Historia y Arqueología Marítima

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Anecdotas y Tradiciones Navales

CARNAVAL EN RIO

Provista por J.C. Carrion - Agosto 2007

  Todo debe haber comenzado en el carnaval del 55. Fué cuando en Rio de Janeiro se cantaba : “e, vocé ahí, me dá un dinheiro ahí...” mientras desfilaban por la Getulio Vargas.

  El “Corrientes”, gallardo buque de pasajeros argentino lucía sus mejores galas atracado al “Pier” salida directa casi a la calle, cerca de los desfiles, escolas de samba y garotas de Cinelandia.

  Era la primera vez que una empresa argentina de turismo organizaba una excursión al carnaval maas famoso del mundo.

 “Trio” era el nombre de la empresa y a su dueño todos lo llamaban así, famoso porque después organizó otra excursión y esta vez a las Olímpiadas de Australia y llegó tarde.     Pero esa es otra historia.

 La cuestión es que ahí estamos, el pseudo buque de pasaje, mas bien de inmigrantes de “llamada”, nosotros los ciento cincuenta tripulantes de lujo y casi quinientos pasajeros que deslumbrados por la propaganda, las luces fuertes y la cachaça todavía no habian descubierto la precariedad de esos tugurios llamados camarotes , ni la falta de aire acondicionado, ni el pésimo servicio habitual en nosotros.

 Toda la semana de carnestolendas estuvimos,unos en su trabajo,otros en la farra como siempre, algunos desfilando con la orquesta de abordo, pero nadie como Marejadita.

  Marejadita era hijo del viejo Marejada, es decir un aprendiz marinero con genes salados. Pero además era un psicologo innato.

  Había descubierto que a pesar de la playa, de los bailes, de la incomodidad de los camarotes, de la falta de salones o piscinas, cada vez que sonaba la campana de la cocina, una muchedumbre ocupaba religiosamente su puesto en el comedor.

 El señor de pañuelo turístico al cuello, la señora de solero impecable, la niña de audaz pantaloncito. Todos y cada uno de ellos.

  Delante de la puerta del Comedor y justo al costado de la entrada desde la planchada al frente mismo se encontraba el Hall de la Comisaría. Y ahí Marejadita decidió representar su número en lo mejor de la cena.

   Se vistió de elegante sport, consiguió una valija de cuero y en su exterior escribió con letras bien grandes:”turista fracasado”.

 Se paró frente a la entrada y luego entre las mesas, mientras los referentes lo miraban azorados.

 Spósito era el primer oficial. Le decíamos “el gordo” solo por su tamaño no su caracter. Del primer amague de patadón, Marejadita desapareció en las profundidades del buque dejando en el camino valija y cartel.

 

  Solo tiempo después entendí que ese había sido el comienzo de la decadencia de la clase media argentina.

 

 

 

Este sitio es publicado por Carlos Mey -  Martínez - Argentina

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