Historia y Arqueología Marítima

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Anecdotas Militares Argentinas

Invasiones Inglesas - 1

Provistas por: Diego Marré . Publicadas en el Foro de Histarmar-2008

EL CABO GUANES Y EL VIRREY SOBREMONTE

Cuando la primera Invasión Inglesa realizada por las tropas del General Beresford el 25 de junio de 1806, el virrey Sobremonte huyó con el tesoro, obligando al pueblo de Buenos Aires a destituirlo y a nombrar un gobierno militar encabezado por el Capitán de Navío D. Santiago Liniers.

En momentos en que el inepto virrey abandonaba su capital al enemigo, vió que un cabo de la Compañía de Artillería traía desde Retiro en dirección al Puente Barracas, del cual ya estaba próximo, dos cañones de mediano calibre a los que hacía arrastrar por un par de yuntas de bueyes, con la intención de abrir el fuego sobre ios británicos.

—Vuélvase, paisano —díjole el virrey— y retire esos cañones que no hacen falta.  Indignado Guanes, que así se llamaba el cabo y que era natural de Buenos Aires, le respondió:
—Pues señor, si ya no se necesitan cuando está el enemigo al
frente, será porque estamos perdidos o porque Vuestra Excelencia nos había vendido a todos.
—Mátenlo —gritó fuera de sí Sobremonte ante tan audaz respuesta—. ¡Tírenle a ese atrevido
—Que lo hagan —contestó irguiéndose el criollo— prefiero morir este sitio, a que me maten los enemigos sin oponerles resistencia.
—Amárrenlo! —insistió furioso el español.
—Amárrenme, no importa —les dijo sonriente Guanes— todas las ligaduras no podrán quitarme la satisfacción de haber dicho lo que todos piensan, aunque no tengan como yo el valor de manifestarlo!

EL CORONEL KINGSTON Y LOS PATRICIOS

En la segunda invasión inglesa, al igual que en la anterior, el pueblo de Buenos Aires se defendió heroicamente desde las ventanas y azoteas de las casas, infligiendo serias bajas a los invasores que, después de luchar sin esperanzas, debieron parlamentar y embarcarse nuevamente en su flota, para regresar a la isla lejana con la convicción de que esa gran aldea colonial de calles polvorientas y veredas altas era inconquistable.
En esos días los hospitales estaban repletos de heridos de ambos bandos y el virrey Liniers los recorría preocupándose por igual del estado de sus hombres y de los ingleses.
En una de sus visitas, el Coronel Kingston, que se hallaba próximo a la muerte le preguntó haciendo un esfuerzo:
—General, ¿quiénes son unos soldados de porte altivo que visten de azul y blanco y ciñen al cuerpo airosa faja?
—Los patricios —le respondió con simpatía Liniers.
—Batiéndome con ellos fuí herido y me complace en reconocer que jamás un militar pundonoroso pudo hallar más dignos y valientes enemigos. ¿Seríais tan generoso caballero, que concedíerais un  preciado don a un enemigo desgraciado?
—Concedido coronel, si está en mis manos poder hacerlo.
—Pues bien; permitid que se me entierre en el cuartel de esos Patricios, moriré feliz sabiendo que voy a dormir mi último sueño bajo a protección de esos valientes.
Así fueron de hidalgos y valientes los adversarios de esa época. gloriosa época, en que si se hubiera hecho un verso por cada acto heroico, nuestra historia estaría escrita en estrofas.

 

 

Este sitio es publicado por Carlos Mey -  Martínez - Argentina

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