofendido personalmente ya que consideraba que si el tenía una conducta ejemplar el resto de la tripulación debía hacer lo mismo, así que a los empujones y sin aceptar excusas llevó a los miembros de la Brigada a que comenzaran la requisa en su propio camarote.

 Y no hubo nada que hacer, casi perentoriamente los hizo entrar a su camarote que como el resto en el buque, permanecían siempre abiertos.

 Y lo primero que vieron los muchachos de azul fue varias docenas de medias de nylon para mujer sobre la cucheta y medio amontonadas en los cajones del escritorio.

 El golpe para Prestiani fue tremendo, no entendía que algún tripulante al ver a la brigada en el muelle y aprovechando la maniobra de atraque hubiese realizado otra no menos arriesgada de escabullir las medias en el lugar más seguro del buque: El camarote del Capitán.

 No hubo mucho más, alguna botella de cachaça sin declarar, algún corpiño entre los libros de Estefanía y el viejo creyendo que su honorabilidad había sido golpeada más fuerte que los golpes de mar en la Santa catalina.

 Se decomisaron las medias. Se fue la Brigada  y nos quedamos solos con las bananas.

 Porque con el calor de mas de siete días de verano dentro de las bodegas, no había otra manera de sacarlas sino era en forma de puré.

 

 

Este sitio es publicado por Carlos Mey -  Martínez - Argentina

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