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HISTORIAS DE BARCOS - NAVIERO

LA AUTORIDAD CONSTITUIDA

Provista por: Juan Carlos Carrion, 18/06/2007

 A finales del año 1987 en el Puerto de Buenos Aires se produjo una huelga importante de estibadores. Como medio de zafar el Estado usó los servicios de los colimbas del Ejército con el resultado esperado. Cajones rotos, cueros frescos echados a perder por mal salados en la estiba y así ad-nauseam.

Pero lo bueno fueron las estadías que se produjeron para los buques de FANU y  entre ellos el “Naviero”

Tanto tiempo y en una mala época para los embarques resultó en que salieran terceros oficiales que estudiaban abogacía y segundos ascendidos temerariamente y capitanes conflictivos por tener que pasar las fiestas abordo. 

El que no ha pasado esos días encerrado en los cuatro mamparos de una camareta y tratando de hacer como que no me importa no sabe lo que se perdió. Por suerte algunos nos conocíamos de la escuela y de otros viajes, pero la historia que sigue es solo una de las de ese viaje a Estados Unidos. Nunca podíamos haber intuido que desde Tampa pegaríamos la vuelta, no a casa sino a Santos para cargar para Filadelfia.

Lo que se dice una ganga de viaje. Salir en diciembre volver en mayo. 

Facoltini era el Capitán encontrado de apuro y que con un problema personal a cuestas muy pronto iba a tener encontronazos con alguno de nosotros.

Yo.

El cargo de segundo comprendía la corrección de cartas y publicaciones náuticas, así que nos pasamos el viaje hasta Tampico discutiendo si los faros en las cartas llevaban círculo de distancias de visibilidad, que si los bajo fondos, si pasar por el Estrecho de Mona o por Puerto Rico, y así hasta México. 

Como Facoltini se la veía venir antes de la entrada a puerto reunió a los oficiales y dirigiendose a mí que iba a tomar la guardia nos dio las instrucciones como para enfrentar el desafío de ese lugar tan desconocido. (En ese momento, porque con los años fue lugar obligado para los buques de ELMA en su Línea Golfo.) 

-Ya sabe segundo, aquí no quiero ni vendedores de chucherias, ni bagayeros y sobre todo nada de mujeres, me entendió?

-Sí,mi Capitán. (Haciendo símbólica y mental venia) 

Así que apenas instalada la escala real me apersoné al primer uniforme color arena dentro del cual se expandía un morochazo de bigote a lo mariachi, todo lleno de jinetas y con respetable 45 con cachas de marfil adosada al costado ya instalado en la entrada como cancerbero. 

-Mire Oficial, tengo orden del Capitán de que no suban mujeres…

Me miró de arriba abajo sin pestañear, con una mano se retorció la punta del bigote y con la otra acarició distraídamente la empuñadura de la Colt y me dijo:

-Mire Oficial, vaya y dígale a su Capitán que si aquí no suben mujeres puede haber represalias… 

No hubo necesidad de represalias. Facoltini conocía el idioma de la Policía Estatal Mexicana.  

 

Este sitio es publicado por Carlos Mey -  - Martínez - Argentina

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