Historia y Arqueología Marítima

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Anecdotas Militares Argentinas

Guerras de la Independencia - 1

Provistas por: Diego Marré . Publicadas en el Foro de Histarmar-2008

LA FIRME RESOLUCION DE BELGRANO
Era ya de noche el 24 de mayo de 1810, cuando se tuvo le certeza de que habría de citarse un nuevo Cabildo popular, y la probabilidad de una nueva elección a la mañana siguiente, de acuerdo con ios derechos y deseos del pueblo. ¿Pero quiénes serían los candidatos de la nueva Junta? ¿Quiénes satisfarían las miras de aquellos patriotas generosos, empeñados en formar un gobierno responsable e ilustrado? Ninguno de los asociados se prestaba a ocupar puestos públicos. El desinterés de ios pudientes llevado hasta la prodigalidad de su fortuna en servicio de la noble causa, que habían abrazado desde el primer momento, se había convertido en una virtud común. Nadie ambicionaba otra cosa que el bien de la Patria.
Se confeccionaron varias listas, pero siempre quedaba incompleto
el número que se había previsto para integrar la junta.
En esos momentos cruciales, el Sargento Mayor de Patricios Don Manuel Belgrano, escuchaba la discusión en la sala contigua, y el golpeteo de su sable en el piso aumentaba en razón directa con la pérdida de su paciencia.
Observando la indecisión de sus concíudadanos púsose al fin de pie y con paso acelerado y con el rostro encendido por el fuego de su sangre guerrera, entró en la amplia habitación y, lanzando una mirada a su alrededor, exclamó al mismo tiempo que ponía la mano derecha sobre la cruz de su espada: a la Patria y a mis compañeros, que si a las tres de la tarde del día inmediato el virrey no ha sido derrocado, a fe de caballero, yo lo derribaré con sus armas!
Profunda impresión causó tan valiente, sincera y firme resolución en los circunstantes, que cerraron las vibrantes palabras del futuro creador de la bandera con un fervoroso aplauso.

 

“UN PUÑADO DE HOMBRES DESNATURALIZADOS”

De acuerdo con el Virrey Pezuela en efectuar una nueva invasión después de Sipe-Sipe, el General D. José de la Serna se trasladó a la vanguardia escoltado por el famoso batallón Gerona, con la triple intención de conferenciar con el General D. Antonio Olañeta, hacerse conocer por sus tropas y ponerse al tanto de las características y topografía del país en que había de combatir.
Una vez que hubo revistado la guarnición de Yaví se trasladó a Tanja con el objeto de sorprender a los patriotas que la ocupaban, al mando del Comandante D. Francisco Uriondo. Era éste un digno oficial, considerado como uno de los más valientes capitanes de Güemes y que habiendo militado en las filas de la revolución desde el primer momento, gozaba de un sólido prestigio ganado en los campos de batalla y como ayudante del General Rondeau.
No habiendo sido posible sorprenderlo en virtud de su rápida retirada, el General español, que marchaba con el Gerona y el Extremadura —cuerpos que habían adquirido su fama luchando y venciendo
. los ejércitos de Napoleón en Vitoria, en San Marcial, en el Paso de Bidasoa y en Toulouse (Francia)— se dirigió al Comandante Uriondo por su intermedio a Güemes, no pudiendo disimular el desprecio que le inspiraban esos gauchos rotosos y desarmados con que habían de medirse sus campeones:
“Cree Ud. por ventura que un puñado de hombres desnaturalizados y mantenidos con el robo, sin más orden, disciplina, ni instrución que la de unos bandidos, puede oponerse a unas tropas aguerridas
acostumbradas a vencer las primeras de Europa, y a las que se harían agravio comparándolas a esos que se llaman gauchos, incapaces de batirse con triplicada fuerza, como es la de su enemigo? - -
¡No sabía el general que a los argentinos nos gusta, por herencia, probar de lo mejor!

 

EL DOCTOR D. BERNARDO VELEZ SARSFIELD

Nació este eminente abogado, escritor, político y militar en Entre Ríos, en la estancia de la Estrella, de propiedad de la familia García
Zúñiga, a fines de 1784. Hizo sus primeros estudios en el Colegio de San Carlos y los continuó en la Real Universidad de San Felipe, en
Chile, donde obtuvo su toga en 1804.
Desde sus años mozos fué un liberal destacado y jamás dejó conspirar contra la dominación extranjera.
El 25 de mayo de 1810 tuvo su repercusión en Chile el 18 de setiembre y, de hecho, uno de los primeros propagandistas de las ideas
revolucionarias fué el doctor Vélez.
En esos días el señor Gregorio Gómez, encargado de la casa Lezica y Sáenz, que llevaba en apariencia la comisión de desembarcar mercaderías en Valparaíso, entregó comunicaciones de Beigrano y Castelli al doctor Juan Martínez de Rozas, que había sido su condiscípulo en ci Colegio de Córdoba y después uno de los primeros miembros de la Junta, como también a otros patriotas chilenos que las recibieron con desbordante entusiasmo.
En ese primer centro revolucionario se agruparon los argentinos Vera y Pintado, Arana, Cueto, Dorrego y Vélez Gutiérrez, que, siendo de los pocos que recibían noticias de Buenos Aires, transmitían al pueblo los progresos de la revolución.
En los días que precedieron al 18 de septiembre, los miembros de la Real Audiencia se reunían en agitadas deliberaciones cuyas decisiones eran de gran importancia para los patriotas. Alguien tenía que arriesgarse para estar al tanto de lo que ocurría en el seno de la Audiencia y el joven Vélez se prestó para ello.
El acceso a la casa era sumamente difícil, pues estaba totalmente rodeada de guardias, y el arrojado liberal debió recurrir a la ayuda de su suegro, D. Melchor Román, escribano de cámara de la representación del Rey. Este valiente caballero le facilitaba la entrada por la mañana temprano al recinto, donde se escondía debajo de la mesa que estaba cubierta con riquísimas telas de Damasco que llegaban hasta el suelo.

Más de una vez los oidores dieron muestras de desconfianza, llegando algunos a decir:
Aquí alguien nos traiciona, se sabe todo lo que hacemos! Y el esforzado joven contenía la respiración, sabiendo que el menor movimiento significaba ser sacado de allí para ser conducido en el acto a la horca.

BELGRANO Y DORREGO

Cuando el General San Martín fué nombrado Comandante en Jefe del Ejército del Norte, tomó una serie de medidas tendientes a mejorar el pie de instrucción de los cuerpos, robustecer la disciplina y dar a los comandos uniformidad hasta en las voces de mando.
Con tal motivo reunía a todos los jefes en su casa, contándose entre ellos al general Manuel Belgrano, quien, después de haberle hecho entrega del ejército, insistió en servir a sus órdenes como simple jefe de regimiento, dando un estupendo ejemplo de moral militar y de amor a la causa.

En una oportunidad el jefe del Cuerpo de Cazadores, Comandante Manuel Dorrego, intentó burlarse del famoso creador de la Bandera. San Martín, al notar la sonrisa y darse cuenta de la intención poco feliz de Dorrego, se indignó y empuñando un pesado candelabro que había sobre la mesa dió en ella un fuerte golpe, al mismo tiempo que decía a Dorrego con tono severo y en voz alta:
—Señor comandante, hemos venido aquí a uniformar las voces de rnando y no a reír!
Al día siguiente Dorrego era enviado a Santiago del Estero en calidad de confinado, como castigo de su ligereza.
Algún tiempo después, cuando el General Belgrano, enfermo ya, hizo escala en esa provincia durante su viaje hacia Buenos Aires, Dorrego tuvo un gesto que hace poco honor a su proverbial valor, pues envió a saludarlo a un loco muy conocido de la ciudad, vistiendo uniforme de Brigadier, creyendo cumplir una venganza con la que sólo consiguió manchar la gloria y los laureles que ganara en Nazareno.

BELGRANO Y SUS SOLDADOS

Después de la batalla de Vilcapugio, el 1 de octubre de 1813, en que el ejército patriota a las órdenes del General Manuel Beigrano fué derrotado por las fuerzas realistas mandadas por Pezuela, el insigne creador de la bandera, mirando con tristeza el campo cubierto de cadáveres, dijo estas palabras a los restos gloriosos de lo que fueran sus brillantes regimientos:
—Soldados: hemos perdido la batalla después de haber peleado tanto; la victoria nos ha traicionado pasándose a las filas enemigas en medio de nuestro triunfo! ¡No importa! ¡Aun flamea en nuestras manos la bandera de la Patria!
Iniciada la retirada tomó una serie de medidas tan acertadas que impidieron que prosperara la persecución realista.
El gladiador vencido, consciente de su deber, se colocó a retaguardia acompañado por dos ayudantes y un ordenanza, dió su caballo a un soldado herido y él se terció el fusil y se colocó la mochila.
Al anochecer, la tropa, cansada y con frío, ansiaba encender un cigarro pero como se había dado la orden de no hacerlo, por precaución, nadie osaba quebrantarla. Belgrano, captando el deseo de su hombres y deseando ahorrarles un sufrimiento más, les dijo sonriendo:
—Fumen muchachos, que si a la luz de los cigarros viene el enemigo, encontrará pitadores que le darán para tabaco.
Este oportuno chiste tuvo el efecto de la más vibrante arenga. Los golpes de los eslabones contra los pedernales, las chispas que salpicaron la obscuridad y el murmullo de satisfacción que recorrió las filas, dieron fe de que el buen humor y el espíritu no habían decaído, a pesar de la desgracia de la jornada.

 
 

 

 

Este sitio es publicado por Carlos Mey -  Martínez - Argentina

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