Historia y Arqueología Marítima

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CRONICAS BARQUERAS Nº 37 (El "Mendoza")

Provista por: Juan Carlos Carrión , Abril del 2009

El gordo y el aire acondicionado.

 -Ya te lo dije antes, en los buques un apodo no era una ofensa. No tenías que salir corriendo a decir que te estaban discriminando por gordo o pelado, por flaco o pelirrojo. El apodo era una forma de establecer tu identidad paralela. Si tenías piel oscura y te decían negro, seguro era porque en la oscuridad se te veían solo los dientes y en New Orleans viajabas en la parte de atrás del bus.

Así que teníamos gordos, flacos, tapes, gallegos, y una humanidad mas extensa que la de Noé o la Torre de Babel.

-Hubo “buenos” y “malos”, “innombrables” o “yetas” pero fueron los menos, una especie de excepción a la regla.

-Conociste a Zalazar?, como no le iban a decir el gordo Zalazar. En la estación de Radio, esa que tenían los SD-14 cada vez que había un pesto en serio salía a cada rolido junto con la sillita de ruedas y los auriculares puestos y ojo que si te agarraba en el camino terminabas junto al matafuego del Puente. Y cuando fuimos al Mar Muerto en ese viaje a Haiffa nos metimos en el agua y todos flotábamos como patos y el gordo nó. Se daba vuelta. Con la panza para abajo como si tuviese lastre. Seguro un caso típico de estabilidad negativa humana.

-Así que lo dejamos en las piedras blancas de sal y seguimos sin chapotear que el agua parecía de ácido. Y te crees que alguien le dijo algo. Nó, por el contrario, todos consolandolo y diciendole que en Génova se iba a desquitar.

-Y sabés porqué me acordé del gordo ese y otros? Porque pensaba en estos barquitos modernos todo consola, gps, computadoras y mp3 sabés donde. Aire acondicionado para los equipos electrónicos!

-Tenés idea de lo que era trabajar en un “Victory” cuando vinieron a granel por los años 48?. Imaginate: camarote de oficiales para uno, ojo de buey, ventilador extractor en un cilindro de chapa que lo acomodabas en el hueco y tenías aire caliente de afuera o sacabas el aire caliente de adentro, piletita, cojín y catrera con cajones. Y los muchachos! Algunos hasta vivían en camarotes de seis cuchetas. Colgaban una toalla y listo; ahí estaba la intimidad. Y ni hablar de los “salones”, mesa larga, banqueta fija al piso cosa de que no se te volase en un rolido del Vizcaya y a darle al guiso cabayú. Como no había salones siempre con alguna madera de estiba tenías un “patio de la morocha” que la “Villa 31” es el Sheraton.

-Y ahí vivíamos y pasamos muchos años, y hasta algunos como el gordo Hugo y yó, mas de ocho. Me hacía los relevos así que siempre en un año estábamos dos viajes juntos. Y al “Mendoza” lo fuimos acomodando algo. Sobre el techo de los camarotes le hicimos un enjaretado de madera cosa que abajo y controlado cientificamente la temperatura bajó dos grados. De locos. Con suerte solo teníamos en el Ecuador y con viento de popa cerca de cuarenta y cinco grados. Y pusimos una mesa de ping pong para darle con el tano Guido o el loco Viscardi y hasta la piscina de cubierta con cuarteles viejos de bodega, trincas idem y algúna lona tipo chubasquero.

-Pero, a la tardecita cuando el oficial de guardia corría como loco en la cubierta del Puente persiguiendo a las estrellas que aparecían en el comienzo del crepúsculo y andaba con el sextante  a los gritos del “listo top” vieras lo que era un vermucito en los bancos de plaza debajo de los botes mirando como el horizonte se oscurecía de a poco y atrás tuyo sonaba la campanita de la cena. O en una esquina del casillaje poniendo un tablón de madera de estiba en ángulo entre las barandillas y lo forrabas en papel por si y una cervecita en vaso. Porque no te olvidés pibe que para nosotros tomar del pico de la botella era mala educación.

-Pero te esperaba el camarote y ojalá pudieras dormir. Y una tarde infernal, esas de solcito bien a plomo, sin viento, con un poco de hollín cayendo de la larga chimenea ya que los muchachos de abajo a pesar de los cincuenta grados promedio se estaban mandando una soplada de calderas, no encontré al gordo para el vermucito barquero y pensé que hacía rato que no lo veía.

-En cubierta no estaba, menos en el Puente, asado no había, la piscina de madera y lona se había desarmado por un golpe de mar así que pensé que solo un lugar quedaba: el camarote!

-A menos que uno hubiese sido fakir o le gustase el sauna el camarote era a esas horas de la tarde lo mas parecido a uno de esos círculos del maestro Dante, pero de ingreso voluntario.

-Y ahí estaba el gordo. Tendido panza arriba en la cucheta y gozando de su engendro acondicionado. Había instalado a la salida del cilindro del ventilador, que funcionaba a todo trapo metiendo el cálido aire salino, una toalla de las grandes formando un tubo textil colgado del techo con varias filásticas. En la parte superior de ese flácido tubo inflado ahora por el aire y bien diseminados en superficie cubitos de hielo seguramente retirados en forma furtiva y artera de la Repostería, que mojando toda la toalla permitía que el aire que entraba se enfriase lo suficiente como para llegar a destino: el corpachón del gordo.Y así, renovando esporádicamente los cubitos consumidos había pasado la siesta tropical.

 Aire acondicionado!

 -Nos habrá faltado lugar, comodidades, televisores, salones,y mucho más en los “Victory”; pero nunca imaginación.

 
 

Este sitio es publicado por Carlos Mey -  Martínez - Argentina

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