Historia y Arqueología Marítima

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Anecdotas y Tradiciones Navales

"B/M Corrientes"

Provista por: J.C. Carrion  Fecha: 15/06/2007

Si uno no se acuerda de lo que ha pasado, entonces no ha pasado nada
Paul Bowles

El «Corrientes» era un buque de pasaje. Ya en esta frase nos encontramos ante las primeras contradicciones de esa epoca. Las contradicciones: que aunque la forma y estructura lo de buque le venía un poco grande, lo segundo que habiendo nacido carguero o "portaaviones", estuviese ahora transportando miles, si, miles de inmigrantes.

En la epoca de esta historia, allá por el 55, el «Corrientes» hacia un recorrido al Mediterraneo para embarcar de vuelta lo que se conocia como pasaje. En Vigo y Barcelona entraban los gallegos llamados por sus parientes de por acá. En Lisboa aparecian lusitanos de cerca de la frontera apabullados por el mar y los pasillos, en Genova y Napoles ni hablar de los dialectos o las «sopresatas» guardadas entre las ropas por si faltaba comida y en algun turbio viaje se pasó por Beirut a embarcar libaneses para Brasil. Horror; hombres que se besaban en la boca. Los hombres a un sollado y las mujeres a otro y si los matrimonios se extrañaban mucho a retozar a la cubierta de proa en horas oscuras.

A poco de navegar y a pesar de los idiomas distintos los idilios iban fructificando entre los ejemplares abordo hasta que teníamos que intervenir con la manguera de incendio para calmar a los celosos y adulteros trenzados por una campesina del Fiume.

Así era el «Corrientes», que habiendo nacido buque de transporte para la segunda guerra y conocido en el barrio con el pomposo titulo de «Super Victory» ahora convertidas sus bodegas en enormes dormitorios comunes surcaba los mares con el orgullo de la bandera argentina a tope.

Fue por esos dias en que me enteré de parte de esa historia, del resto soy testigo.

Me contaba Caseiras, mas conocido como el «gallego», uno de los siete comisarios argentinos, que navegando frente a las costas de Africa al Norte de Dakar vieron una mancha en el mar. La historia dice que habiendo sondado con el equipo ecoico surgió la posibilidad de haber encontrado un banco de aproximadamente diez brazas de profundidad en un lugar donde las cartas marcaban mas de mil. Segun el relato el buque se detuvo, tiró la sonda «Thompson» y verificó que realmente alli existia esa profundidad.

Claro que no existian los modernos equipos para determinar con precision la posición por lo que se estimó el lugar como se pudo y se mandaron, con el orgullo del descubrimiento, las comunicaciones a las Oficinas Hidrograficas. Me parece que hasta apareció algo en un «Notice to Mariners».

Fue entonces parte de la navegacion por esa zona, cada vez que se iba o se volvia, sondar y localizar al esquivo banco.

El mas entusiasta era Danilo Forte, primer oficial que había participado del descubrimiento y que siempre nos recordaba la obligación de sondar, tanto que años despues siendo Capitan yo, lo pedía a mis oficiales.

Pero aquella tarde en el Puente del «Corrientes» yo solo era un humilde oficialito que reconocía no haber cumplido con la norma.
Mientras Forte me señalaba con grueso dedo indice mi manifiesta incapacidad entró el segundo oficial, el negro Corso y mirandolo a los ojos le espetó:
- Sondar?
-Para que? si los cornalitos ya se fueron..

 

 

 

Este sitio es publicado por Carlos Mey -  Martínez - Argentina

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