Historia y Arqueología Marítima

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Anecdotas y Tradiciones Navales

De "Crónicas barqueras " Nº 28.- El Ser Nacional

Provista por: Juan Carlos Carrión   Fecha: Nov 2008

Cuando llegamos a Bremerhaven sospechamos que algo había quedado en nuestro suelo criollo.

No era el mate ni el dulce de leche que sí estaban en las valijas rumbo al Remis. Algo había quedado y hasta volver no supimos que era.

 ELMA construía seis buques en el AG Wesser y nosotros éramos una especie de avanzada en el misterioso mundo de un astillero alemán.

Construcciones hubo antes y después, pero nó en Alemania, aquí la entrega era a plazo fijo y el “Catamarca ” ya debía tener carga contratada para el viaje de vuelta.

 Bianchi el Capi y el Jefe de Máquinas ya estaban desde una quincena antes, y en ese fin de abril del 76 la primavera europea avanzaba sin saber de cambios climáticos.

Y el 1 de mayo, frente a la entrada al astillero, con la trompa pegada a la reja, con Pagani el 1er maquinista. nos enfrentamos a esa imagen  del casco recién pintado ya listo esperando el fin del alistamiento.

 Y el dos de mayo a la hora exacta-No se olviden que aquí los horarios se cumplen estrictamente-fué la advertencia del Capi-como dos reclutas nos encontramos cara a cara con el Ingeniero.

-Linterna, casco, overol, guantes, todo el equipo obligatorio en mano y listos para el trabajo.

 Y mas tarde y a la hora señalada, todo el mundo para el comedor, fila, bandeja, salchicha gigante, puré, lata de cerveza con ticket que el Capitán Franco que era el Delegado escondía en un cajón.

 Y esa misma tarde,  el Primer maquinista y el Primer Oficial ya estaban administrativamente ubicados en departamentos de estudiantes sin entender bien lo que decían sus encargadas que seguro hablaban algún dialecto germano medioeval y que del inglés creían que era una enfermedad contagiosa.

 Y a las cinco en punto saliendo cada uno del astillero para su alojamiento que el tranvía respeta los horarios.

Y a las ocho en el restaurante de la Kaiser Strasse que a las nueve cierra y una copa de vino cuesta tres marcos y así mucho no se puede ahorrar.

 Cruzando por la senda peatonal se escucha el campanilleo del semáforo para ciegos y es la hora en que  al tranvía lo reemplazan por ómnibus eléctricos que no hacen ruido y los vecinos pueden descansar hasta la jornada siguiente.

 Y a las siete y veintidós exactos en la parada de la placita mañanera el tranvía que me lleva al astillero hace su aparición a tiempo como cada uno de los dias anteriores y posteriores y la misma voz metálica avisa por los parlantes que la próxima parada es el AG Wesser y debiera decir :-Y ahí se termina de armar el “Catamarca” que ahora se llama “Catamarca II” gracias a la burocracia argentina y alguna de sus disposiciones de la época de la Colonia aún vigentes.

 Y en el Astillero otra vez con mameluco, casco y linterna prosigue la aventura de ver como durante la noche soldaron kilómetros de chapa e instalaron metros de mamparos y a las 12 exactas otra vez la bandeja, la salchicha ( ahora le decimos frankfuter ), el puré y la cerveza.(Una). Menos mal que le refalé unos tickets a Franco y esto sirve como para compensar el menú.

 Y a la hora exacta rumbo al tranvía por la senda peatonal y esperando ver algún cachito de basura en un rincón o una lata de birra bien aplastada. Pero nó, los de la basura pasaron hace un minuto exacto y lo mismo parece que sucede simultaneamente en el resto  de Bremerhaven.

Por suerte el sábado y el domingo podemos caminar por el parque junto a los venerables señores de traje, sobretodo y sombrero en plena primavera y distinguidas damas de cabellos plateados que nos miran de costado.

.En el parque compré un paquete de papas fritas y al querer tirar el bollito estrujado una de esas beneméritas damas me perforó con su mirada mientras balanceaba un elegante bastón de caña . así que me tuve que meter el paquetito en el bolsillo. Supuse que un papelito en el caminito de grava puede producir que se anticipe el Apocalipsis.

 Siguió la rutina, fueron casi dos meses de astillero, tranvía, restaurante, parque y departamento.

 Salimos para Montevideo.

Durante el viaje le expresé a Bianchi que notaba que algo nos seguía faltando, que no éramos los mismos de antes de Ezeiza, que notaba en la gente y en mí mismo como un desasosiego grande, un tormento del espíritu y que no se iba aún con la expectativa del retorno.

 Llegamos a Montevideo y lo primero que hicimos fué ir a caminar por la 18 de Julio con Luis el Comisario y  el Capi.

Y en el primer semáforo tuve la revelación.

 -¡Bianchi!-creo que grité- ¡ lo encontré, lo encontré! ¡nos quedamos parados en el semáforo en rojo!

-¿Y que hay de raro?

-¡Que somos los únicos. La gente pasa igual esquivando los coches! Lo que pasa es que nos agarró fiero el reflejo condicionado alemán y por eso estamos tan mal de espíritu!

 Y haciendo un esfuerzo cruzamos a contramano, nos mezclamos con los yoruguas que hacían lo mismo, tiramos papeles en la calle y nos subimos al primer ómnibus en movimiento.

 Y arriba del Leyland sucio, lleno de papelitos y boletos viejos, espiramos profundo como para salir del mal sueño.

Habíamos recuperado nuestro Ser nacional, rioplatense y criollo.

 

 

 

Este sitio es publicado por Carlos Mey -  Martínez - Argentina

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