Historia y Arqueología Marítima

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Indice  Anecdotas Marineras

Anecdotas y Tradiciones Navales

BAHIA AGUIRRE

Provista por: Juan C. Carrión  

 

Para ese momento del año 50 ya habíamos pasado la experiencia del Guardacostas “Pueyrredon”. En la Escuela se hablaba de que algún grupo de alumnos iba a embarcar una semana en la Fragata “Presidente Sarmiento” y eso significaba palear carbón y no salir de la rada como nos había pasado con el “Pueyrredón”, esperando un mensaje cifrado de la Base de la Plata y no entendiendo nada cuando el morse arrancaba.

 Pero esto iba camino de ser distinto, en realidad si el año anterior había sido el bautizo fluvial esta vez era en serio: el “Bahía Aguirre” de Transportes Navales nos iba a depositar, es un decir, en las mismísimas aguas del Océano.

 Nosotros , grupo de alumnos de segundo año Cubierta en la Escuela de Náutica, seleccionados vaya a saber como, nos apretujamos en el primer sollado que encontramos , sin saber si nos correspondía o no.

 Así que a la noche el pequeño contingente del sollado de la cubierta mas inferior , dormimos de a tramos, escuchando esos ruidos tan extraños de adentro de un buque: crujidos, maquinaria rechinante, golpeteos espasmódicos y ese tenue olor a gas oil caliente que lo impregnaba todo ,síntomas barqueros que fueron después creciendo en la profesión, que se nos hizo tan normal que hasta llegamos a ignorarlos.

 Al día siguiente vislumbramos como el Río de la Plata cambiaba de a poco a un marrón verdoso que  se hacía verde azulado. Por babor una costa baja con cerritos a lo lejos nos mostraba que dejábamos atrás Montevideo. Supimos luego que la idea era llegar hasta Cabo Santa María, fondear cerca del faro y volver. Todo un programa para los del sollado de más abajo y quizás para el resto de nuestros compañeros.

 Una gripe pertinaz me tenía a mal traer así que perdido el sentido del olfato me dediqué a la contemplación filosofíca del paisaje costero cuando la voz del Suboficial Sanchez me sacó de mi ensoñación:

-Cadete, a pintar la cubierta de maniobra de popa.

Y a los gritos nos conminó a mí, y a otros del grupo a participar de un trabajo de rutina. Pintar la cubierta de la maniobra de popa, lugar que recuerdo como techado o cubierto y con uno o dos guinches verticales y algunas bitas.

De compañero me trajo a varios de primer año y al Dionisio, mas conocido como el  Ruso Meirovich y que si lo encuentran por ahí les puede dar certificado “Veraz” de esta historia.

 Dado mi conocimiento familiar del rubro pinturas a la piroxilina, al poco tiempo un grupo de aguerridos trabajadores nos encontramos en la cubierta de maniobra bajo la dirección de Sanchez y a mí como ayudante jefe.

Desde ese lugar  y hacia el horizonte que dejaba atrás la nave se divisaba el lento fluir de un mar del fondo del este, que de a poco nos iba meciendo mas de la cuenta.

El Meiro, en ese momento ayudante del equipo masticaba vaya a saber que chicle mientras yo organizaba al resto del pelotón. La cubierta había sido picareteada y cepillada y estábamos en la segunda mano de antióxido.

De a poco el equipo comenzó a ralear  y mientras el rolido se hacía mas notable de a uno abandonaban a la “pata de cabra” y al rodillo y presurosos hacia la cubierta superior, mis dirigidos terminaban arqueados sobre la barandilla, despachando cena y almuerzos previos.

Pensé que podía ser el olor a thinner y que no notaba por mi catarro.

Lo cuestioné al “Ruso” y se encogió de hombros como diciendo que eso a él no lo preocupaba y siguió con el pincel en el trancanil y mascando su chicle.

Cuando el último de los mareados se fue y quedamos solos lo encaré.

-Meiro, nos quedamos sin gente, hasta el suboficial está arriba con un mareo padre. Me querés decir como hicimos para salvarnos?

- Fácil Juanca, desde que salimos mastico dientes de ajo que me dijo mi tía Berta es lo mejor para el mareo.

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Han pasado mas de cincuenta años de este mini-periplo a la costa uruguaya en el “Bahia Aguirre” pero nadie me saca la idea de que el rolido no tuvo nada que ver en esa epidemia de mareo colectivo y que la causa habría que buscarla en el aliento espantoso del Meiro, y  que gracias a mi gripe me mantuve inmunizado.

 

 

Este sitio es publicado por Carlos Mey -  Martínez - Argentina

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